Brujería, patada en los dientes católicos

Miguel Serafín nos habla de un tema muy actual en algunos lugares, las prácticas de brujería, la adoración a la pachamama y la falta de orientación por parte de los Sacerdotes.

“Brujería, patada en los dientes católicos”, Miguel Serafín

El Ilusionismo es una disciplina dentro del arte de la magia, en la que un artista o ilusionista entretiene a una audiencia por medio de trucos escenificados que parecen imposibles de ejecutar por medio de acciones naturales.

¿Complicado eh? Bueno, la definición lo es, pero traducido en lenguaje simple, es que el ilusionismo, son trucos preparados por un mago o artista que nos hace ver cosas que no son reales pero que nos entretienen.

Hace unos años conocí a un amigo que era aficionado a descubrir los trucos de la magia.

Todavía no existía YouTube, pero mi amigo tenía una serie de CD´s que prestaba a quien le interesara saber cómo se hacían los trucos de los magos, especialmente los relacionados con el ilusionismo.

Un ilusionista hace ver cosas que no son: aparentemente de la nada hace aparecer y desaparecer personas y objetos tan grandes como aviones y edificios. Un buen ilusionista es creativo y hoy incluso utiliza la tecnología que combina con música y videos que complementan su actuación en vivo.

El artista es admirable por su destreza con las manos y sus ágiles movimientos.

Los niños incluso llegan a pensar que todo es realidad hasta que un adulto le aclara que realmente son trucos escenográficos, aunque el propio adulto no sepa explicarlos. A veces los niños se enfadan y prefieren creer que todo es cierto a falta de una concreta explicación. Lo mismo sucede con los mentalistas que adivinan ciertas cartas o números escogidos por la audiencia.

En general, el arte de la magia es una expresión artística buena que pagamos como entretenimiento, mientras quede bien entendido que nada de lo que sucede es cierto y que no se trata de prácticas de hechicería ni brujería, sino que todos entendemos que lo que sucede en el escenario es la combinación de trucos y de habilidad del ilusionista.

No así, son las actividades que ciertas personas realizan por lucro y mala intención, como son los adivinadores del futuro, los astrólogos (los que interpretan la carta astral u horóscopo), o los que se comunican con los muertos, leen la mano, la baraja, el cigarrillo, el puro o residuos dejados por bebidas o alimentos. Cualquier arte de predicción del futuro, de adivinación, brujería, ataduras, “trabajos”, utilización de perfumes o mejunjes para atar o desatar; prosperar o destruir personas o negocios; en lo que se conoce como magia negra o magia blanca; son altamente peligrosas para las personas que acuden a recibir esos servicios.

En el mejor de los casos, el brujo, adivino o chamán es un charlatán y quiere timar a la gente.

Lo que en realidad preocupa, es que estas personas están abriendo una puerta al maligno enemigo del ser humano llamado satanás y sus demonios, de los espíritus malignos que traen influencias maléficas. Los exorcistas consideran en su experiencia, que estas prácticas dan cabida a las infestaciones, opresiones y posesiones demoniacas. Es una puerta abierta a los demonios, incluso aunque no se lleguen a manifestar abiertamente en forma física porque si lo hicieran, más personas se convertirían y la idea es justo lo contrario. Los demonios son efectivos en sus trabajos de hechicería y brujería, ofreciendo una aparente solución a corto plazo haciendo creer que “los espíritus” están ayudando a las personas.

En Europa no es muy popular escuchar de los chamanes indígenas que invocan a los espíritus, pero en Latinoamérica han proliferado por épocas y han llegado a abrir consultorios como si se tratara de médicos o consejeros psicológicos. El que me viene primero a la cabeza fue uno muy popular llamado El Indio Amazónico que tenía sucursales en ciudades cosmopolitas como Bogotá y Nueva York.

Estos indios, chamanes, brujos y brujas confunden a la gente.

Les predicen el futuro y hacen conjuros. Recomiendan a sus clientes hacer prácticas de hechicería y brujería, disfrazada de religiosidad católica. Tienen en sus negocios estatuas de La Virgen y santos, pero a la vez de buda, pentáculo o pentagrama, símbolos masónicos, ojo turco y todo la simbología de nueva era. ¡Cuidado! Les dicen que recen padrenuestros, avemarías; que vayan a la Iglesia (católica) y le prendan una vela a un santo. Es decir, hacen uso del sincretismo religioso (mezcla de creencias religiosas y paganas de todo tipo), para hacer que los católicos desprevenidos no crean que están haciendo algo malo.

La Iglesia Católica por su parte, durante veintiún siglos ha enseñado, que estas prácticas paganas y más que paganas demoníacas, no son de Dios, por el contrario, son abominación ante Él.

“Cuando hayas entrado en la tierra que Yahveh tu Dios te da, no aprenderás a cometer abominaciones como las de esas naciones. No ha de haber en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, que practique adivinación, astrología, hechicería o magia, ningún encantador ni consultor de espectros o adivinos, ni evocador de muertos. Porque todo el que hace estas cosas es una abominación para Yahveh tu Dios y por causa de estas abominaciones desaloja Yahveh tu Dios a esas naciones delante de ti. Has de ser íntegro con Yahveh tu Dios.

