La verdad más dura, pero la más bella del matrimonio: perteneces a tu cónyuge

Al dar el sí en el matrimonio estamos entregándonos a nuestros esposos o esposas. Tú, que vas a casarte, debes saber que en la promesa nupcial ya no te perteneces a ti mismo, sino que perteneces a tu cónyuge.

La verdad más dura, pero la más bella del matrimonio: perteneces a tu cónyuge, por Peter Kwasniewski para LifeSiteNews

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

En la forma de solemnizar el matrimonio, en el Libro de la Oración Común, al hombre se le señala que debe decir a la mujer mientras coloca el anillo en su dedo: “Con este Anillo te desposo, con mi cuerpo te honro, [esto es, reverencio] y te hago partícipe de todos mis bienes: En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amen.”

Los esposos se dan a sí mismos porque se pertenecen el uno al otro. Su mutuo homenaje y unión para toda la vida es una ratificación del convenio escrito ese día sobre sus corazones por el ardiente dedo del Espíritu Santo, escrito con la palabra de la persona entera y con el absoluto peso del pasado, presente y futuro como un testimonio de la inmortalidad del alma humana y del divino origen de su amor.

Si promesas como estas no son posibles, los seres humanos no son animales racionales o hijos de Dios.

La promesa nupcial es una imitación de la fe de la Virgen María: “Que se haga según tu palabra” (Lucas 1, 38) Esta es una declaración atemporal dicha por Eva a Adán, por Sara a Abraham, por Rebeca a Isaac, por Raquel a Jacob, por María a José, por Cristo a su Padre, por la Iglesia a Cristo. Es un certificado solemne de amor eterno, el triunfo del amor sobre la muerte. “Soy de mi amado y mi amado es mío” (Cantar de los Cantares 6, 3)

Esto es porque para el cristiano el divorcio no es meramente cruel y erróneo, sino imposible e inconcebible. Construir la vida y el destino de uno mismo en un sí y luego decir no es borrar la genuina libertad de la voluntad y aniquilar la propia identidad como poseedor de promesas. La libertad puede sobrevivir solo en un clima de amor, y el amor en un clima de compromiso sin excepciones, no una tormenta de cambios o un desierto de incertidumbre. En los votos matrimoniales seriamente prometidos, el hombre se convierte en la mujer y la mujer se convierte en el hombre, en palabras de San Pablo, “ya no os pertenecéis a vosotros” (1 Corintios 6, 19). Como el padre y el hijo, el esposo y la esposa son correlativos. Si el padre nunca hubiera existido, el hijo también desaparecería. El divorcio de lo que está intrínsecamente unido no es más posible que separar la racionalidad de la humanidad. En este sentido, el rechazo al amor jurado (divorcio) es como el rechazo a la religión jurada (apostasía), lo que en sí es una imagen del rechazo a la razón (nihilismo)

Pensemos en la devoción de la Virgen María a su Hijo. Él le pidió todo, y ella no fue encontrada queriéndolo. Cuando un hombre o una mujer promete ser fiel a Dios, lo hace con la promesa de una futura felicidad que actualmente no disfruta.

La grandeza de la fe consiste en esta libre e incondicional rendición a un amante al cual no vemos, pero en cuyas solemnes palabras confiamos.

Imaginen la esposa de un hombre joven que se fue a la guerra. Ella sabe que puede que nunca más lo vea de nuevo, ella sabe que nada puede darle certeza de su fidelidad en ultramar. Pero si ella lo ama, ella mantendrá su fe en él a espera de la reunión. La Escritura dice de Jacob que él “Sirvió, pues, Jacob por Raquel siete años, que le parecieron como unos pocos días, por el amor que le tenía” (Génesis 29, 20). Aunque en el amor humano la traición o la muerte pueden intervenir, el deseo de amar es más fuerte que ambos porque surge del núcleo espiritual más profundo del corazón del hombre.

En el caso del nuestro divino Amante, Él anhela darse a conocer a nosotros. Él no nos ha dejado huérfanos. ¿Por qué la Encarnación? ¿Por qué las parábolas y la Pasión de Jesucristo? ¿Por qué los milagros? ¿Por qué los santos y los académicos? ¿No son efusiones apasionadas de Dios al hombre estos los arreglos florales, las cartas de amor? Además, si Dios crea el universo en una fecundidad desbordante de su perfecta bondad, ¿hará imposible para nosotros el encontrarle?  Y cuando se le encuentre, ¿hará imposible para nosotros mantenerlo?

A diferencia de los sueños efímeros y de las trágicas fracturas del amor humano, que por su propia naturaleza están sujetos a cambiar, el amor de Dios permanece eternamente. Él es fiel, Él no traiciona a sus hijos. Ellos son suyos y haría que volvieran a Él como el padre desea que el hijo pródigo regrese a sus brazos, bajo su techo. Comenzamos nuestra vida mortal en un estado de alienación de Dios. Nuestra vida entera es un peregrinaje para encontrar nuestro camino de regreso a Él. El Padre espera por nosotros con una fiesta y, por amor a nosotros, ha permitido el asesinato, no de un becerro engrasado, sino el de su propio Hijo, para que pudiéramos volver a Él con confianza y descansar nuestra cansada cabeza sobre su seno, como el pobre mendigo de Lázaro reposando en el seno de Abraham.

Aquí en la tierra no podemos sino seguir la estrella. Debemos seguir cualquier luz que sea visible para nosotros con la fe inquebrantable de los Magos. Thomas Valpy French, el abuelo de Monseñor Ronald Knox, escribió estas palabras acerca de su lucha religiosa: “Admito que he estado muy perplejo…no puedo sino llegar a esto:  que cuando no se da la plena claridad, uno debe aceptar la mejor luz que tiene y moverse lentamente hacia delante con algo de vacilación, pero aún con más confianza” Eso es lo que parece mantener la esperanza, y ser fieles a las promesas aguardando con gozosa esperanza por la venida de Salvador Jesucristo.

Peter Kwasniewski

Puedes leer este artículo en su sitio original en inglés: https://www.lifesitenews.com/blogs/marriages-hardest-but-most-beautiful-truth-you-belong-to-your-spouse

La verdad más dura y más bellas es que al casarte le perteneces a tu cónyuge, pero parece que hoy esta verdad está siendo olvidada, ¿está matrimonio está en crisis? No dejes de leer este artículo donde te explicamos por qué.

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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/