Confiar en Dios: Fe como la de un niño

Cecilia nos habla de la situación de Bolivia y de cómo los católicos tenemos que afrontar el caos político, la receta es: confiar en Dios, ¿Se animan a la fórmula de la confianza ciega?

“Confiar en Dios: Fe como la de un niño”, Cecilia González

Hace un mes aún estábamos en paro pacífico acá en Bolivia. Un par de días antes de cumplir años, el fraudulento narcotraficante renunció y huyó como el cobarde que es. La gente salió a celebrar muy pronto y antes que pudiéramos entenderlo, las noches de terror iniciaron.

El mismo día que el cobarde se marchó, sus secuaces tenían preparado una sorpresa del terror para La Paz inicialmente y luego para la ciudad de El Alto. La primera noche, incendiaron más de 60 autobuses del sistema municipal de transporte, destrozaron varios locales que habían a su paso, incendiaron un par de casas marcadas de lo que ellos consideran “enemigos”, apedrearon cuantas casas pudieron y todo acompañado de explosiones de dinamita. La lluvia calmó un poco a las hordas. El día siguiente, la violencia aumentó en la otra ciudad también. Fue una semana intensa, que se calmó un poco en la ciudad cuando el ejército salió. Sin toque de queda, sin estado de excepción. El enemigo lo tenemos dentro y no duda en atacar, destruir lo que a otros nos cuesta.

El resto del país fue apaciguándose, pero nos quedaban un par de focos de conflicto. Uno hizo estallar una parte del gasoducto que distribuye gas a 4 ciudades. Claro, ellos tomaron la previsión y cerraron la llave previamente. Pero un grupo, engañados por sus mismos dirigentes, tenía la intención de tomar violentamente una planta de hidrocarburos. Toda una ciudad hubiera volado, afectando a La Paz también.

Lamentablemente hubo muertes. Sin embargo, estas apuntan a indicar que fueron sus mismos “dirigentes” los que los llevaron al matadero. ¿Aún hay gente a la que le sorprende que los “líderes” de ideologías no maten a su propia gente? Si estas muertes te podrían apoyar la mentira que se maneja, aún hoy, con mucha vehemencia desde Argentina, México e incluso España (claro la fraternidad izquierdista es unida para mentir). Hasta tenemos un grupo auto-denominado de derechos humanos, a la cabeza de un vago socialista que está presentando informes salidos de sus podridas cabezas. Estos reportan necrofilia y no sé cuanta cochinada más.

La situación ha calmado bastante, sin embargo el país sigue en una encrucijada.

Sabido es que la democracia del siglo 21 no trae más que más miseria y la sed de someternos a todos bajo un régimen globalista. Solo queda seguir orando, haciendo penitencia y ser pacientes.

De hecho, esa prueba de aceptar la Voluntad de Dios es quizás la lección siempre más dura que nos toca aprender a aceptar. En medio de los días de conflicto, donde hubo muchas lágrimas y noches sin dormir, hubo un episodio en específico que me ayudó a enfocarme en Dios. A recordar que Él es la fuente de toda esperanza.

Esos días no podía ni trabajar fácilmente y menos tomar un libro. Mi cabeza divagaba entre las noticias que sucedían cada media hora y no siempre alentadoras. La oración, si bien se intensificó esos días con mi mamá, era uno de los pocos consuelos de mi alma.

Una tarde en medio de este enredo de noticias, angustia, comentarios con amigos… los hijos de los vecinos salieron a jugar a la calle. Al poco tiempo se empezó a escuchar sus risas y gritos.

En medio de ese juego, las sirenas de las ambulancias y patrullas no cesaban. Lo mismo sucedió al día siguiente. Incluso en pleno vuelo de helicópteros de guerra, los niños seguían su juego y alaridos.

Esto me hizo frenar todo lo que cargaba en la cabeza. “… En verdad os digo, si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos…” (Mt. 18, 3). Estos niños jugaban sin preocupaciones, o al menos no las que me estaban quemando la cabeza. Y es que ellos confiaban plenamente en sus papás. Hubo escasez de combustible y alimentos, pero ni esto los tuvo al margen de sus juegos, de corretear y poder reir.

¿Y por qué yo entonces me dejé atrapar por la angustia y la tristeza?

El resto de días tuve que recordarme de esas risas y de que como santa Teresita de Lisieux, yo también tengo que aprender a confiar como una niña en Dios Padre en las pruebas y sobre todo aprender a orar por la conversión de todos aquellos que nos hicieron daño esos días.

Pareciera que lo peor ha pasado. Esto es solo una pausa hasta que se desarrollen las nuevas elecciones. El líder cívico que alzó la voz y dio los plazos al cobarde que se escapó, no parece Católico y ahora anda con el sueño de ser presidente. En medio del caos, me llegó un audio de él dando “instrucciones” para mantener el ayuno y oración como le indicaron los “pastores”. La parte final es peor, pues mencionaba que al final de todo el cerco y demás, la shofar sería escuchada.

¿Ven el problema al que nos podemos meter? Los pocos católicos que se pusieron a orar esos días ¿siguen haciéndolo? ¿O ya retomaron la pereza cotidiana? Sin andar lejos, ya se hablan de candidatos y en las redes sociales ya apareció que el “aborto” debe ser parte de la agenda a considerar en “salud pública”.

No puedo apartar mi pensamiento, que ante toda esta marea de relativismo, ideologías y podredumbre con la mano masona por detrás, hay algun alma que agrada a Dios en mi país. La cuesta que toca recorrer ahora es para arriba, pues no solo tenemos un gran déficit económico, una ignorancia muy metida en la gente que se dejó engañar con mentiras desastrosas y ahora los progresistas que por votos, prometerán más “derechos” lgbtqp y también de los sexuales.

Lo cierto, es que a medida que voy apaciguando mi alma en los brazos de María Santísima, he tenido el gusto de ser instrumento para guiar a una persona que estuvo a punto de levantar las manos con la vida (incluso) y empezar a guiarla al Rosario. Dios triunfará en ese corazón y será realmente otro razón para alabarlo, pues solo Él es tan paciente como para llamarnos más de una vez y lograr que abramos nuestros ojos. Como los niños que jugaron en toda su inocencia, así todo este episodio me ha recordado y calado hondo la primera regla del combate espiritual: Confiar en Dios y nada más.

Sea bendito y alabado Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Cecilia González

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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.