Noviazgo y matrimonio en crisis, ¿Ataque a la familia católica?

Un artículo muy acertado el de Manuel, la familia está en crisis, ¿Por qué no empezar hablando de noviazgos en Cristo y relaciones santas?

“Noviazgo y matrimonio en crisis, ¿Ataque a la familia católica?”, Manuel Cuevas, Miles Christi

Es innegable que la célula de la sociedad es la familia, particularmente dentro de nuestra fe la familia viene a ser el lugar donde muchos aprendemos valores, recibimos la fe y los sacramentos, son nuestra fuente de amor a Dios y al prójimo, nuestra fuerza de unión para soportar y enfrentar los retos que hay en la vida, la familia cristiana es la Iglesia doméstica donde Dios se hace presente desde el momento en que se crea un vínculo sagrado por el Matrimonio.

El noviazgo, el matrimonio, la familia está en crisis, bajo un ataque sistemático y despiadado para destruir lo que no es obra de hombres sino institución divina, por eso mismo los enemigos de Dios y de la Iglesia atacan el Matrimonio católico con el divorcio, la “unión libre” ,las relaciones prematrimoniales, el libertinaje, tantas cosas que invitan a las nuevas generaciones a que se liberen para conseguir solo placer dando una falsa sensación de libertad que contrariamente logra esclavizar a quienes caen en la pendiente de quien se aleja de Dios y de lo que Él nos ha dejado como bueno y santo.

Estamos viviendo a un ritmo vertiginoso cambios en nuestra sociedad y en el mundo que adopta con singular alegría un egoísmo desbordado, que busca la aparente felicidad en bienes materiales, placeres, viajes justificándose muchas veces con una salpicada de buenismo causas sociales en las que se aboga por la ecología, los derechos de la mujer, la migración, pero dejando de lado cosas tan trascendentes como nuestros valores y raíces cristianas.

Así para nadie es novedad que este ataque generalizado a la familia a los principios cristianos, a la familia, célula primordial de la sociedad, tenga varios frentes, como la ideología de género que intenta pervertir y cambiar a nuestros hijos, como el acceso a una vida de libertinaje y hedonismo que el mundo ofrece con métodos de planificación , uniones de personas del mismo sexo, anticonceptivos y aborto para que las personas gocen sin remordimientos, sin ataduras o responsabilidad, en fin un desorden moral con perniciosos errores y depravadas costumbres, que ya han comenzado a cundir entre los fieles, haciendo esfuerzos solapados por introducirse más profundamente.

Lo más efectivo que pueden hacer los enemigos de Dios y de la Iglesia es atacar el origen de la familia en el noviazgo y posteriormente en el matrimonio, pues así lograrán corromper y destruir valores con los que no están de acuerdo porque provienen del Señor.

Para llegar al matrimonio se tiene una etapa, un proceso en el cual un hombre y una mujer se conocen y deciden formar una familia, eso es el noviazgo, el conocer si la persona que elegimos es la adecuada para formar una familia cristiana, un matrimonio católico y no es cosa menor, recuerdo bien que nos dijo el Sacerdote que nos casó a mi esposa y a mí, “recuerden que es para toda la vida”, no hay por tanto decisión más importante que escoger a la persona adecuada como novio y posteriormente como cónyuge.

Nos decía el Papa Pio XI “Aunque el matrimonio sea de institución divina por su misma naturaleza, con todo, la voluntad humana tiene también en él su parte, y por cierto nobilísima, porque todo matrimonio, en cuanto que es unión conyugal entre un determinado hombre y una determinada mujer, no se realiza sin el libre consentimiento de ambos esposos, y este acto libre de la voluntad, por el cual una y otra parte entrega y acepta el derecho propio del matrimonio, es tan necesario para la constitución del verdadero matrimonio, que ninguna potestad humana lo puede suplir”(1).

Ese acto de libre voluntad y entrega empieza en el noviazgo, por ello cuando sea necesario debemos preparar a nuestros hijos para que de forma libre, pero bien pensada tomen la decisión correcta cuando tengan un noviazgo y posteriormente un matrimonio.

Todo pasa por Dios, quien debe ser el primer invitado a formar parte de nuestra vida, la oración, el testimonio de los padres, los valores y principios deben enseñarse y vivirse, que no solo sean sueños.

El noviazgo debe ir de la mano de Dios, de un verdadero respeto, comunicación y algo que es cada vez más difícil encontrar en estos tiempos castidad acorde a nuestro estado de vida.

El Padre Jorge Loring SJ (+) comentaba “Cuando unos novios viven un amor sucio, después les amarga.

En cambio, unos novios que han luchado por vencerse y mantener unas relaciones puras, tiene una ilusión, una felicidad y un amor muchísimo mayores, todos los esfuerzos que hayan realizado solos o en común para respetar las exigencias de la castidad antes del matrimonio les ayudarán poderosamente a respetar más tarde todas las exigencias de la castidad del matrimonio. Se cosecha lo que se sembró, todo esfuerzo en este punto tendrá un día su recompensa”.

Y eso es cierto, un noviazgo bien llevado conduce a un matrimonio realmente acorde a lo que Dios desea, y eso nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica “Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad” (CEC 2350).