(Dt 18, 9-12).

Alguien que alguna vez haya realizado algunas de estas prácticas, debe confesarse de inmediato con un sacerdote y jamás volverlas a practicar.

Un sacerdote en España comentaba que las personas están en la total ignorancia de este tema porque no se le habla al respecto. Los obispos amonestan a los sacerdotes que hablan de estos temas y del demonio y les dicen que no asusten a la gente; que es mejor dar esperanza y hablar de temas sociales como el ecumenismo, cambio climático o inmigración. Este mismo sacerdote me decía que una vez en la homilía lo mencionó después de enterarse de la cantidad de anuncios de adivinos en prensa y televisión; y hubo quienes se acercaron después de la Misa a aclararle que estos “consejeros” eran “buenos” porque les aconsejaban ir a la Iglesia a rezar y a poner velas a un santo, para que su consejo o práctica hechicera diera resultado. Otros se acercaron enojados y le reclamaron que “hasta eso es malo en la Iglesia Católica”.

Todo esto viene a propósito de la confusión que se ha creado con las recientes imágenes de indios en el Vaticano, realizando conjuros y rituales previo a la apertura del Sínodo de la Amazonía en Roma.

Vimos en televisión que hombres y mujeres indígenas se acercaron con diferentes elementos rituales en sus manos, como ramas, hojas y líquidos no identificados y estatuas paganas, no solo en los jardines del Vaticano, sino que tengo entendido que en la Basílica de San Pedro también. Hicieron aspersión de esos brebajes e invocaron vaya uno a saber a quién o a qué, en presencia de sacerdotes, religiosos y religiosas, obispos y hasta el propio papa, y nadie dijo nada. Fueron rituales chamanistas en toda regla.

La enseñanza de la Iglesia NO ha cambiado al respecto.

No la pueden cambiar. Y no se puede cambiar no por poner trabas al cambio, sino que se trata de proteger a las almas que por desconocimiento pueden pensar que lo que se hizo recientemente en el Vaticano con la presentación de esos rituales indígenas es una señal de que son inofensivos y está bien practicarlos. Esos chamanes no debieron realizar ningún ritual, aunque algunos prelados digan que es por respeto a las culturas indígenas. Pero esos prelados no comentaron nada sobre el respeto primero a Dios y después a los creyentes que nos vimos “irrespetados en nuestras creencias, en nuestra fe y en nuestra cultura”.

La evangelización empieza por establecer lo que es bueno y lo que es malo ante Dios. Los respetos humanos sobran y quedan de lado, especialmente en la sede que Dios determinó para Su Iglesia por medio de San Pedro: El Vaticano. Por eso nos llamamos, “Católicos, Apostólicos y Romanos”.

Se nos está despojando de nuestra religión sin darnos cuenta. Poco a poco van menoscabando nuestra fe. Lo han hecho de una manera tan sutil casi inofensiva al ojo distraído del espectador de la fe católica. Ese es el ilusionismo del que hablaba al principio del artículo, cuya mano ha sido más rápida que el ojo, con astucia con disimulo. Un ilusionismo tan real, tan agradable a los sentidos del espectador, que casi disfrutamos cuando nos engañan. Casi que pagamos y aplaudimos enérgicamente a los artistas de la ilusión cuando dicen que nada es pecado, que todos se salvan, que no hay infierno, que después de muertos las almas de los malos “desaparecen”, volviendo al arrianismo diciendo que Jesús en realidad no era Dios sino un chico especial y bueno al que debemos imitar con las enseñanzas sociales, caritativas y migratorias.

Nos están convenciendo de que es más importante adorar la creación que al Creador y nos meten ideas de lo importante que es rendir culto y rituales a la “pacha mama” (en quechua la diosa “madre tierra”), haciéndonos caer en el panteísmo.

El panteísmo pagano rinde culto a lo creado, y a los “espíritus”, no a Dios.

Nos engatusan cuando se hace énfasis en obedecer a la ONU y no se dice que es más importante obedecer a Dios. Como los niños, nos enfadamos y hacemos pataletas cuando nos explican que no es cierto, que nos están engañando, que nos están quitando lo más importante que tenemos: La salvación eterna de nuestra alma.

De nosotros depende si queremos seguir engañados, y creer que lo que nos están presentando como “revolución”, es verdadera enseñanza de Dios. Revolución es una palabra que gusta y la han querido introducir en el Sínodo de la Amazonía para aceptar La teología de la liberación en defensa de los pobres (en este caso de los indígenas), pero que el papa San Juan Pablo II condenó de la misma manera que Benedicto XVI; y que ahora se le quiere dar impulso después de que el papa Francisco levantara la excomunión que recaía sobre Leonardo Boff, (sin dar muestra ninguna de arrepentimiento), uno de los principales impulsores de la teología de la liberación en los años 70.

De nosotros depende alertar a los que no lo saben. Cuántos sacerdotes, obispos y cardenales se están mordiendo la lengua ante las barbaridades que se presentan como novedad día a día. Pero se muerden la lengua cuando deberían soltarla y salvar a muchas almas distraídas, que como niños pequeños están estallando en aplauso y asombro ante los ilusionistas y artistas del engaño que hay dentro de la Iglesia.

Miguel Serafín

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