Modernidad y posmodernidad en el barrio general Lamadrid

Sebastián nos lleva nuevamente al barrio de Lamadrid en el que nos vamos a encontrar con “el Vasco”, ¿Se animan a recorrer este lugar para escuchar las reflexiones del filósofo?

“Modernidad y posmodernidad en el barrio general Lamadrid”, Sebastian Renna

Escripta manent, lo escrito permanece y nos revela a su autor” (Tomaso Bugossi )

El Filósofo del barrio Gral. Lamadrid: Daniel “el vasco” Medrano, recorría las calles del barrio ensimismado en sus especulaciones. Cuando lo creía oportuno, acudía a alguna de las esquinas del barrio a fin de exponer el resultado de sus habituales deliberaciones. Sabemos que la elección de los estrados no era azarosa, pero sólo él conocía la ubicación de cada uno de ellos.

A quienes estábamos interesados en escuchar las reflexiones del Filósofo, nos era prácticamente imposible estar presentes en el momento en que se decidía expresarlas, porque su recorrido no era previsible y por ello, debíamos recurrir a ocasionales testigos que difícilmente se detenían a escucharlo, y los que lo hacían, no podían repetir lo que oían porque no lo comprendían o, simplemente, por considerar meros disparates lo que escuchaban, pero al menos, a través de ellos, conocíamos la localización del evento.

Medrano solía reunirse en la esquina donde mi padre tenía su comercio: “El Mercadito”, con mi padre y otros dos o tres amigos, vecinos del barrio, de suerte que se armaba una pequeña tertulia de la que yo participaba, pero sólo en carácter de espectador. Alguna vez cometí el error de confrontar con él. Yo, apenas un adolescente y él un hombre muy mayor y con tal energía, que ciertamente, bastaba para avasallar a su interlocutor.

El vasco escribía por las noches de manera compulsiva. Su obra es monumental. Hemos podido acceder a ella por el Licenciado Mignoli quién, obedeciendo a su agudo instinto fue rastreando los vestigios de la pluma de “Medrano” hasta dar con la obra completa. Publicada en Madrid, por la “Editorial Diatriba”, los escritos del vasco abarcan multitud de cuestiones y suman varios tomos. Nadie se explica cómo es posible que escribiese tanto y sobre tantos temas. Por ella y gracias a la tenaz pesquisa de Mignoli, hemos podido precisar su pensamiento que Olivieri calificara de “heterodoxo”, aunque tal no es el tema del presente escrito.

Por Mignoli supe que “el vasco” tenía siempre presente la declaración de Don Miguel de Unamuno:

La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición, lo es de la personalidad colectiva de un pueblo. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir”.

(Del sentimiento trágico de la vida, “El hombre de carne y hueso”, Capítulo 1).

Mignoli, que conocía mi interés por las obras del vasco, me permitió realizar una copia de las “Obras completas” de Medrano. Después de examinarla, pude comprobar las coincidencias inequívocas de los escritos que allí se leían con su personalidad. Sus laboriosas notas reunidas en 25 tomos constituyen hoy, uno de los mayores tesoros que pueblan los anaqueles de mi pequeña biblioteca.

Transcribo una breve reflexión de las tantas que he encontrado en ella, sobre “La Vanidad”:

«No somos para el olvido, pero el recuerdo es un privilegio que no solemos merecer. Si recordar es refundar nuestro afán de perpetuidad, renunciar a nuestra historia equivale a repudiar el ser, porque somos aquello que hemos sido, actualizado en el ejercicio de una libertad al servicio de nuestra identidad.

Recordar lo que somos nos afianza en nuestro ser, y nos proyecta a su plenitud.

Vivimos un acontecer fundado en el vértigo que conduce a la disolución. Me ha causado mucho dolor ver el desdén de aquel que considera que haber sido otro hubiese favorecido su existencia, en la que la alternativa a la plenitud es la abundancia.

Un mero acto de la voluntad no basta para mudar de forma. No creo necesario recordar aquí el “principio de contradicción”, de todos modos, lo enunciaré: “es imposible que una cosa sea y no sea al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”, o bien: “es imposible ser y no ser a la vez”, principio que rige el orden real o metafísico, no sólo el orden lógico.

No hay fatalidad en lo que somos, y lo que perfecciona al ser es la plenitud, que puede alcanzarse en el devenir según la adecuada actualización del ser que nos ha sido participado.

