El sínodo de la Amazonía, ¿Gonzálo Guerrero o Don Bosco como ejemplo?

Hoy, nuestro compañero Jorge nos habla de un español, Gonzalo Guerrero, que cruzó los mares y se unió a la cultura indígena. Frente a él nos encontramos a Don Bosco, ¿Cuál de los dos es el referente que se tomará en el sínodo de la Amazonía, Gonzalo Guerrero o Don Bosco?

“El sínodo de la Amazonía, ¿Gonzalo Guerrero o Don Bosco como ejemplo?”, Jorge A. Rangel

Gonzalo Guerrero fue uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena del nuevo mundo, el primer español en mestizar junto con su esposa Sasilha dos culturas extraordinarias, la española y la maya, dos razas que se fundieron en una sola. Regresemos a los lugares donde inició su historia y terminó su vida.

Gonzalo Guerrero fue un marino español nacido en 1470 en Palos de la Frontera en la Andalucía española, vivió los tiempos duros posteriores a una larga reconquista sobre los Árabes en la Madre Patria, donde la gente fue azotada por la guerra, por el hambre y por la peste. Como muchos no tenía futuro, y escapó de su destino cruzando el mar, venció el miedo y partió dejando todo siguiendo la ruta de Cristóbal Colón.

En una incursión de Cuba rumbo a Santo Domingo, una fuerte tormenta lanzó su nave que encalló en la Península Maya y un puñado de náufragos se encontró ante una selva llena de misterios, como de demonios. Aquellas tierras que les habían hecho promesas y un nuevo mundo lleno de posibilidades se tornó en un gran miedo a lo desconocido. El impacto dramático, para los españoles como para los naturales, fue encontrarse frente a frente con gente tan diferente entre si. Surgió el temor por el desconocimiento entre esos dos mundos. Los mayas jamás habían visto un hombre con barba y los españoles vieron en esos hombres semidesnudos la imagen de lo salvaje.

Son tres los cronistas del tiempo, quienes escribieron de este hombre, Gonzalo Guerrero que fue borrado de la historia. Dos de las narraciones no tienen fundamento histórico, incluso uno parece crear un personaje de la ciencia ficción. Pero el tercero Bernal Díaz del Castillo es testigo de los hechos.

La docena de naufragos fueron rescatados por los “Cocones”, una de las tribus que se concentraban en las costas de Yucatán y vivían del comercio marino, ellos les recibieron, los curaron y alimentaron, pero siempre en calidad de prisioneros. Pasaron meses hasta que esos indígenas perdieron a sus prisioneros en la lucha con otra tribu, fueron regalo de caciques, de chamanes; Los cautivos sintieron odio por los mayas pues estuvieron a punto de acabar con ellos por tanto trabajo forzado que les impusieron, fueron muriendo hasta quedar solamente dos, Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero.

Para nuestro marino español que ya había tocado fondo después de vivir tanta muerte y violencia en su tierra, de sobrevivir al naufragio, de ser un esclavo y estar vivo. Gonzalo donde solo vio a salvajes, comenzó a ver personas, “familias”. Experimentó y entendió que la otra gente es como él. Vivió un proceso de evolución personal en su estancia con los mayas. Aprendió su lengua y se enteró que el Nuevo Mundo era más antiguo de lo que pensaba, anterior al mismo idioma español, pues la cultura maya es poco más antigua que la cultura griega. Los mayas le fascinaron más allá de sus ciudades y pasado, le impresionó que su gente era distinta.

Un buen día, su amo, el cacique le preguntó sobre la guerra, sobre la forma de luchar contra los enemigos y Guerrero les enseñó las técnicas elementales del arte de la guerra, la necesidad de turnarse en batalla, del poder de hacerse invisible, del valor del ataque por sorpresa y de la eficacia de una emboscada. Y lo  aprendido de resultados, su reputación entre los mayas siguió creciendo. Un nuevo cambio de amo lo separó de Gerónimo de Aguilar a quien jamás volvió a ver.

Pero su vida verdaderamente cambió por algo sencillo, poderoso y universal, el amor, pues encontró una joven doncella por quien todo lo padecido merecía la pena. Princesa o plebeya era para él, la mujer más bella que jamás hubiera visto, como Romeo y Julieta, como el idilio de los volcanes, o tal cual Pocahontas, el amor entre dos personas tan distintas se dio. Para hacer familia, y poder entrar en la sociedad maya, le pidieron que debía aprender a conocer y respetar la tierra y el mundo de los mayas.