El matrimonio debe ser pues el resultado de un noviazgo en el que dos personas libremente deciden amarse acorde a los designios de Dios, y recordando nuevamente al catecismo que nos enseña “Por la unión de los esposos se realiza el doble fin del matrimonio; el bien de los esposos y la transmisión de la vida no se pueden separar estas dos significaciones o valores del matrimonio sin alterar la vida espiritual de los cónyuges ni comprometer los bienes del matrimonio y el porvenir dela familia. Así, el amor conyugal del hombre y la mujer queda situado bajo la doble exigencia de la FIDELIDAD y la FECUNDIDAD” (CEC 2363)

Ya casados debemos tener comunicación y una verdadera vida de amor y oración para lograr frutos de santidad en nuestra familia y con nuestros hijos, desde bendecir los alimentos, hacer oración juntos por un nuevo día y agradecer a Dios lo que se nos ha dado, frecuentar los sacramentos, sobre todo la Confesión y la Eucaristía, enseñar a nuestros hijos a orar y darles testimonio de que vivimos lo que creemos

¿Quieres que tus hijos sean Santos? Empieza tú mismo a ser santo

Queremos que nuestros hijos, fruto del matrimonio, sean buenos, honrados, virtuosos y fieles católicos, pregúntate entonces si tú lo eres ¿Das buen ejemplo a tus hijos? ¿Eres esposo fiel, padre justo y afectuoso? Tus hijos serán los futuros soldados de Dios en la lucha contra el mal y por defender el depósito de la fe que nos ha sido confiado, Estamos del lado vencedor aunque muchos no lo crean, Dios ha vencido al mundo y al maligno, pero este tratará de engañarnos y sus mayores ataques serán contra la familia cristiana.

Esto pudiera ser un escenario difícil, y sin embargo Dios continuamente nos toma de la mano, nos da las gracias necesarias para superar cualquier obstáculo ,les comento dos testimonios que me dan esperanza sobre el noviazgo y el matrimonio en estos tiempos, hace poco me enteré del compromiso de unos jóvenes novios que han tenido la gracia de encontrarse y ahora delante de Dios hicieron su compromiso, ambos católicos se conocieron en una Hora Santa, adorando a Jesús Eucaristía, y el Señor de la vida y del amor los unió, hicieron promesa de castidad en una Misa para vivir su noviazgo, ambos provienen de familias católicas practicantes e integradas y hacían oración pidiendo a Dios por su futuro pareja y el Señor los escuchó y ya iniciaron los preparativos para celebrar el sacramento del Matrimonio, es una alegría ver que aun en estos tiempos los jóvenes toman este tipo de decisiones inspirados sin duda por Dios, desgraciadamente no es la regla.

Otros hermanos muy cercanos a nuestra familia, se conocieron desde jóvenes, pasaron muchas vicisitudes fueron novios, pero se alejaron y mucho tiempo después hicieron su vida, pero el Señor los tenía destinados el uno para el otro, después de que ambos vivieron cosas muy difíciles, se rencontraron en edad adulta y hace poco pudieron contraer Matrimonio en la Iglesia ellos felices de poder unir sus vidas delante del Señor, la vocación al matrimonio viene de Dios, nunca lo dudemos.

Como señalamos, la finalidad del matrimonio es fidelidad y fecundidad, el Papa Juan Pablo II en la “Familiaris consortio” explicaba al respecto, “La fecundidad es el fruto y el signo del amor conyugal, el testimonio vivo de la entrega plena y recíproca de los esposos: «El cultivo auténtico del amor conyugal y toda la estructura de la vida familiar que de él deriva, sin dejar de lado los demás fines del matrimonio, tienden a capacitar a los esposos para cooperar con fortaleza de espíritu con el amor del Creador y del Salvador, quien por medio de ellos aumenta y enriquece diariamente su propia familia”(2).

Y reafirma en la misma carta “La comunión conyugal se caracteriza no sólo por su unidad, sino también por su indisolubilidad. <<Esta unión íntima, en cuanto a donación mutua de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen la plena fidelidad de los cónyuges y reclaman su indisoluble unidad>> (2)

Por eso también fue enfático el Papa Pio XI en la “Casti Connubii”,<<Así que debemos tratar de entender que Dios mismo, origen y fin de todo lo bueno, entendamos que el matrimonio no fue instituido ni restaurado por obra de los hombres, sino por obra divina; que no fue protegido, confirmado ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de Cristo Señor, Redentor de la misma, y que, por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningún hombre, ni siquiera al acuerdo contrario de los mismos cónyuges. Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura, ésta la constante tradición de la Iglesia universal, ésta la definición solemne del santo Concilio de Trento, el cual, con las mismas palabras del texto sagrado, expone y confirma que el perpetuo e indisoluble vínculo del matrimonio, su unidad y su estabilidad tienen por autor a Dios>> [1].

Decía Sor Lucía, vidente de Fátima “La batalla final entre el Señor y el reino de Satanás será acerca del matrimonio y la familia” ya estamos en esta batalla hermanos, aprestad la defensa de la fe y de la familia.

Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre.

Este artículo lo dedico a Dios por el amor de mis hermanos Laura Mariana Vázquez y Jesús Villalobos, también por Ana Lilia y Miguel para que formen familias católicas donde siempre se adore a Cristo, Nuestro Señor.

Manuel Cuevas Miles Christi

1.-Casti connubii

2.- Familiaris consortio.

3.-Catecismo de la Iglesia Católica

4.-Foto cortesía de Laura Mariana y Jesús

Esperemos que resurja el santo amor y el noviazgo y matrimonio dejen de estar en crisis

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Manuel Cuevas-Miles Christi

Manuel Cuevas-Miles Christi

Católico,mexicano, felizmente casado y con tres hijos, Médico Ortopedista de profesión, vive y trabaja cerca de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México. Colabora con algunos foros de formación y de apologética católica en redes sociales. Preocupado por su salvación y la de sus hermanos, fiel a Dios y al Magisterio infalible de la Iglesia Católica.