Vive la résistance!

Nos cuenta Aldo María que se encuentra con gente que le pregunta por qué no deja de alzar la voz y espera a que vengan tiempos mejores dentro de la Iglesia. Como todos sus artículos, ¡imperdible! El mejor vaticanista

“Vive la résistance!”, Aldo María Valli

Artículo original disponible en:  https://www.aldomariavalli.it/2019/09/06/vive-la-resistence/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

En estos tiempos nuestros peligrosos, en los que la santa madre Iglesia católica tan a menudo nos parece una madrastra, incapaz de custodiar y transmitir la  verdadera fe mediante la recta doctrina, frecuentemente me encuentro con personas que me preguntan:  ¿por qué alzas la voz, por qué protestas?  ¿No sabes que la Iglesia ya ha pasado por muchas y superará también esta fase?  ¿Por qué no te quedas tranquilo y esperas?  ¿Por qué no tomas ejemplo de tantos pastores, también de obispos y cardenales, los cuales, no obstante conscientes de los problemas, se mantienen en silencio, rezan y tienen confianza en Dios?

En general respondo que un bautizado, en cuanto sacerdote, profeta y rey, no puede estarse callado y limitarse a observar. 

Sería una traición a las tres funciones de Cristo de las que nosotros participamos en virtud del bautismo.  Me doy cuenta, sin embargo, de que para muchos católicos, en el punto en el que estamos, apelar al bautismo no quiere decir casi nada.

Estaba en búsqueda de un nuevo tipo de respuesta cuando un querido amigo me ha enviado una fotografía.  Se ve a un sacerdote ortodoxo (el hecho de que sea ortodoxo es sólo incidental) que trata de bautizar a un niño pero no lo consigue, porque el pequeño, demostrando notable fuerza y un carácter fuera de lo común, se agarra al borde de la pila y no se deja sumergir.  La foto, acompañada de la leyenda Vive la Résistance!, quiere ser irónica, pero me ha hecho reflexionar.  Me he preguntado:  ¿Cuántas veces no oponemos resistencia atrincherándonos detrás de la obediencia y la lealtad pero, en el fondo, estamos siendo sólo débiles y complacientes?

El caso es que mientras miraba y volvía a mirar la fotografía, me topé con un texto de Phil Lawler que me hizo reflexionar ulteriormente.  Ocupándose de cómo las personas reaccionan de modo diverso ante la crisis de la Iglesia, Lawler se remite a un libro (Exit, Voice and Loyalty, traducido al español como Salida, voz y lealtad) en el que el autor (Albert O. Hirschman, 1915–2012) examina diversas posibilidades y se interroga sobre el modo en el que el nivel de pertenencia a un cierto organismo influencia nuestro tipo de comportamiento.

Publicado en 1970, el sabio no tiene, a primera vista, nada que ver con la Iglesia y con el catolicismo.  Hirschman de hecho era un economista y en su libro se propone examinar el modo en que los individuos expresan su insatisfacción en sus relaciones relativas a la empresa, a las organizaciones o las instituciones.  Sin embargo, me parece que el esquema propuesto puede ofrecer algo interesante también a un fiel de la Iglesia católica que en este momento experimente perplejidad y malestar.

Sustancialmente, escribe Hirschman, hay tres modos en los que puede manifestarse la insatisfacción. 

La primera consiste en salir, es decir, alejarse de la institución.  La segunda consiste en mostrar lealtad aceptando la situación sin lamentaciones.  La tercera consiste en alzar la voz y esforzarse en un cambio que elimine las causas de la insatisfacción.

Normalmente la opción número uno (salir) es elegida por quien no tiene vínculos particulares con la institución.  Ejemplo:  te inscribes en un club social porque te gusta jugar al bridge, en el curso del tiempo descubres que el club no te va (socios antipáticos, mala gestión) y por consiguiente decides irte.

La opción número dos, la que Hirschman define como lealtad, es por el contrario elegida por quien tiene vínculos particularmente fuertes con la institución.  Ejemplo:  te enrolas en el cuerpo de los Marines, el cuerpo toma ciertas iniciativas que no te gustan, nadie te ha pedido opinión y te sientes mal, pero por fidelidad y obediencia mantienes la boca cerrada.

