Una pregunta a los Católicos Tradicionales, ¿Debemos vivir en comunidad?

Nuestra compañera Sonia trae a su artículo el libro de Rod Dreher, la carta pastoral de Monseñor Reig Pla y su propia visión de como afrontar los tiempos que nos tocan, ella se pregunta y les pregunta a Vds. si debemos vivir en comunidad.

“Una pregunta a los Católicos Tradicionales, ¿debemos vivir en comunidad?”, Sonia Vázquez

Leía hace unas semanas lo relacionado con el libro de Rod Dreher y su opción Benedictina. El autor propone algo así como vivir en comunidades perfectas de cristianos en las que todos tengamos las mismas miras. Él mismo, en busca de este estado de supuesta felicidad ya se ha cambiado varias veces de ciudad de residencia y es que debe ser difícil encontrar un lugar en el mundo en el que convivas con clones afines a tus intereses, si lo piensan bien, esto ni siquiera se dio en el principio, cuando Caín mató al bueno de Abel.

Uno de estos días veía en la televisión un reportaje sobre los “testigos de Jehová”, que se puede decir que han llevado esta propuesta a su modo de vida. Se han construido ciudades fortificadas donde se reúnen algunas veces al año e incluso, algunos de sus miembros más insignes, viven allí. Todos felices como perdices porque nadie pía más alto que el vecino y cumplen al cien por cien con lo que se les exige en sus normas. Me llamó la atención que según el reportaje, tienen prohibido votar en las elecciones al estado y añadía el periodista que, a día de hoy, hay tal cantidad de testigos de Jehová en España que si votaran, su opción política podría ser la ganadora, ¡toma ya!. Cuando yo era niña parecían una rara avis y hoy hay más testigos que avispas africanas, que ya es decir.

Este fenómeno me recordó también a las comunidades Amis y todo tipo de variantes que no se mezclan con el mundo impuro y siguen las normas de sus líderes. Se ponen la corbata no por convicción sino por obligación, por poner un ejemplo.

Debo decir que durante un tiempo en el que me encontraba muy desanimada con todo lo que veía a mi alrededor, me parecía que ese era el estado ideal, vivir con vecinos que se santiguasen al salir de casa, con comerciantes que respetasen el domingo, con Sacerdotes que no profanasen la Santa Misa, con colegios que enseñen a nuestros hijos acorde a lo que manda la Iglesia Católica Tradicional, reyes católicos, un país maravilloso en el que nada nos perturbe…

Esta noche leía con atención la última carta pastoral del Obispo español Reig Pla, de una manera muy hermosa nos recuerda la importancia de poner a Dios en el centro y ordenar nuestra vida. Monseñor señala la necesidad de un buen director espiritual, de buenas amistades y de cómo organizar nuestro reloj diario. Me parecen muy acertadas todas las cosas a las que apunta y que hoy por hoy, quizás están olvidadas, entre ellas la de vivir en medio de la naturaleza que para nada esto quiere decir aislarse en el medio del monte y renegar de la ciudad. El Obispo Reig, bajo mi punto de vista, propone ambientes parroquiales y un modo de vida cristiano que podemos llevarlo a cabo sin renunciar a nuestra vida actual y sin necesidad de hacernos monjes o cartujos.

Podemos hacer en nuestras casas oratorios, lugares de oración, podemos vivir en el campo, en medio de la naturaleza disfrutando de la Obra de Dios, pero no renunciemos al contacto con los demás, somos miembros de la sociedad. Se trata de nivelar, en ningún caso el Obispo habla de quedarnos encerrados en una ciudad fortificada:

“Cuando hablamos de procesos comunitarios no podemos caer en una visión unilateral o simplemente ideal o utópica. Hemos dicho que el verdadero realismo es Cristo y el Reino de Dios presente entre nosotros. Ello significa que en todo proceso comunitario Cristo es el centro y la liturgia es la que con la Palabra y los Sacramentos gesta a la Iglesia, su Cuerpo. Por tanto, las comunidades pequeñas, unidas en la Iglesia, se reúnen para escuchar la Palabra y vivir de la Eucaristía. Con ello se inicia un proceso de acercamiento de las personas que, siendo diferentes, con trabajos distintos, domicilios particulares, confluyen en el seno de una comunidad en la que, como hermanos, se sobrellevan mutuamente, se inician en la oración y escucha de la Palabra y comparten sus bienes para que no haya pobres entre ellos.”

