Decimoquinto Domingo después de Pentecostés

Evangelio del día. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Lucas, VII

En aquel tiempo iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores». Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!». El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».

Decimoquinto Domingo después de Pentecostés . Meditación

“Salía de la ciudad de Naim una mujer viuda acompañada de gran muchedumbre e iba a enterrar a su único hijo que acababa de morir. Jesús, lleno de compasión, hace que se detengan los portadores del féretro y le dice al joven muerto: “Yo te lo ordeno, levántate”. El joven se sentó y comenzó a hablar.

San Agustín nos comenta que nosotros solemos asombrarnos de la resurrección de un muerto y no es para menos. ¿Quién, jamás en la historia, tuvo semejante autoridad para con una sola orden resucitar a un muerto?
Pero este santo nos dice que más debería asombrarnos el que la Iglesia resucite tantos muertos por medio del sacramento de la penitencia, el de la confesión sacramental.

Santo Tomás de Aquino (s.XII), el más grande teólogo que ha tenido la Iglesia, afirma: “Dios, en el momento que perdona a una persona que estaba en pecado mortal, mediante la absolución de un sacerdote, utiliza más poder y grandeza que todo aquel que utilizó en el momento de crear el universo entero.”  Es por ello que resucitar a un muerto es un milagro mucho más pequeño que cuando el sacerdote perdona y absuelve a un pecador.

“Y para que veáis que el Hijo del Hombre tiene poder de perdonar los pecados, yo te lo ordeno (al paralítico): levántate y anda.” Y el paralítico comenzó a andar.

Es llamativo, como cuando recién ordenado sacerdote, confesaba en la Iglesia de San Nicolás de París hasta 6 horas los domingos, sin apenas sentir cansancio. Es de lo más gratificante poder hacer tanto bien mediante el sacramento de la penitencia o confesión: consolar, ayudar, alentar, escuchar y hasta llorar con ciertos casos impresionantes que ni las más excelentes películas los sabrían representar: “La realidad supera la ficción.”
Colas ante el confesionario de padres de familia, obreros, jóvenes, ancianos, cultos, ignorantes, jueces, abogados e incluso mujeres de la vida pública. Nunca olvidaré aquel hombre de mediana edad, culto, de elegante traje y que, en ese mismo confesionario, al terminar la confesión me miró por la rejilla, poniéndose de pie con gran aplomo, firme y recto como el más correcto oficial castrense; me dijo con una solemnidad que aún me impresiona bastante: “Yo le juro Padre, que nunca, ¡nunca dejaré de rezar por usted!” Y me lo volvió a repetir, por segunda y ¡por tercera vez…!
Sencillamente le sugerí que no se conformase con confesar maquinal y rutinariamente, que podía en cada día y confesión dar pasos en firme para mejorar su persona y vida espiritual con algunas normas generales que escuchó con suma atención.

Es decir, cuando la confesión es practicada con seriedad y no sólo por cumplir, cuando no se despacha al penitente para que se marche lo antes posible, sino que se le escucha y aconseja con atención según la necesidad de su caso, los beneficios de este Sacramento de la Confesión pueden ser inmensamente grandes.

El Santo Cura de Ars pasaba hasta 18 horas al día en el confesionario y no le bastaba. Su fama era tal que venían de lejanas tierras a confesarse con él.

Es asombroso el poder que tiene un ángel, con todo, sin embargo, no tiene el poder de confesar sí que tiene un sacerdote.

Con toda razón San Agustín, Padre de la Iglesia, nos dice que nos deberíamos asombrar más de los milagros del confesionario que del milagro de un muerto resucitado.

Y soplando sobre ellos les dijo: recibid el poder de perdonar los pecados, a aquellos a quienes se los perdonéis, les serán perdonados, a aquellos a quienes se los retengáis, les serán retenidos.”

Es de llamar la atención también, que el texto del evangelio nos relata que la mujer viuda iba acompañada por una gran muchedumbre. Lo cual significa que era muy apreciada y respetada en la ciudad de Naím. ¿Quienes irían en muchedumbre a acompañar en funeral a una persona desconocida o poco apreciada?
Es denotar lo grande que sería el dolor de esa mujer al ir a enterrar a un hijo joven, su único hijo.

Y para aquellos que desconocen a Jesucristo  considerándolo un Dios triste, porque habló de respetar diez mandamientos, porque habló de penitencia, porque habló de cargar cada quien con su propia cruz.

Anatole France, un ateo francés y escritor decía que Jesucristo venía a quitar las alegrías y goces de este mundo…

¿Quien puede dar más grande  gozo que aquel que devolvía vivos los muertos a sus familiares?

Bien lo ha comentado Santo Tomás de Aquíno, ¿cómo Jesucristo no va a poder devolver la vida a un muerto siendo que Él creo y dio vida al universo entero?

Estas resurrecciones fueron el preludio de su propia resurección y una advertencia: si fue capaz de devolver la vida a tantos, ¿cómo no iba a tener el poder de volver Él mismo a la vida?

Es por ello que San Pablo afirmó, “¿Dónde está oh muerte tu aguijón?”

Por ello cantamos todos en Pascua de Resurrección cada año :

 “Mors et vita duello conflixere mirando; dux vitæ mortuus, régnat vivus !

“La vida y la muerte se enfrentaron en duelo y el Rey de la vida que había muerto; ahora reina vivo.”

Ave Maria.

P. Ricardo Ruiz Vallejo

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Esperamos que la meditación del decimoquinto domingo después de Pentecostés les ayude a crecer en su vida espiritual

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.