Sasilha, le guió por lugares que jamás imaginó: los orígenes de la civilización maya, sus construcciones hablaban de su conocimiento y desarrollo, aquel pueblo estaba unido a la tierra por lazos invisibles e incomprensibles. Al principio fue la emoción de la compañía de su amada, pero más tarde algo caló en su interior, abrió sus ojos al mundo que lo rodeaba, sus dioses, sus demonios y sus miedos. Su futura esposa pidió para Guerrero, al dios del cielo sabiduría, al dios del sol fuerza, al dios de la luz que le guiara en el camino, al espíritu protector para que le permitiera formar un hogar y tener buenas cosechas, y que el aliento de todos ellos juntos, le hicieran un maya.

Y una pequeña ofrenda de sangre a esos dioses bastó para apostatar y le abrió la puerta a una nueva vida.

Con el padre de la doncella contempló a la orilla del mar los confines del mundo, mientras que al otro lado del océano su pasado y su país se desdibujaban. Con Sasilha Gonzalo Guerrero tuvo dos hijos y una hija y junto con ellos ese mundo de naturaleza salvaje terminó haciéndolo un verdadero maya. Se labró la cara, horadó las orejas, se pintó el cuerpo y vistió y vivió como cacique y guerrero del pueblo maya.

Donde está tu tesoro, ahí tienes tu corazón

Muchos hombres han cruzado el mar venciendo el miedo de iniciar un viaje sin retorno y hay siempre un tesoro de por medio; finalmente donde está ese tesoro se tiene la mente y el corazón. Recordemos a tantos misioneros que a lo largo de la historia de la Iglesia cruzaron y siguen cruzando los mares en todas direcciones dejando casa, familia, amigos, bienes, todo, para compartir el tesoro que llevan en la mente y en el corazón.

Se acerca la fecha, y ante tanto revuelo que ha causado el asunto del Sínodo de la Amazonía quiero aportar no una crítica ni un temor.

Quiero recordar a San Juan Bosco, con algunos pensamientos que dio a la primera expedición misionera de los Salesianos que partió a Argentina y que con expediciones posteriores desarrollaron una labor misionera en la Amazonía. Pasaron ya 144 años de cuando Don Bosco también entregó 20 recuerdos a sus hijos Salesianos que se encontrarían con un nuevo mundo y ante una cultura diferente, estos recuerdos debían ser lectura frecuente para la comunidad, los comentarían, los tomarían muy en cuenta para ser fieles al espíritu misionero que quería Don Bosco.

Muchos fueron los Salesianos que dieron su vida por la salvación de las almas, Juan Cagliero, Don Fagnano, Don Lasagna, Don Costamagna y muchos otros que llevaron el tesoro de la fe, como lo hicieron los apóstoles de Jesucristo, con fidelidad y unidad con toda la Iglesia. Fueron hombres  que supieron buscar almas para el cielo, caritativos, sacrificados, austeros, solícitos para los necesitados, obsequiosos, respetuosos, sobrios, hombres de oración, trabajadores, pobres, observantes a su regla de vida, marianos, instruidos en las cosas de Dios, propagadores de nuevas vocaciones, amables y benevolentes, obedientes, como lo quería Don Bosco, como los pedía el Concilio Vaticano I.

Los tiempos cambiaron, hoy la ecología, meteorología, antropología, sociología y la hermenéutica son importantes, creando el mito del buen indígena y de sus admirables creencias que solo necesitan  a lo que llaman la inculturación del evangelio.

Hoy los llamados misioneros incluso Salesianos, se disfrazan de chamanes invocan a la madre tierra y toman las bebidas rituales, su dios y nuestro Dios dicen que son el mismo.

Cuanto les ayudaría retomar el camino trazado por su santo fundador. Prefiriendo una evangelización creativa y muy encarnada, bañada de teologías lejanas de Dios y cercanas al mundo, cada vez más van desdibujando al fundador de la verdadera Iglesia, van destruyendo la unidad y la doctrina.