Finalmente se encuentra la opción número tres (hacer oír tu voz, protestar), que generalmente es la elegida por quien no sólo tiene vínculos fuertes con la institución, sino que se siente parte de ella.  Ejemplo:  amas tu familia, ves que alguno está haciendo algo que causa daño a todos los demás y decides levantar tu voz para denunciar lo que no va bien e indicar cómo cambiar las cosas.

Ahora bien, ¿de qué modo se aplican estos tres esquemas a los católicos, en la actual crisis de la Iglesia?

Para los católicos creyentes la salida, irse, no es una opción.  ¿En dónde si no pueden encontrar la Eucaristía?  ¿Dónde pueden encontrar, si no es en la santa madre Iglesia, una comprensión segura de la Palabra de Dios?  «Simón Pedro respondió: “Señor, ¿a quién acudiremos?  Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y sabido que tú eres el Hijo de Dios».

Por lo que se refiere a la segunda opción, sabemos que generaciones de buenos y fieles seglares católicos han respondido a los problemas con laudables demostraciones de lealtad, aceptando humildemente la dirección tomada por el clero y por los obispos, deglutiendo amargamente y reprimiendo toda tentación de expresar las propias dudas.  Pero este modo de obrar no puede ser absoluto.  La lealtad se convierte en colaboración con el mal cuando implica la aceptación de enseñanzas objetivamente erróneas y comportamientos inmorales.  Por supuesto que debemos siempre mostrar respeto por nuestro padre, pero si el comportamiento del padre está causando daño a toda la familia tenemos la responsabilidad de proteger a nuestra madre y a todos los hermanos.

La lealtad total, observa Phil Lawler, puede exigirse a los religiosos consagrados, que han hecho votos de obediencia, «pero para los laicos católicos, la lealtad ciega, que se convierte en aquiescencia, no es una opción».  Queda, por tanto, la protesta.

La reflexión de Lawler me ha llamado la atención porque me he dado cuenta de que los católicos que se plantean el problema de la lealtad y se preguntan cómo comportarse son cada vez más numerosos.

Todo gira en torno al concepto de lealtad. 

¿Se es más leal callando o hablando? ¿Y cuál es la diferencia entre consagrados y laicos? 

Para el consagrado, que ha hecho voto de obediencia, la elección de callar puede ser vinculante, pero el laico, también con base en el Código de derecho canónico, tiene el derecho y el deber de hacerse oír y de interpelar a los pastores.

¿Y qué lealtad es más importante?  ¿Aquélla hacia quien representa la institución o hacia la institución misma?  Sin metáforas:  ¿hacia el papa o hacia la Iglesia, cuerpo místico de Cristo y comunión de los santos?

La opción de la protesta es definida así por Hirschman: «Toda tentativa de cambiar, y  no eludir, un estado de cosas reprobables, sea acudiendo individual o colectivamente al directivo inmediatamente responsable, sea apelando a una autoridad superior con la intención de inducir un cambio en la dirección, sea mediante varios tipos de acciones y protestas, incluidas aquéllas dirigidas a movilizar la opinión pública».

A mí me parece que Hirschman, con estas palabras, quizás sin saberlo, ha fotografiado la disposición de muchos católicos que, frente a una Iglesia en la cual ya no se reconocen, han decidido hacer oír su voz.

Está claro que un buen católico debe hacer un gran esfuerzo para salir a descubierto, protestar y explicar las razones por las cuales pide un «cambio en la dirección». No está en su naturaleza.  Pero hay momentos en los cuales no se puede callar.  «Sois la sal de la tierra; pero si la sal perdiese su sabor, ¿con qué será salada?  Para nada más serviría sino para ser tirada y hollada por los hombres.  Sois la luz del mundo; no puede quedar escondida una ciudad colocada sobre un monte, ni se enciende una luz para ponerla debajo de un almud, sino sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en casa».  «Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero dentro son lobos rapaces».

Según Hirschman, cuanto más alto es el nivel de fidelidad mayor es la probabilidad de que haya protesta.  Me parece que es la ocasión de tenerlo en cuenta.  Vive la Résistance!

Aldo MariaValli

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/