Sepan aquellos quienes reniegan de sí mismos, que asumir lo accidental como sustancial, o la apariencia del otro como forma, es un acto suicida, una patética abdicación, una deplorable deserción que acaba indefectiblemente en la nada, en dejar de ser.

Lo repito, y espero que esto se comprenda como severa advertencia: La alternativa a renunciar a ser lo que somos es dejar de ser».

(“Del yo, que no sabe quién es, pero quiere ser otro”. Obras Completas. Apuntes para una sinuosa ontología del barrio General Lamadrid, Tomo III, Libro 10, Capítulo 4, Editorial DIATRIBA, Madrid, 197

Nuestro Filósofo no ignoraba las características de la modernidad y la devastación que debemos al imperio del relativismo, instalado por el pensamiento moderno que no se cansa de promover los bochornosos apotegmas de la “utilidad”, y la “eficacia” (dejo la definición de estos términos, sin duda equívocos, para otra ocasión). “Tópicos” que hemos ido asumiendo, aún los que no sólo descreemos de ellos, además de repudiarlos.

Todos sabemos que la modernidad consiste en “matar a Dios” y “entronizar al hombre”.

Aquel teocentrismo que promovía la virtud en orden al bien trascendente, hoy, ha sido reemplazado por un grosero antropocentrismo que postula, sin vergüenza ni pudores de ninguna clase, el egoísmo en orden al placer inmanente.

Somos, además, víctimas de una grosera impunidad que justificamos según el principio de conveniencia. He escuchado de hombres notables: “esto no es negociable, lo que no impide acordar sobre lo demás…”, sin descartar cierta “arbitrariedad” y la incomodidad de “ceder”, si es “necesario” (estoy seguro que el lector comprenderá a qué me refiero). Yo creo que, para estos señores, en las instancias superiores que rigen nuestra actual contingencia: “todo es y debe ser negociable”.

A Daniel, “el vasco” Medrano, todo esto le resultaba execrable, vomitivo. Pero sabía algo más. Y lo ha declarado en su obra, denunciado, en otros términos, pero claramente anunciado: “lo que llamamos posmodernidad, a mi juicio, consiste en matar al hombre”.

Me han preguntado: ¿y después de ello qué? “Nada” (he respondido). Pero ¿quién sabe? Recordé a un amigo que ante una pregunta semejante respondió: “¡Algo se nos va a ocurrir!”.

A fin de ilustrar al lector sobre las consecuencias del modernismo y la posmodernidad, sito al azar tres ejemplos, por no abusar de su paciencia:

El Licenciado Mignoli ha escrito varios libros: “Documentos”, “Instituciones”, “Historias”, “Personajes” y “Testimonios” (del barrio Gral. Lamadrid). Sin duda, es una fuente inagotable de la que podemos extraer, con su permiso, algunos ejemplos para que el lector aprecie cómo se vive lo enunciado más arriba, en nuestro querido barrio. Cito de su libro “Personajes”, el extracto que sigue:

«El Beto Díaz, “aspirante a patrocinador de aspirantes”, anotó en sus apuntes sobre “Las demandas de la modernidad y su incidencia en la conveniente actitud y aptitud de nuestros jóvenes emprendedores”, algunas impresiones personales basadas en experiencias ajenas, pero, y en su opinión, muy sugestivas y apropiadas para el fin que se proponía:

El futuro de una empresa, ésta (entre otras y sobre todo en cuanto a nuestra competencia: la otra), debe descartar viejas estrategias qué, si algún éxito alcanzaron, no han sido suficientemente eficaces. Se han empleado herramientas para la ocasión, pero sin un adecuado relevamiento del terreno, y demasiado conservadoras. La presente realidad es nuestro desafío. Hoy las condiciones han cambiado, y por ello, debemos acudir a nuevos medios. Analicemos la actualidad, allí están las perspectivas que nos guiarán en el esfuerzo, permitámonos escuchar las urgencias de los tiempos, y no caigamos en el mismo error, es necesario que nuestra táctica además de ingeniosa sea sumamente agresiva. Y si señores, debe correr sangre y mucha”.

(Apuntes para el discurso inaugural sobre técnicas de marketing y tácticas alternativas: ¿Cómo enfrentar el análisis del mercado, evaluar estrategias experimentales, examinar variables y sondear alternativas, en la eventualidad y ante los desafíos contingenciales de la coyuntura?)».