Don Bosco en la santa Misa de despedida a los primeros misioneros Salesianos, inicia el sermón con las palabras de nuestro Divino Salvador antes de irse al cielo: “Id por todo el mundo… enseñad a todas las gentes… predicad el Evangelio a todas las creaturas. El Salvador dio un mandato a sus apóstoles y no un consejo; recordó, que de ese mandato o misión, proviene que se les llame misioneros a cuantos parten a predicar la fe, cerca o lejos.

Hace ver cómo los apóstoles cumplieron ese mandato del Maestro. Y recuerda cómo san Pedro y san Pablo recorrieron muchas ciudades, regiones y reinos del mundo. San Andrés fue a Persia, San Bartolomé a la India, Santiago a España. San Pablo escribe en la carta a los Romanos: Vuestra fe se anuncia por todas partes”.

El padre y maestro de la juventud les pregunta a sus muchachos: ¿No hubiese sido más acertado convertir primero toda Palestina? Discutir los puntos más importantes de la religión y los mejores métodos para enseñarla? Y Don Bosco continúa explicando, como los apóstoles no podían recorrer personalmente todas las regiones de la tierra, fueron enviando a propagar la Palabra de Dios a quienes se unían sucesivamente y los enviaban en todas direcciones. Así como san Pedro mandó a san Apolinar a Rávena y a san Bernabé a Milán, san Lino a Francia; y de manera similar los demás apóstoles contribuyeron en la organización y crecimiento de la Iglesia. Y los papas sucesores de los apóstoles siguieron la misma norma y cuando mandaban a misionar partían de Roma. Con esto se cuidaba la unidad y se garantizaba la fidelidad de la doctrina y a la tradición de la Iglesia.

Ciertamente Don Bosco conocía a esos jóvenes misioneros, los había formado desde que eran niños, comprendía la debilidad humana y los riesgos que se tienen cuando se vive en un ambiente adverso a la fe, la necesidad de una fuerte vida espiritual del misionero, de la renuncia, la austeridad, el testimonio, la aspiración a una vida virtuosa y en gracia de Dios. Sabía y advirtió de la dolorosa situación que vivían y siguen viviendo aquellas ciudades y pueblos, y por aquellos parajes, las dificultades de comunicación la geografía, por la cultura y por el lenguaje, que muchos niños y adultos viven la más deplorable ignorancia, no saben leer, ni escribir y por consecuencia todo abuso se da sobre estas personas. Pero siempre vio con claridad el fin de la misión en esas tierras, hoy la Amazonía, que ante todo busquen el bien de las almas y ayuden a conocer el camino de la salvación, que entiendan lo grande que es la misericordia de Dios. Pues teniendo a Dios nada falta.

La explotación infantil, la deforestación, la lucha por la tierra y mil problemas más, son importantes, también es importante la belleza de las culturas de las costumbres, de cómo los hombres de los pueblos entienden a su divinidad, a su dios, sus ritos, el sentido de su vida. Pero donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. ¿Nos falta fe para darnos cuenta que nuestro tesoro es el más grande, que es el Dios. creador de la naturaleza y del hombre?.

Gonzalo Guerrero, apostató, puso su corazón en los mayas, en la gente y en esa nueva cultura, en esos dioses dejando al Dios verdadero, al grado de dar la vida, defender y matar por sentirse identificado y ser parte de su nuevo pueblo, de su nueva raza. Poco duró su transformación, Hernán Cortés inició la conquista de la Nueva España, llegó al Sureste mexicano, se enteró de los náufragos sobrevivientes, los buscó y encontró a Gerónimo de Aguilar, pero Gonzalo Guerrero no respondió. Las luchas iniciaron, y el nuevo maya respondió al llamado y partió a lo que hoy es Honduras para defender con sus hombres el gran imperio Maya que se extendía más allá de esas tierras. Gonzalo Guerrero murió en una batalla y el campo quedó bañado de su sangre, la misma sangre que ofreció a sus nuevos dioses mayas.

 Don Bosco concluye diciendo a quienes no van de misioneros en ese momento a la Patagonia y a nosotros que no iremos de misioneros a la Amazonía. “A nosotros nos toca pedir al dueño de la mies que envíe muchos obreros a su mies, según su corazón a fin de que se propague por todas esas tierras el reino de Nuestro Señor Jesucristo”.

Jorge A. Rangel Sánchez

¿Han tomado su decisión después de leer este artículo? ¿Gonzalo Guerrero o Don Bosco?

Les invitamos a leer este artículo de Jorge en el que nos habla de Don Bosco


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