Fábula: los ratoncitos y la niña

¿Les suena de quién hablamos si les decimos que la protagonista de nuestra fábula es una niña con la cara redondita y unas trenzas…¿Fábula o realidad?

“Fábula: los ratoncitos y la niña”, Aldo María Valli

Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2019/09/27/fiaba-i-topolini-e-la-bambina/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

Érase una vez una familia de ratoncitos que vivía en una bella casita en el bosque.  Un día alguien llamó a la puerta.  Era una chiquilla con la carita redondita y trenzas, y dijo: “¡Estimados ratoncitos!  ¡Se acerca un temporal y vuestra casita quedará inundada por el agua y será destrozada!  ¡Debéis abandonar rápido la casita, si no terminaréis mal!”

Los ratoncitos, muertos de miedo, preguntaron: “¿Pero tú quién eres, niña?”

“Yo sólo soy una niña con la carita redondita y trenzas, pero sé que se acerca un temporal.  ¡Debéis creerme!  Dejad rápido la casita.  ¡Huid!”

Los ratoncitos, aunque asustados, intentaron resistir y no abandonaron la casita.  “Quizás – dijeron – la niña se equivoque.  Esperemos”.

Del temporal, en efecto, no había rastro alguno.  Pero he aquí que la niña volvió de nuevo y dijo: “¡Ratoncitos, abandonad la casita!  ¡El temporal va a llegar!”

“Pero nosotros no vemos ningún temporal en el horizonte…”

“¡Oh, vosotros no lo véis, pero os aseguro que viene!  En el cielo ya hay algo que se mueve.  Las cosas van muy mal.  ¡Hay que solucionarlo y deprisa!  ¡Abandonad vuestra casita, ya!”

Los ratoncitos miraron al cielo, vieron que no había rastro de ningún temporal y se quedaron en la casita.

Entonces la niña con la carita redondita y las trenzas volvió y, con la mirada cada vez más torva, gritó:  “Ratoncitos estúpidos, ¿no comprendéis que el temporal está a punto de llegar?  ¡Abandonad la casita o seréis inundados!  ¡Debéis creerme!  ¡Moveos!”

Los ratoncitos preguntaron a las otras familias de ratoncitos y se enteraron de que la niña también había estado en su casa y les había causado el mismo miedo a todos y distribuido la misma orden.  Además había ordenado que todos los ratoncitos se reunieran en una comitiva y fueran juntos por el bosque, para anunciar el peligro del temporal. 

Debían hacer, dijo la niña, una manifestación.

Los ratoncitos no sabían qué quería decir eso de una manifestación, pero tenían mucho miedo y por tanto dieron una vuelta por el bosque gritando “¡No al temporal!  ¡No al temporal!”.

Después de haber hecho la gran manifestación, los ratoncitos estaban cansadísimos.  No habían trabajado, no habían ido al colegio, pero habían caminado muchísimo. Entonces se pusieron a pensar y decidieron abandonar la casita.  Obedeciendo a la niña, se pusieron así al servicio del rey del bosque, que rápidamente les trató como esclavos y les obligó a dormir en una mísera cabaña y les dio de comer poquísimo.

Los ratoncitos, pensando en la casita que habían abandonado y en sus bellas cocinas llenas de cosas buenas que comer, estaban tristísimos, pero la niña con la carita redondita y las trenzas decía:  “No estéis tristes, lo he hecho por vuestro bien.  El temporal llegará y vosotros estaréis a salvo”.

Pasaron algunos días y he aquí que el rey del bosque mandó a sus soldados a que llamaran a las casitas de los ratoncitos.  Cuando vieron que estaban vacías, los soldados se apoderaron de ellas en nombre del rey, cogieron todos los alimentos buenos y los llevaron a palacio.

“¡Ja, ja!  ¡Ratoncitos idiotas!”, se reía el rey del bosque mientras sus soldados le llevaban muchas cosas buenas robadas en las casitas. “¡Se han creído el cuento del temporal!  ¡Ja, ja, ja!”

Entonces la niña, con las trenzas que le temblaban de rabia y la carita redondita toda roja, se dirigió al rey diciendo:  “¡Pero tú me habías dicho que el temporal estaba al caer y yo me lo creí y eché a los ratoncitos!”

“¡Ja, ja, ja!  ¡Niña estúpida!”, exclamó el rey con la boca llena de buena comida robada a los ratoncitos.  Después llamó a los soldados y les ordenó: “¡Guardias, arrestad a la niña y lleváosla!  ¡Ya no me sirve!”

Y así fue cómo la niña con la carita redondita y las trenzas se encontró en una cabaña, prisionera ella también.  Y miraba al cielo todos los días, porque en su interior estaba segura de que el temporal vendría de verdad.  Pero el temporal no llegó.

“¡Niña tonta!” le gritaron los ratoncitos. “Por tu culpa no hemos ido a trabajar, no hemos ido al colegio y hemos perdido todo:  ¡nuestra casita, nuestra cocina, nuestra libertad!  ¡Te creímos y mira cómo hemos terminado!  Como esclavos del rey del bosque”.

Pero la niña en ese momento ya no escuchaba y se limitaba a alisarse las trenzas.

Moraleja de la fábula:  ratoncitos, antes de creer a una niña con la carita redondita y trenzas, ¡pensadlo bien!

Aldo MariaValli

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/