Monseñor Reig Pla

Me resulta muy interesante todo lo de las comunidades elitistas, pero pienso que en estos momentos, nuestro objetivo no debe ser excluirnos sino incluirnos y cambiar el mundo, ¡podemos y debemos hacerlo!

Ayer caminaba por mi ciudad y me fijaba en todo eso que podemos llamar diversidad o cómo más les guste, a mi paso por una conocida calle me encontré con una fiesta del orgullo gay y a poca distancia un jardín infantil en el que los niños jugaban bajo la atenta mirada de sus padres. Esas dos visiones se enfrentaron en mi cabeza y pensé, ¿Quién le hablará a toda esta gente de Dios si nosotros ponemos tierra de por medio? ¿Quién le dirá a esos niños que existe el pecado y por el contrario, la virtud? ¿Nadie se esforzará por la conversión del pecador? Cristo murió por nuestros pecados.

Es una opción alejarnos del mundo que nos rodea, pero también es un acto de cobardía no dar a conocer a nuestro Buen Dios, el cual en estos momentos es apartado de la sociedad, ocultado, negado. Llegará el momento, si nosotros abandonamos el barco, que esto será como aquel “mundo feliz” de Aldous Huxley en el que nadie tenía conocimiento de Dios porque esos libros se habían ocultado en el “arca de seguridad”.

“Antes de la Guerra de los Nueve Años había una cosa llamada… Dios”

Un mundo feliz, Aldous Huxley

La mayoría de estas personas que celebran la bandera multicolor ya no se han educado en familias cristianas, muchos es posible que ni siquiera hayan sido bautizados y seguramente nunca han entrado en una Iglesia más que para mofarse de nosotros, como tantas veces hemos visto en actos vandálicos. Esos niños que jugaban en el parque, aunque son pequeños, empiezan a ver con naturalidad todas estas escenas y ello es porque en los colegios ya se adoctrina a favor del pecado y nuestros gobernantes permiten estas fiestas pero por el contrario, prohíben las procesiones.

Apartarse del mundo es un pensamiento lícito, por supuesto, pero yo, a día de hoy, me quedo aquí.

Yo quiero que mis vecinos conozcan a Dios, quiero que en los colegios vuelvan a lucir los crucifijos, quiero que nuestros políticos sean católicos, quiero que nuestras conferencias Episcopales dejen de ser cobardes y en vez de aplaudir a los aborteros recuerden que la Iglesia no ama el pecado sino que quiere la conversión del pecador, ¿puedo hacer eso viviendo en una comunidad ajena a todo lo que pasa a mi alrededor? No.

El otro día me comentaba mi compañero Manuel Cuevas, sobre una página atea que había extraído muchas frases de nuestros artículos como cavernarias, lejos de parecerme mal, me alegró mucho saber que tiene difusión lo que decimos y que de una manera o de otra puede llegar incluso a los impíos y convertirlos. Hoy se ríen de nosotros pero mañana, quizás como San Pablo caigan del caballo y se unan a la contienda, bienvenidos sean cuando eso suceda.

“Pero si usted conoce a Dios, ¿por qué no se lo dice a los demás? – preguntó el Salvaje, indignado -. ¿Por qué no les da a leer estos libros que tratan de Dios?

Un mundo feliz, Aldous Huxley

Hay días que leo en internet artículos de páginas, supuestamente católicas, que para mi pasmo, hasta dan consejos de que tipos de tejidos en las prendas debemos usar, a qué médicos se debe acudir, a que políticos con nombre y apellido se debe votar y yo digo, ¿Esto es católico o es el inicio de una secta propia? Los católicos no necesitamos, por lo menos yo, que nos den instrucciones escritas de si debemos ponernos un vestido rojo o azul, no…no va por ahí la cosa,

¿Saben cuál es la solución a todo esto? Volver a la Tradición y contagiar a otros del bonus odor que de ella emana.

