¿Las puertas del infierno no prevalecerán contra mí?

Nuestro compañero Miguel Serafín ahonda en un tema que nos toca de lleno, la Iglesia militante y lo que podemos y debemos hacer en nuestro paso por este mundo

“¿ Las puertas del infierno no prevalecerán contra mí?”, Miguel Serafín

¿Estoy seguro de que Las Puertas del infierno no prevalecerán contra mí?

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mt 16, 18).

Esta frase de Nuestro Señor Jesucristo es citada en muchas ocasiones cuando queremos dar seguridad y tranquilidad a alguien que pueda estar perturbado por la situación que está pasando la Iglesia de Cristo. La frase está provista de toda certeza y verdad, pero como siempre, muchas cosas deben ser explicadas para entender lo que realmente quiere decir algo en la Biblia.

Normalmente en nuestros días cuando alguien utiliza esta frase (especialmente los sacerdotes), es para tratar de tranquilizar y decir “no pasa nada”. Y cuando dicen no pasa nada, dicen, no hay que hacer nada, “confía en el Señor.”

Pareciera que no debemos hacer nada, porque el Señor garantiza que la Iglesia triunfará pase lo que pase; y en este mes de noviembre (como todos los noviembres), lo empezamos celebrando a los Santos en el Cielo; y a las almas que hay en el Purgatorio.

Es decir, celebramos el día uno a la Iglesia Triunfante, y el día dos a la Iglesia Purgante, las almas del purgatorio.

Pero resulta, que la Iglesia está compuesta de tres partes, no de dos. La tercera parte se llama la Iglesia Militante y somos todos los bautizados que todavía estamos vivos en esta tierra que Dios creó para nosotros.

Si en este momento acabara el mundo (hipotéticamente), y absolutamente nadie de los que estamos aquí fuera al cielo ni al purgatorio, ni uno solo, la palabra de Cristo sería de todas maneras cumplida cuando dijo “sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Esto es posible, porque como decía, el uno de noviembre celebramos a los Santos que ya están en el cielo en la Iglesia Triunfante. Es decir, ya hay un grupo de Santos que triunfaron y gozan de la visión beatífica de Dios. Ese grupo es suficiente para que nosotros entendamos que Cristo YA TRIUNFÓ.

Y lo hizo cuando derrotó a Satanás en la Cruz. Cristo, siendo El Santo de los Santos, no tenía por qué bajar pero bajó a los infiernos; en términos coloquiales, a darle una patada a las puertas del infierno y derribarlas, ydecirle a Satanás, aquí mando yo, yo soy Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y “Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto”. Satanás no tiene opción de ir al cielo ni de visita, por eso Cristo bajó a doblegar al maligno Satanás y ponerlo de rodillas.

Cuando entendemos estás ideas, entendemos que hay una batalla, y a las batallas no se llevan las puertas de los reinos, se llevan armas. Las puertas están para proteger los reinos y es un hecho que Cristo ya penetró esas puertas del hades para poner de rodillas a los malignos demonios.

La Iglesia Purgante es Santa también.

Es santa porque las almas que allí se encuentran, murieron en estado de Gracia y ya no tienen la posibilidad de pecar. Pero no están en el Cielo porque todavía no han purgado la consecuencia del pecado o reato, y no están dignamente preparadas para disfrutar de la visión beatífica de Dios. Nada impuro puede estar en la presencia de Dios. Es por eso por lo que debemos rezar por ellas todos los días, especialmente el dos de noviembre cuando ofrecemos Misas por los difuntos en el purgatorio. Por eso se llama día de Los Fieles Difuntos, es decir rezamos por almas que murieron en gracia y ya no pecan nunca más. Son fieles.

No rezamos por las almas que están en el Cielo, porque no es necesario, y no rezamos por las almas del infierno, porque ya no tienen posibilidades de salir de allí. Pero como no sabemos dónde están nuestros difuntos, rezamos con la esperanza de que, en algún momento, incluso en el último instante de su última exhalación, hayan aceptado a Cristo como Dios y Salvador y se hayan acogido a su misericordia. Y por eso rezamos por ellas, para que El Señor acorte su pena y los deje entrar pronto al Cielo porque el purgatorio no es nada agradable.

La única ventaja que tienen las almas de estar en el purgatorio es que algún día saldrán de allí, y el único destino es el Cielo. Gracias Dios Santísimo.

Por otra parte, si Cristo ya venció a los demonios, entonces ¿dónde se libra la batalla?