Mignoli añade, no sin cierta ternura, que el hombre verdaderamente necesitaba el empleo… No lo obtuvo.

(Documentos, “Sobre quiénes lo intentaron y fracasaron”. Capítulo 4, Editorial Ensayos, Ciudad de Córdoba, Argentina, 1988).

Jorge Gustavo Fernández, Psicólogo local, quien ha hecho pública su repulsión por la “Sociedad de los amigos de la nostalgia” (vecinos autoproclamados guardianes de la tradición y empeñados en conservar “vestigios” de otros tiempos en los que fueron felices, o no, pero que constituyen un “devenir” que debe conocerse para comprender el presente), acusándolos de hipocondría, y afirmando el carácter ilusorio del pasado en la inteligencia de que todo lo que fue ya no es.

Sólo nos pertenece el presente (afirma Fernández). El pasado es una basta pesadilla y el futuro, no más que pura posibilidad, por lo que tampoco importa demasiado, al menos, en el sentido pragmático de la vigencia categórica delimperativo de la circunstancia”.

En su libro: “El deseo y la necesidad”, declara a partir de un caso que debió atender, el concepto de “oportunidad”:

«Cierto joven enamorado suspira por una rubia que desea, pero ésta lo ignora. Le envía rosas presentándose y revelando sus intenciones. La dama reacciona con indiferencia. Una morocha se muestra interesada en el joven. Él lo percibe, renuncia a la ingrata y acepta los favores de la segunda. El deseo se satisface de manera imperfecta, pero cesa. El joven descansa».

(El deseo y la necesidad, “Lo que importa” Capítulo 3, página 34, Ciudad de Córdoba, Argentina, 1995).

Don Guillermo Ignacio Olivieri, ajeno a las “transgresiones refractarias” de los intelectuales modernos, adjudica al olvido -no al pasado-, una cierta oscuridad, cercana a la vacuidad y a la muerte:

Yo vivo recordando, y escribo para no olvidar. Cada detalle de mi vida puede y debe ser expresado, no en beneficio del interés general, poco me importa eso, sino por conservar en el papel aquellos pormenores e insignificancias que me han hecho este que soy, nada especial, sólo un hombre, que debe a breves alegrías y magníficos pesares, la conciencia de haber existido. Esas pobres laboriosas certezas me redimirán de la extinción y la ausencia, de la muerte”.

Crónicas inéditas: “De las escasas proezas y las vastas miserias que justifican la existencia”. Tomo VII, Libro II, Introducción, Pagina 2).

Las “Obras Completas” de Don Guillermo (Cronista y Exégeta del barrio General Lamadrid), se conocen por “Crónicas inéditas” (título que le adjudicó la editorial). De 10 tomos se compone esta obra, que debemos al afecto de los vecinos del barrio por el bueno de Don Guillermo, quienes a instancias de la “Sociedad de los amigos de la nostalgia” organizaron un “locro” en su homenaje, y con la recaudación del evento financiaron la publicación de unos 20 ejemplares completos de sus escritos, recopilados por Mignoli, y publicados en nuestra ciudad por la “Editorial El Gorrión”. Se distribuyeron entre distintas bibliotecas públicas de todo el país 19 de las 20 “Crónicas Inéditas” (completas, con lo 10 tomos que componían la obra de Don Guillermo), y una se donó a la “Biblioteca Municipal” de nuestra ciudad, aunque no me explico por qué ya no están allí. Afortunadamente yo copié los 10 tomos antes que desaparecieran, y de esa copia obtuvo Mignoli la suya.

Por aquí se habla permanentemente de la “necesidad” de un nuevo “contrato social”, cuando lo escucho inmediatamente pienso en Jean-Jacques Rousseau y la ilustración… Creo que quienes lo proponen al “pueblo” saben de qué hablan, saben lo que quieren y avanzan en esa dirección. Llevan siglos engañándonos y así continuarán.

Sólo agregaré que la modernidad y la posmodernidad, son consecuencias de una claudicación.

Sebastián Renna

¿Quieren saber algo más del barrio Lamadrid?, les invitamos a leer el laberinto y la biblioteca mágica

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Sebastian Renna

Sebastian Renna

Mendigo de Dios e impenitente objetor del Siglo