Tras la Amazonia, morirán sepultados por la basura

Nuestro compañero Jorge nos habla del síndrome de Diógenes, ¿Quedará la Iglesia afectada tras el sínodo de la Amazonia?

Tras la Amazonia, morirán sepultados por la basura”, Jorge A. Rangel

Apenas hace unos días me encontré con un gran amigo que tenía muchos años sin ver, entonces él, era joven, alto, fornido, de cabello lacio y usaba unos anteojos grandes, le llamaban “Clark Kent” y algunos le decían “Supermán”. Platicamos, recordamos, reímos, todo fue normal en el tiempo que duró este reencuentro.

“Síndrome de Diógenes”

Con sorpresa me informaron que mi gran amigo está enfermo, que sufre un trastorno de comportamiento que se caracteriza por un aislamiento social, quienes lo sufren pueden llegar a recluirse en su propio hogar, que puede darse en jóvenes o ancianos, y el sentimiento de soledad es el factor principal que desencadena este trastorno. El caso va más allá, este mal surge en personas que se sienten solas y que han perdido un ser querido y pueden presentar cuadros depresivos. Una de las manifestaciones es la acumulación de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos revueltos con las cosas de uso cotidiano, la guardan y almacenan porque las creen necesarias y útiles en algún momento. Mi amigo sufre, el “síndrome de Diógenes”.

¿Diógenes?

Diógenes de Sinope fue un filósofo griego, que como muchos otros buscó dar respuesta a las grandes preguntas del hombre, y promulgó hasta el extremo la idea que el hombre debía mantener independencia de las necesidades materiales y vivir con los ideales de la privación de ellas. En congruencia de su pensamiento, Diógenes llevaba consigo sólo lo estrictamente necesario.

En 1960 se realizó el primer estudio científico de este patrón de conducta y, fue en 1975 cuando se le denominó “Síndrome de Diógenes”. Se le dio este nombre porque coincide el comportamiento de las personas que tienen este síndrome.

La soledad es la peor compañera

La soledad es un sentimiento que surge al no tener acompañamiento y si no es bien manejada no es buena para la salud mental, ya que tiene asociada patologías como la depresión, el estrés, la ansiedad y la falta de autoestima, incluso enfermedades con consecuencias fatales. La soledad tiene efectos sobre el cuerpo y sobre el espíritu. Físicamente cuando se está solo y se siente cansancio, desgano, fastidio, se desatiende la limpieza de donde se vive y la higiene personal.

Sentir soledad espiritual, o vivir sin sentir la presencia de Dios es la más dolorosa experiencia en donde la mente se turba, la razón falla y el buen juicio equivoca. Quien se siente solo en la mente, en lo físico y del espíritu es presa fácil primero del pecado, y también de vivir un trastorno de personalidad que se manifiesta en un conjunto de perturbaciones o anormalidades en las dimensiones emocionales, afectivas, motivacionales y de relación social del individuo. La voluntad se debilita, no se sabe de dónde viene el malestar, no se tiene conciencia de la situación. No se tiene objetividad. Y puede quien la sufre, arrastrar a vivir este trastorno a quien convive con él.

Síntomas evidentes

Muchos, hemos vivido lo que ha pasado en los últimos sesenta años, cuando se decidió que nuestra Iglesia se siente sola y según los de aquel tiempo era necesario abrirse y permitir un mayor diálogo con el mundo, y así fue, pasaron ya muchas mañana y tardes desde aquellos días, y hemos visto que no ha sido bueno, y a quien corresponde, no quiere reconocer el horror del error, que la Iglesia cambió y que del mundo recibimos también su basura, y es más, hay quienes con los síntomas del síndrome de Diógenes ni se dan cuenta que tienen ese trastorno y si seguimos así morirán sepultados en tumbas de basura.

Los últimos días, hemos recibido cual boxeador cansado, el izquierda derecha fulminante, con la modificación de las disposiciones de los sacerdotes que dejan el ministerio, los escándalos financieros del Vaticano, la avalancha de casos de pederastia en Estados Unidos, la celebración incomprensible en los jardines del Vaticano y el gancho al hígado, el sínodo del Amazonas en pleno Roma. Creo que lo inimaginable se ha hecho y todo ya está dicho, incluso lo que se dirá dentro de seis semanas cuando termine este encuentro ecologista indigenista, o lo que sea y solo falta esperar para que un nuevo cargamento de basura mundana llegue dentro de la Iglesia y se mezcle con lo sagrado, cada vez más basura y cada vez más lejos de Dios; esa combinación es como la del trigo y la cizaña, al final con claridad se distinguirá el trigo de la basura que se arroja al fuego.

El tratamiento

La buena noticia es que el mal de Diógenes y los padecimientos eclesiales se pueden curar. Y como en muchas enfermedades hay que buscar qué les originó. Después evitar las recaídas teniendo fidelidad a las recomendaciones de quien sabe. En tercer lugar, tomar conciencia del trastorno y darse cuenta de la fragilidad que nos caracteriza, aprender la importancia de la higiene personal, darse cuenta que no se puede convivir con la basura y menos del mundo. Procurar un ambiente libre de basura, que se despierte el deseo de salud, la búsqueda de la sabiduría y la santidad. Trabajar mucho con cualquier comportamiento huraño y aislamiento voluntario, esto por parte del enfermo, y de la Iglesia, sobre todo contra los que considera rígidos y resentidos.

La esperanza surge

Gracias a Dios mi amigo, que es sacerdote está atendido, está en una comunidad donde es acogido y querido. Participa ya en la vida de comunidad, su recuperación va en camino. Así Dios nos conceda recuperarnos como Iglesia, limpiar la casa de dentro hacia afuera, dar su lugar al Dueño, Señor y Creador de todo lo que existe, incluso la naturaleza. Ya no más basura, ni figurillas repugnantes de madera, ni penachos de plumas, ni sonajas, ni poses para la foto, recordemos las palabras de San Pablo: “A causa de Él ya nada tiene valor para mí y todo lo considero como basura mientras trato de ganar a Cristo”.

Jorge A. Rangel Sánchez

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