Una persona formada a la luz de la Tradición, lo primero que hace es buscar un buen director espiritual que le oriente y le aconseje. A partir de ahí todo viene rodado ya que en nuestras casas, en nuestros propios hogares, ahí es donde tenemos que construir esas comunidades y lo tenemos que hacer dándole a nuestros hijos un ejemplo de vida y así ellos mismos serán para sus amigos también, un modelo a seguir.

Comunidades clandestinas, misas privadas, sinónimo todo ello de separatismo. Recuerdo mis primeros contactos con la Misa Tridentina, primeramente me ofrecieron acudir a alguna Misa privada y dado mi recelo no lo hice, sin embargo cuando se me presentó la oportunidad en un Templo público, acudí sin dudarlo y siempre que puedo animo a otros a que acudan, es necesario dar a conocer la Santa Misa Tradicional y debemos hacerlo dándole visibilidad .

Los Apóstoles estaban encerrados cuando vino el Espíritu Santo sobre ellos y les dio la fuerza necesaria para ir al mundo a anunciar el reino de Dios, de verdad, ¿siguen pensando que es una buena idea quedarnos encerrados en un submundo y dejar que los demás se condenen? ¿Qué herencia le dejamos a nuestros hijos, cuatro paredes en las que vivir ocultos?

Un día, en una cafetería, una amiga me dijo que tuviera cuidado que nos podían escuchar, ya que estábamos hablando de las conductas homosexuales. ¿Es qué no podemos decir en un lugar público que esto es pecado? ¿qué sentido tiene decirlo en un sitio en el qué todos ya lo saben?

Somos ciudadanos del mundo y tenemos obligación de salir, de proclamar el Evangelio, de transformar nuestras ciudades con nuestra actitud, de cambiar la vida política de nuestros países. Empecemos por pedirle a nuestros Obispos que nos permitan en todas las Diócesis tener la Santa Misa Tradicional y por favor, en un Templo céntrico al que pueda acudir todo aquel que lo desee.

Con la Santa Misa transformamos nuestra alma y cambiamos el mundo.

No nos quedemos encerrados, es una opción válida, sí, pero ¿Cuando alguien se enamora no desea contarlo a voz en grito? Entonces hablemos como catolicazos, sin miedos absurdos, vayamos a los colegios de nuestros hijos, hagamos lío y digamos que no estamos de acuerdo con los contenidos actuales de los libros de texto, hablemos con otros padres, con nuestra familia, salgamos a colonizar, dejemos las catacumbas y emprendamos la batalla por el Reino de Dios, hagamos de nuestros países, países católicos y eso sólo lo podemos hacer con nuestra implicación en la vida pública, en nuestros trabajos, en medio de nuestros amigos, en el cine…Reconstruyamos la Cristiandad

Sonia Vázquez

¿Qué decisión han tomado después de leer el artículo, vivir en comunidad o continuar con su modo de vida e intentar desde ahí transformar el mundo?

¿Quieren saber como solicitar la Misa Tridentina en su Diócesis? En el siguiente artículo se lo explicamos: Como solicitar la Misa Tridentina


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Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Soy Católica, agradezco a mis padres su empeño y dedicación en el cuidado de mi alma. Estudié la carrera superior de piano y a la par, la de Informática, en el área de programación. Profesionalmente estuve ligada durante años al sector de las Telecomunicaciones, que me siguen entusiasmando, pero mi pasión es la música a la que, a día de hoy, me dedico profesionalmente y al cien por cien. Trabajo como organista, dirijo varias corales y he impartido conferencias sobre la música Litúrgica. Me he formado en Teología, Música Litúrgica y órgano. Mi meta es Dios, la salvación de mi alma y la de aquellos a los que amo. Estoy felizmente casada, somos una familia en Cristo, en la foto me podéis ver con uno de los miembros de nuestra familia, Pastor. Vivo en Galicia, miña terra nai