“Alégrate llena de Gracia”. Inmaculada Concepción de María

El curso de la historia cambió en ese momento en el que el ángel dijo: “alégrate llena de Gracia! Les invitamos a seguirnos en nuestra sección espiritual

“Alégrate llena de Gracia”. Inmaculada Concepción de María” Rev. D. Vicente Ramón Escandell

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

Inmaculada Concepción de María

1. Relato Evangélico (Lc 1, 26-38)

En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

2. Comentario al Evangelio

Existen en la historia humana momentos claves, que marcan el porvenir de las generaciones para bien o para mal. En la Historia de la Salvación hay dos momentos decisivos, que giran en torno a una mujer: el primero de ellos es el Pecado de Adán y Eva en el Paraíso, donde, por su orgullo y debilidad, introdujeron en el mundo el pecado y la muerte; el segundo la Anunciación, en el cual, María, descendiente de Adán y Eva, con su “sí” a Dios, abrió las puertas a la gracia al concebir en su seno al Salvador. Para dar ese “sí” al plan salvífico de Dios, María fue preservada del Pecado Original que, como hija de Adán, habría poseído desde su concepción; este privilegio le fue concedido no de modo aislado al resto del linaje humano, sino como parte del mismo, pero de un modo anticipado: antes de que Cristo consumase su redención en la Cruz, esta le fue aplicada a María antes de ser concebida, antes mismo de que concibiera a Cristo y de que muriera en la Cruz para destruir el pecado y la muerte. Por esta singular gracia, con toda razón y derecho llamó el Ángel Gabriel a María “llena de gracia”, porque esta estaba ya presente en plenitud en el alma de la Santísima Virgen María, antes que en cualquier otra criatura redimida por Cristo. De esta manera, en previsión de su Maternidad divina, María fue la primera de todas las criaturas en gozar de los beneficios de la redención de Cristo, no hallándose en su alma mancha de pecado alguno, ni antes ni después de concebir en su seno a Cristo Redentor.

3. Reflexión

La Virgen encontró gracia delante de Dios, adornando su propia alma con el brillo de la pureza, preparó al Señor una habitación agradable. Y no sólo conservó inviolable la virginidad, sino que también custodio su conciencia inmaculada, escribe el autor eclesiástico Griego[1].

Es común opinión entre los Santos Padres que María participó de un modo eximio en la redención obrada por su Hijo Jesucristo, no siendo una mera espectadora del drama de la Redención. Desde la eternidad Dios fijo su mirada en María como la compañera perfecta para su Hijo en la misión redentora que habría de llevar en la tierra, en la cual ejercería la función de Madre, Discípula y Mediadora, participando en esta última tarea de la única mediación de su Hijo. De esta manera, llegada la plenitud de los tiempos, María fue preparada para ejercer esa triple misión adornada con una serie de gracias que, poseídas por nuestros primeros padres en el Paraíso, le fueron dadas a ella como como anuncio de la restauración que Cristo habría de hacer de la naturaleza humana herida por el Pecado Original. En la Anunciación María, cuya libertad estuvo iluminada por la plenitud de gracia que poseía, dio su “sí” al plan divino, a cuyo servicio entrego toda su existencia, sin dudas ni oposiciones de ningún tipo, entregándose a él de un modo casi martirial, pues, no fue ajena a los desprecios, persecuciones y humillaciones a los que fue sometido el fruto de sus entrañas. De esta manera, como Madre y Discípula, María participo en la obra redentora de Cristo, alcanzando el premio de sus sufrimientos con su asunción a los cielos, culmen del misterio de María en la Redención, y feliz anuncio de la resurrección final de los hijos de Dios. Pero esta participación no termina con su exaltación en la gloria del Cielo, sino que se prolonga en nuestro aquí y ahora, pues, como madre nuestra que es, continúa intercediendo por nosotros ante su Hijo, al cual precederá en su Segunda Venida, como precedió y espero en la primera.

3. Testimonio de los Doctores de la Iglesia

San Bernardo de Claraval (1090-1153)

“El que no piensa en la majestad con temor ni medita en la caridad con amor, se vuelve enojoso a los hombres y a Dios.”

Sermón II sobre el Adviento

4. Oración

Señor Dios nuestro, que te fijaste en María, hija de Adán, para ser templo santo e inmaculado para tu Hijo, escucha las suplicas que Ella te dirige por nosotros; que por su intercesión alcancemos el perdón de nuestros pecados y podamos presentarnos inmaculados ante el trono de tu gloria. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amen.


[1]Catena Aurea

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

Nuestro artículo recomendado: “Adviento” en nuestra sección de Espiritualidad


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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna