El fin del matrimonio

EL HOGAR CRISTIANO: UNA GUÍA PARA LA FELICIDAD EN EL HOGAR
Celestino Strub, O.F.M. Al final del artículo tienen el índice de la obra

El fin del matrimonio

Traducido por Augusto Pozuelos

Objetivo final del matrimonio

La religión es necesaria para el cumplimiento del fin primario del matrimonio y de la familia, la propagación de la raza humana y también es necesaria para el cumplimiento del fin último de la familia, la educación de los niños para el Cielo.

Por encima de todo, está el alma del niño por la que los padres tendrán que rendir cuentas estrictas en el día del juicio; por tanto, es la formación religiosa y moral de sus hijos, lo que constituye su deber primordial hacia su prole.

Cuando los padres católicos se presenten ante el Juez Divino, no se les preguntará si hicieron todo lo posible para permitir que sus hijos prosperaran en este mundo; o para que consiguieran los laureles de los honores, o para que cosecharan como fruto riquezas y bebieran del vino de los placeres sensuales. No, la pregunta que tendrán que responder es si cumplieron con su deber de ayudar a sus hijos no solo a salvar sus almas inmortales, sino también el de cooperar a que alcanzaran el grado de santidad al que Dios los destinó y aceptar ese estado de vida en el que Dios deseaba que le sirvieran.

Antes del despertar de la razón

Para cumplir este sagrado deber, los padres deben fomentar la religión en su hogar. Si la religión se va a sembrar en el corazón del niño, tan profundamente que desafíe todos los intentos de arrancarla que el mundo, la carne y el demonio, harán posteriormente, no servirá retardar la educación religiosa del niño hasta que comience la escuela. Su educación religiosa debe comenzar no sólo en el primer despertar de la razón, sino mucho antes de que éste, en la tierna infancia, para que se desarrolle una mente verdaderamente religiosa y se convierta en una verdadera segunda naturaleza.

Se deduce necesariamente, entonces, que la religión debe ejercer una influencia dominante en el lugar donde transcurren los primeros años del niño, es decir, en el hogar. La religión debe rodear al niño tan ceñidamente como su ropa infantil. El niño debe beber religión en el seno de su madre. Debe ser arrullado y dormir con la melodía de la religión, y sus primeros acentos sonoros deben tener un carácter religioso. Sólo si la religión gobierna el hogar, el niño tendrá la impresión correcta desde el principio de que la religión es lo más importante en la vida.

Si hay poca o ninguna religión en el hogar, el niño, naturalmente, será llevado a suponer que la riqueza y la posición, el conocimiento secular y académico, o incluso las comodidades y los placeres mundanos son las cosas que más valen la pena, y la religión, en lugar de ser la fuerza vital de su vida, será simplemente una concesión cortés que el hombre siente que ocasionalmente debe hacer a Dios, su Creador; y de ahí que, como una insignia o su mejor vestimenta, se exhiba sólo en la iglesia y en ocasiones especiales.

La religión un alimento espiritual

Pocos padres que envían a sus hijos a una escuela católica negarán la necesidad de la religión en la escuela. Saben que incluso si una escuela no fuera completamente sectaria y no se opusiera de ninguna manera a la religión, la mera ausencia de religión en sí misma sería un gran mal; si la educación significa la formación e instrucción de un niño para el desempeño de sus deberes de la vida, debe abarcar la formación e instrucción religiosa, ya que la práctica de la religión es el primer y más importante deber de la vida.

Ahora, lo que es cierto de la ausencia de religión en la escuela, es igualmente cierto de su ausencia en el hogar. Las gracias sobrenaturales que recibió el niño en el bautismo, la gracia santificante y las virtudes infundidas de la fe, la esperanza y la caridad, esperan alimento y calor para florecer y dar fruto; negarle al niño el alimento religioso y la atmósfera que anhela es evitar, si no frustrar, su crecimiento espiritual. Decir que no se hace daño al niño, siempre y cuando no se le enseñe nada negativo o irreligioso, es tan falso como decir que no le hará daño a un niño privarlo de alimentos siempre que no se le dé veneno. Sin embargo, a pesar de la gran necesidad de la religión en el hogar para moldear adecuadamente la mente y el corazón del niño, ¡con qué frecuencia la pequeña alma hambrienta del niño está prácticamente desprovista de alimento espiritual hasta que no comienza a asistir a una escuela católica! ¡Con qué frecuencia también se enseñan cosas que son positivamente malas, ya sea de palabra o de ejemplo! ¡ Con qué frecuencia las cosas se dicen, se hacen o se permiten en presencia de los niños y se justifican o excusan con la observación de que “no saben lo que significa” o “no les hará ningún daño”!

Puede hacerles un daño incalculable. Es precisamente de esta semilla sembrada en la memoria e imaginación del niño inocente, de la que más tarde brotará el mal; y, luego los padres “asombrados”, se preguntarán de dónde lo aprendió el niño. Los niños pequeños son los seres más impresionables del mundo, y las impresiones que reciben son las que se graban más profundamente y dejarán sus huellas durante toda la vida.

EL HOGAR CRISTIANO: UNA GUÍA PARA LA FELICIDAD EN EL HOGAR
Celestino Strub, O.F.M

Índice:

Introducción

Capítulo I (entrega I)

Familia numerosa. El orgullo de los padres

Nuestra recomendación: Consejos para matrimonios y familias católicas


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