Una educación que inspire a buscar el rostro de Dios

Paciencia, dedicación y cuidado son los aspectos que todo maestro católico necesita para acercar e inspirar a sus alumnos a buscar el rostro de Dios.

Los jóvenes necesitan una educación que los inspire a buscar el rostro de Dios, por Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Todo el mundo dice que “la educación es la clave del futuro”, la solución a nuestros problemas, la única manera en formar el destino de la nación. Sin embargo, ¿quién está puesto al tanto de lo que es realmente la educación?

Para los burócratas gubernamentales es casi siempre una palabra de moda que significa: gastar un mogollón de dinero en profesionales egoístas que tienen intereses creados. Esto a pesar de que las encuestas muestran que los estudiantes están siendo cada vez más estúpidos, ya que no tienen alfabetización cultural ni capacidad de razonamiento. De hecho, hasta carecen de una escritura a mano legible, no tienen una correcta ortografía y su gramática es rudimentaria. Y eso que ni siquiera se está observando la rampante inmoralidad que esta siendo empujada por los “educadores” y por los legisladores, quienes, evidentemente, desean que la sociedad esté llena de hordas de hombres y mujeres que sean esclavos de sus pasiones.

 Educación, del latín ex-ducere, significa “guiar hacia”, de modo que la pregunta lógica es: ¿guiar hacia dónde? Desde la ignorancia, del error, y del pecado hacia el conocimiento, verdad y santidad. Esto reflejaría el viaje de Israel, guiado desde la esclavitud en Egipto a la libertad en Canaan. La verdadera educación presupone la revelación cristiana de la situación del hombre caído y la sabiduría de arriba que puede curarle y elevarle. De hecho, esto es el significado más básico de la época de Adviento, con el cual la Iglesia Católica, en sus ritos occidentales, comienza el año litúrgico: una y otra vez comenzamos de nuevo, a partir del anhelo centenario de la redención de la cautividad que es también nuestro anhelo.

“Sabemos, en efecto, que ahora la creación entera gime a una, y a una está en dolores de parto”, dice San Pablo, “Y no tan sólo ella, sino que asimismo nosotros, los que tenemos las primicias del Espíritu, también gemimos en nuestro interior, aguardando la filiación, la redención de nuestro cuerpo”.

(Romanos 8, 22-23)

Ciertamente que no existe un profesor meramente humano, a pesar de ser inteligente o bien intencionado, que esté por completo libre de ignorancia, error y pecado. Pero algunos pecados son cualitativamente peores que otros; algunos errores son más masivos y perniciosos que otros; y algunos tipos de ignorancia son lejos más terribles que otros. Los profesores no tienen por qué ser ya perfectos para ser guías efectivos de la Eterna y Encarnada Sabiduría que se encuentra más allá de nosotros. Mientras ellos conduzcan hacia la libertad que nos libera, mientras ellos insinúen la belleza de la santidad, mientras ellos sean ejemplo del hambre y de la sed de la realidad, sus alumnos serán bendecidos; estos alumnos captarán un vistazo de lo que significa estar completamente vivo en Cristo.

El 15 de diciembre de 2011, el Papa Benedicto XVI dio una homilía a los estudiantes universitarios de Roma en el servicio de Vísperas en el cual, hablando de Santiago 5, 7 (“Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Parusía del Señor.”) como su punto de partida, habló de:

“la actitud interior para prepararnos a escuchar y a dar la bienvenida de nuevo a la proclamación del nacimiento del Redentor en la Gruta de Belén, un inefable misterio de luz, amor y gracia”.

Como profesor me ha sorprendido cuanta paciencia, dedicación y cuidado se requiere tanto del profesorado como de los alumnos, a fin de desarrollar la actitud interna de receptividad para la asombrosa verdad de que la Palabra Eterna del Padre, la Divina Sabiduría en el cual, y por el cual todas las cosas existen, se ha hecho hombre para que podamos llegar a ser como Dios (“divinizados”) a través de Su gracia. Esta es la verdad suprema de nuestra salvación, el mensaje central de la religión cristiana. Cada Adviento nos recuerda nuestra necesidad de ayuda eterna, no solamente de otras personas, sino más fundamentalmente de otra fuente que no sea la humanidad caída o cualquier cosa del orden natural. Cada Navidad nos recuerda la inefable bondad de Dios hacia nosotros, no por nuestros méritos, sino por nuestra necesidad. Es una verdad que cualquiera, no importa cuán simple, pobre o iletrado sea, puede oír, creer, darle la bienvenida y alegrarse.