No se libra en El Cielo ni en el Purgatorio porque el demonio no tiene ningún poder allí. Se libra aquí en la tierra, dónde Satanás tiene todavía poder de convencer a muchos de ir a parar al infierno. Por eso los bautizados vivos nos llamamos la Iglesia Militante, porque todavía estamos luchando día a día por ganar el pase, aunque sea al purgatorio.

Así que hay que tener mucho cuidado cuando escuchamos la famosa frase de Jesús de que las puertas del infierno no prevalecerán, porque eso ya lo sabemos, pero no podemos quedarnos dormidos en los laureles creyendo que ya tenemos garantizado la entrada al cielo, como muchos clérigos andan diciendo que casi todas las almas van al cielo o que las almas de los malvados “desaparecen” o que el infierno no existe. No es cierto.

Debemos recordar otro pasaje bíblico:”Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo; (Lc 22, 31).

En algunas traducciones de la Biblia se utiliza el verbo zarandear en lugar de cribar. Es decir Satanás pide permiso a Dios para ponernos a prueba. Nos va a zarandear y estrujar y tratará de empujarnos y hacernos perder la fe hasta pisotearnos en el infierno. Y lo hace de forma tan sutil y tan dulce que no nos damos cuenta. La prueba está en que cada vez hay menos católicos, y los que hay en su mayoría son nominales, porque el setenta por ciento no va a Misa a recibir la Eucaristía, no cree en los mandamientos y no practica los sacramentos.

Todos y cada uno somos La Iglesia.

Algunos creen que la Iglesia son los curas, obispos y el Papa. En ese sentido La Iglesia parece intacta en sus templos y sus jerarcas. Los vemos ahí. Pero tanto unos como otros están vacíos por dentro. No tienen ovejas, porque durante los últimos cincuenta años han diluido tanto la doctrina que la gente cree que no es necesario ser practicantes de la fe ni buscar la verdad. Los jerarcas no están siendo honestos al no enfrentar una realidad que es evidente: En 10 años casi que se perderá la fe por completo. Los practicantes que hay ahora morirán por vejez, y no hay nuevas generaciones suficientes que los reemplace. Sin embargo, usan una y otra vez la frase de Jesús “las puertas del infierno no prevalecerán la Iglesia nunca se acabará”, “no hay nada de que preocuparse”.

Sí hay de qué preocuparse, porque por su negligencia, muchas almas no alcanzarán a ser parte de La Iglesia Triunfante. Eso, es lo que preocupa, el número de almas que se perderán de la Gloria de Dios condenadas para la eternidad.

Somos soldados de la Iglesia Militante. Luchamos por salvar nuestras propias almas, pero también luchamos por salvar otras almas de otros compañeros soldados, especialmente los soldados heridos en el campo de batalla. Incluso aquellos más malvados son hijos de Dios y Él no quiere que ninguno se pierda.

Por eso, la caridad empieza por decir la verdad y no quedarnos callados indiferentes ante aquellos que están apartados del Señor. Es nuestra obligación seguir luchando, tratando de salvarnos a nosotros mismos y a nuestros compañeros que están sentados cómodamente sobre una mina y no se quieren mover de allí.

Es una batalla a muerte en la que no hay tregua ni campo intermedio y por eso la lucha se da todos los días de nuestra existencia hasta el último.

Estamos en un campo o en el otro. No se puede bajar la guardia porque en cualquier momento el enemigo nos tiende una emboscada con la tentación; y hay muchas. Los soldados de Cristo, la Iglesia Militante, tiene por armas la oración, la busca de la verdad, la práctica de los mandamientos y los sacramentos que nos mantienen unidos a Dios.

La estrategia del enemigo es justamente cortar el suministro de munición y provisiones y lo logra cuando negligentemente nos damos a la pereza espiritual, cuando dejamos la oración, cuando dejamos de llevar el Evangelio a otros; y cuando creemos que los mandamientos son cosas del pasado, cuando practicamos los sacramentos como cosa social (Bautismo y Matrimonio) y cuando la Confesión y recibir la Comunión se convierten en innecesarios. En ese instante, hemos abandonado todas nuestras armas y medios de comunicación con la base central que es Dios. Solamente cuando las empuñamos, la munición y el alimento cobran sentido porque es Dios el abastecedor.

Es cierto que en el libro primero de los Macabeos, Judas Macabeo se hizo famoso al ganar muchas batallas con pocos hombres. Pero tuvo que empuñar las armas y la decisión de enfrentarse contra las fuerzas que atacaban a su pueblo y contra los propios apóstatas de Dios que se aliaban con el enemigo.

Sí, es verdad, la Iglesia ya ha triunfado, ahora nos toca decidir si queremos o no estar en el ejército ganador.

Miguel Serafín

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