Un antropólogo en Misa

¡Qué sorpresa! Aldo María nos revela en secreto suyo que hace que se distraiga en la Misa…¿Qué será, será?

Un antropólogo en Misa“, Aldo María Valli

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

(Artículo original disponible en https://www.aldomariavalli.it/2019/08/16/un-antropologo-alla-messa/)

Lo admito.  Durante la Misa me distraigo.  Mucho.  Pero no es culpa del celebrante.  La culpa es sólo mía.  O mejor, de mi pasión secreta:  la antropología de la religión.

¿Qué hace el antropólogo en Misa?  Observa a sus iguales.  ¿Y por qué?  Para ver cómo se comportan.  Y así toda celebración se convierte en ocasión de estudio.

Tomemos el Credo.  Tened presente cuando se reza «Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre…».  Pues bien, en ese momento se debería inclinar la cabeza.  ¿Pero cuántos lo hacen?

El antropólogo, mientras inclina la cabeza, echa un vistazo a derecha e izquierda (arriesgando la tortícolis), para ver si otros se acuerdan de rendir homenaje al incarnatusest.  Y toma apuntes mentalmente y traza diagramas y calcula porcentajes.  Y así verifica que los que inclinan la cabeza son una pequeña minoría.

¿Y qué decir de la comunión? 

¿Cuántos la toman con la mano?  ¿Cuántos en la boca?  ¿Cuántos se santiguan antes de tomarla?  ¿Cuántos lo hacen después?  ¿Cuántos no lo hacen?  ¿Cuántos inclinan la cabeza antes?  ¿Cuántos después?  ¿Cuántos en ningún momento?  ¿Cuántos se arrodillan?  (Pero en tal caso arriesgan fuerte, porque muchos sacerdotes aceptan todo, salvo arrodillarse para recibir la santa comunión).  ¿Cuántos se acercan a la comunión con las manos unidas?  ¿Cuántos con las manos en los bolsillos?  ¿Cuántos con los brazos colganderos a lo largo del cuerpo?  ¿Cuántos con el chicle en la boca?  ¿Cuántos sin chicle?

¿Y qué hay del sueño? 

¿Cuántos fieles, sin perjuicio de ciertas homilías, están despiertos?  ¿Cuántos, a causa de ciertas homilías, se duermen?  ¿Cuántos duermen fingiendo estar despiertos?  ¿Cuántos están despiertos pero, por los motivos que sean, fingen dormir?

¿Y el Padre nuestro?  ¿Cómo se reza?  ¿A la antigua o a la moderna? 

¿Cuántos dicen «y no nos induzcas en la tentación» y cuántos «y no nos dejes caer en la tentación»?  Para el antropólogo de la religión el Padre nuestro es ya unaprueba difícil.  Porque no basta con echar vistazos a derecha e izquierda:  hace falta incluso leer los labios, ¡y hacerlo rápido!  Y leer también los de los celebrantes, teniendo en cuenta, entre otras cosas, que en caso de concelebración podemos tener un sacerdote que reza a la moderna y otro a la antigua.

¿Y los brazos, durante el Padre nuestro, cómo y dónde están?  ¿Extendidos?  ¿Y cuánto?  ¿Y orientados hacia dónde?  ¿Hacia arriba o hacia adelante?  ¿Y las manos? ¿Cuántos cogen la mano del vecino?  ¿Y cuántos no?  ¿Y cuántos se disponen a cogerla pero, dándose cuenta de que al otro no le hace gracia, retiran la suya a toda prisa?

¿Y durante la consagración cuántos están de pie, cuántos se inclinan y cuántos se arrodillan? 

¿Y cuántos bajan la mirada y cuántos, por el contrario, miran al altar?  Y entre los que se inclinan, ¿cuántos se quedan así hasta la elevación del cáliz y cuántos, por el contrario, permanecen más tiempo?

¿Y el intercambio de la paz? 

Aquí el antropólogo de la religión no sabe literalmente dónde mirar:  debería tener mil ojos para registrar todo y catalogar todo.  Está el que saluda sólo al vecino de al lado.  El que saluda también al de delante pero no al de detrás.  El que sí al de detrás pero no al de delante.  El que sí al de delante y al de detrás.  El que se presenta dos filas más allá.  El que se sale de la fila para encontrase con el amigo o con la amiga.  El que sale de la fila, va hacia el amigo, se da cuenta de que se ha equivocado de persona pero ya es demasiado tarde y por consiguiente saluda con poca convicción.  El que sale de la fila, se dirige a encontrarse con su amigo pero entonces se lo vuelve a pensar.  Está el que se limita a dar la mano y el que da la mano y besa en la mejilla.  El que da la mano, besa y abraza.  El que no da la mano pero besa y abraza.  El que no da la mano, no besa pero abraza.

¿Y el sacerdote cómo saluda antes de la homilía? 

¿Dice «buenos días» o «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»?  ¿O quizás no dice nada?  ¿Y al final de la homilía?  ¿Dice «amén»?  ¿Dice «así sea»?  ¿Dice «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»?  ¿Dice «gracias por la atención y hasta la próxima»?  ¿O no dice nada?

Y al final de la Misa, después de «podéis ir en paz», ¿cómo se despide el celebrante?  ¿Con un «feliz domingo y feliz semana»?  ¿Con un «que aproveche la comida»? ¿Con un «adiós y gracias»?  ¿O sin nada más?

En suma, dedicarse a la antropología de la religión en el curso de una santa Misa católica es una tarea bastante complicada.

Verificar los diversos comportamientos permite también hacer hipótesis relativas a la tribu a la que pertenece el respectivo fiel y el mismo celebrante, ejercicio a su vez harto difícil.

Decir en la actualidad «católico», en efecto, no quiere decir casi nada.  Se impone ver de qué católico se trata.  Hace falta saber si estamos ante un católico sin adscripción o un católico perteneciente a un movimiento, a un grupo, a una asociación, y a qué movimiento, qué grupo, qué asociación.  Si es una cum Benedicto, una cum Francisco o incierto o medio medio. Si novus ordo o vetus ordo…  Sin contar el riesgo que te pueda suceder con un ambrosiano y sus relativas extrañezas.

Ya comprenderéis que al final de la Misa el antropólogo de las religiones puede estar comprensiblemente exhausto. 

Pero la tentación de medir y catalogar es demasiado fuerte.  Por otra parte, ¿cómo resistir?  La Santa Misa católica reserva siempre alguna sorpresa.

El antropólogo, por lo demás, ya se dispone a gustar los efectos del próximo sínodo amazónico.  Me pregunto, ¿se reconocerán las cerbatanas sagradas?  ¿Y cuántos las usarán?  ¿Y cuántos mojarán la flecha con agua santa y cuántos con curare?

Nuevos retos y nuevos horizontes para el antropólogo de las religiones.  Todosporexplorar.

Aldo Maria Valli

¿Se imaginaban Vds. que uno se podía encontrar un antropólogo en Misa? Pues ya ven, todo es posible.

Les invitamos a leer este otro artículo de Aldo María Valli: El cónclave del 2013, golpe de estado


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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/