Si la liturgia no es sagrada, se convierte en un Judas

Cuando la liturgia pierde el sentido del misterio; cuando en ella las formas externas e internas no se cuidan con la debida veneración y la liturgia no es sagrada se convierte en una traición para la Presencia Real de Cristo en el Sacramento del Altar.

Si la liturgia no es sagrada, se convierte en un Judas para la Presencia Real, por Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

En mi último artículo, hablé de cómo tenemos el derecho y la obligación de buscar el culto a Dios más digno, y que buscarlo en alguna otra parroquia que no sea la local no es una forma de “shopping parroquial” o “un saltarse la parroquia”, sino que es el resultado de un legítimo deseo de darle al Señor la gloria debida a Su nombre y de obtener para nuestras almas el sustento que ellas necesitan.

Sin embargo, siempre saldrá un contra argumento, rápido y furioso: “Jesús está verdaderamente presente en la Eucaristía, no importa cuán mala pueda ser la liturgia mientras sean válidas las palabras de la consagración. ¿Estás buscando algo más o mejor que Jesús? No lo encontrarás. Eso es todo lo que importa.”

Es absolutamente cierto que el Señor estará presente bajo las formas de pan y de vino todas las veces que las palabras de la consagración sean pronunciadas por un sacerdote válidamente ordenado que tenga la intención de hacer el sacramento. Pero esta objeción olvida algo muy importante. Nuestro Señor, por medio de Su Iglesia, nos ha dado la liturgia para nuestro beneficio, para nuestro crecimiento en la santidad, no para Él, (Él es ya es infinitamente bueno y no puede ser perfeccionado por nada que nosotros hagamos) y Él se hace presente en medio nuestro con el fin de lograr esta transformación en nosotros que somos viajeros, ya que esto en los ciudadanos de la Jerusalén celestial ya está realizado. La forma externa de la liturgia en todos sus detalles debe preparar a las almas de los fieles para la obra del Espíritu Santo y debe permanecer siempre transparente para este trabajo de salvación. Si no podemos soportar más allá de los primeros compases de la música de la guitarra o de los saludos tipo Hallmark sin un gemido de cansancio o una rápida subida de la ira, ¿cuán bien dispuestos posiblemente podemos estar de recibir al Señor cuando venga? Es un ascetismo completamente falso pretender que uno se anime y soporte todo esto, incluyendo la distorsión o la degradación de la ¡debida adoración a Dios!

La Iglesia tiene el deber de llevar a las almas a la perfección, y no colocar obstáculos a esto.

Sus sacerdotes tienen sorprendentes poderes, pero el infligir daño a sus propios rebaños no se cuenta entre ellos. Una parroquia no sirve a un gran llamado penitencial castigando a sus miembros con una combinación de mal gusto e ignorando las rúbricas. Por mucho que Dios se halle presente en todas partes, incluyendo las guaridas de los leones de Babilonia, no estamos obligados a arrojarnos a ellos cada uno y todos los domingos. (Si con esta alusión alguien se pierde, puede ser porque el nuevo leccionario ha excluido la historia de Daniel en la guarida de los leones [Daniel 14, 27-42] Se lee cada año en el usus antiquior el Jueves de la Semana de Pasión, donde por más de un milenio ha sido leído como una parábola de la condenación del Cristo inocente, su abandono a los poderes de la muerte y su Resurrección y triunfo sobre sus enemigos)

En 1988 hablando a los obispos de Chile, el cardenal Joseph Ratzinger señaló estas palabras las que no han perdido su relevancia:

“Debemos recuperar la dimensión de lo sagrado en la Liturgia. La liturgia no es festival, no es una reunión placentera. No tiene importancia, ni de lejos, que el párroco consiga llevar a cabo ideas sugestivas o elucubraciones imaginativas. La liturgia es el hacerse presente del Dios tres veces santo entre nosotros, es la zarza ardiente, y es la alianza de Dios con el hombre en Jesucristo, el muerto y resucitado. La grandeza de la liturgia no se funda en que ofrezca  un entretenimiento interesante, sino en  que llega  a tocarnos el Totalmente­ – Otro, a  quien  no podríamos hacer venir. Viene porque quiere. Dicho de otro modo, lo esencial en la liturgia es el misterio, que se realiza en el rito común de la Iglesia; todo lo demás la rebaja. Los hombres lo   experimentan   vivamente,   y   se   sienten   engañados,  cuando   el   misterio   se   convierte   en diversión, cuando el actor principal en la Liturgia ya no es el Dios vivo, sino el sacerdote o el animador litúrgico”.

Alocución a los obispos de Chile, 13 de julio de 1988

Así que no te desanimes con el argumento de que “la Eucaristía es, después de todo, la Eucaristía”. Para decirlo sin rodeos, si tienes el saludable propósito de enmendar, deja tu deficiente parroquia por el bien de una mejor. Por una buena razón es que en la historia de la Iglesia nunca ha habido una liturgia que dure cinco minutos y que abarque la consagración y la distribución de las hostias. Si fuéramos intelectos incorpóreos capaces de fijar nuestra atención inmediata e inamoviblemente en solo una cosa, entonces nada más sino la Presencia Real marcaría la diferencia y podríamos instituir la antes mencionada liturgia de cinco minutos, o para el caso, la liturgia de cincuenta y cinco minutos de poliester, melodías y psicología pop, porque de todos modos no habría ninguna diferencia, de todas maneras, aún “obtendrías a Jesús.”

Sin embargo, el Señor que instituyó el Santo Sacrificio de la Misa – el Señor que conoce todo lo que hay en el corazón del hombre (Juan 2, 24-25), sus necesidades espirituales y sus anhelos y limitaciones – quiere proveer de alimento a todos los hombres en todos y cada uno de los niveles de su ser, a los sentidos y al intelecto, a la mente y al corazón. Él dice: “De todo corazón he deseado comer esta pascua con vosotros” (Lucas 22, 15).

Él ha inspirado el mismo santo deseo dentro de nosotros: nosotros también ansiamos compartir los misterios sagrados con Él. La liturgia está destinada a nutrirnos de una manera holística y comprehensiva, y en la medida en que este propósito es impedido o se le socava, se traiciona a sí misma y se convierte en un Judas para la Presencia Real.

Peter Kwasniewski

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés aquí: https://www.lifesitenews.com/blogs/when-liturgy-is-not-sacred-it-becomes-a-judas-to-the-real-presence

Si te perdiste la primera parte de este artículo puedes leerlo en el siguiente enlace:


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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/