¡Ah! Y esto es también una verdad que el mundo, la carne y el demonio odian escuchar y luchan incesantemente por suprimir con una variedad de herramientas: programas de gobierno progresivo, adoctrinamiento secularista obligatorio, humillaciones públicas, desprecio profesional, refutaciones sofísticas, alternativas engañosas, amenazas violentas, y el antiguo y simple silencio. Por eso es que cada época ha necesitado y siempre necesitará católicos educados como profesores, predicadores, apologistas, escritores, testigos, guías y líderes. No habrá formación de tales católicos sin la misma clase de labor paciente y resistente que caracteriza al labrador al que se hace mención en la Epístola de Santiago.

San Agustín, uno de los más grandes predicadores y maestros de todos los tiempos captó muy claramente que, para conseguir incluso un básico entendimiento de los misterios de la divina revelación, uno debe consagrarse a sí mismo a una serie de disciplinas con constancia, energía y concentración. El trabajo es tanto gratificante como cansador para nuestra naturaleza humana. A menudo no vemos lo que está por delante, de dónde hemos venido o cómo vamos a tener éxito. El Papa Benedicto dijo a los estudiantes universitarios en la antes citada homilía:

“La exhortación del Apóstol a la paciente constancia, que en nuestro tiempo podría dejar un poco perplejos, es en realidad el camino para acoger en profundidad la cuestión de Dios, el sentido que tiene en la vida y en la historia, porque precisamente revela su Rostro en la paciencia, en la fidelidad y en la constancia de la búsqueda de Dios, de la apertura a él. No tenemos necesidad de un dios genérico, indefinido, sino del Dios vivo y verdadero, que abra el horizonte del futuro del hombre a una perspectiva de esperanza firme y segura, una esperanza rica de eternidad y que permita afrontar con valor el presente en todos sus aspectos”.

Seguramente, esto es lo nuestra época necesita: la revelación del rostro de Dios, para que podamos tener esperanza. El mundo, tan amado por Dios y sin embargo, tan opuesto a Él, no obtendrá lo que necesita sin los hombres y mujeres que hayan sido formados como buscadores de Dios, amantes de Su rostro, que vivan con Su vida, encendidos con Sus promesas y, al mismo tiempo, equipados para: “estad siempre prontos a dar respuesta a todo el que os pidiere razón de la esperanza en que vivís, pero con mansedumbre y reserva”. (1 Pedro 3, 15-16)

Las palabras de nuestro Santo Padre son vitales para tenerlas en cuenta a medida que avanzamos con la “labranza” de nuestra vida intelectual, donde los resultados no son instantáneos y donde la tecnología no puede substituir el carácter y la sabiduría:

 “La paciencia es la virtud de aquellos que confían en esta esperanza en la historia, que no se dejan vencer por la tentación de poner toda la esperanza en lo inmediato, en perspectivas puramente horizontales, en proyectos técnicamente perfectos, pero alejados de la realidad más profunda, la que da la dignidad más alta a la persona humana: la dimensión trascendente, ser criatura a imagen y semejanza de Dios, llevar en el corazón el deseo de elevarse a él.”

El propósito de la educación liberal no es formar seres perfectos en el modelo de seres casi perfectos, sino iniciar el tiempo de vida del aprendizaje con el único verdadero Maestro, Jesucristo, liberando a la mente de las ruinas de una civilización colapsada y liberando el corazón de los irritantes grilletes del deseo confinado y egocéntrico. A los estudiantes que reciben tal educación se les concede la oportunidad de encontrar la libertad espiritual que es más preciosa que todas las riquezas del este mundo.

Hoy son las escuelas católicas más nuevas, generalmente más pequeñas e independientes, ya sea las escuelas primarias, secundarias o universidades, tal como Thomas Aquinas College y el Wyoming Catholic College, las que ofrecen a sus alumnos un medio ambiente católico que conduce a la oración y al discernimiento, con un curriculum valioso y dedicados profesores, con la oportunidad de amistades honorables y una inspiración para buscar aquellas verdades últimas acerca de Dios, del hombre y del mundo sin las cuales perecemos en la miseria del nuestro mundo de comodidades materiales y en nuestra desesperación existencial.

Cuando Natanael formula su escéptica pregunta: “¿Puede algo bueno venir de Nazareth?” (Juan 1, 46) Felipe en respuesta no comienza un argumento, sino que hace una invitación, incluso hasta un desfío: “Ven, y ve.” Sí, ven y ve lo que estas escuelas están haciendo por los niños, por los adolescentes, por los adultos jóvenes, por los futuros esposos, sacerdotes, religiosos. Ellas están atendiendo a la llamada representada por el tiempo de Adviento: practicar la paciencia, la fidelidad, el firme cultivo de los corazones y de las mentes para el bien de las almas y para la gloria de Dios.

Peter Kwasniewski

*Nota de edición: La fotografía pertenece al artículo original publicado por lifesitenews. MarchandoReligion declina toda responsabilidad

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés: https://www.lifesitenews.com/blogs/young-people-need-an-education-that-inspires-them-to-seek-gods-face

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/