Misericordiado: D. Fabián y el pueblo malo

Su primer artículo en Marchando Religión fue un auténtico éxito y estamos seguros que este no será menos. ¡Cómo tratan a los Sacerdotes santos en muchos lugares! Pobre D. Fabián, misericordiado

“Misericordiado: D. Fabián y el pueblo malo”, Padre Jesús de María

Una historia novelada dedicada a todos mis hermanos sacerdotes que humildemente desempeñan su labor olvidados de sus superiores, sabiendo que, aunque no son reconocidos, Dios los premia con la cruz y Nuestra Santísima Madre los guarda en su Inmaculado Corazón.

Al colgarle el teléfono al Vicario General, después de acabada la conversación, la sentencia estaba dictada, saldría del pueblo sin ninguna explicación. Siempre que llamaba el Vicario, no era para saludar e interesarse, o para animarle, siempre era para regañar, para decirle que le escribían cartas por su pastoral. Pero en aquella ocasión D. Fabián no se pudo aguantar más

¿Qué me llamas para que en privado dé la comunión a Isabelita que lleva quince años casada por lo civil y todos los curas se la han dado y que yo tengo que tener caridad?

Don Fabián que tenía muy mal genio, pero era hombre honesto y de verdad, estalló sin escatimar palabras ante tamaña barbaridad.

¿Y por qué lo cambiaron? Porque no supo ser diplomático, ni deshonesto, aunque a esto se le llame hoy falta de misericordia, intransigencia e incluso que no se tiene caridad. No tuvo a más decirle a su reverencia misericordiosísima, que se lo pusiera por escrito, que con ese escrito se iría a la Signatura apostólica a denunciar la sugerencia de su Vicario General.

Cuando lo llamó el obispo para cambiarlo de pueblo ya se sabía con certeza la salida de D. Fabián, pues los malintencionados, los que escribían al obispado ya habían sido informados por los que siempre, en esa bendita casa, hablan de discreción y prudencia pastoral. La sorpresa del pobre cura al hablar con el susodicho ordinario del lugar, no era ya su salida, sino el destino al que le iban a mandar, Valdesequillo, el pueblo donde fue párroco quince años atrás. El obispo timorato dominado por el Vicario General quedó sorprendido al conocer que ya había sido párroco de aquél lugar. No puedes entonces ir allí, pues yo no sabía que ya habías estado, me han engañado, no me han dicho la verdad.

A pesar de los pesares, de la sorpresa del obispo y del mismo D. Fabián, este volvió a ir a Valdesequillo, a ese pueblo tan malo del que quince años antes había solicitado marchar.

Valdesequillo era un pueblo pequeño lleno de odio y maldad, de gente soberbia y de apariencias que manaban falsedad.

De allí salió triste y desencantado ya que su salud se deterioraba, por tantos malos ratos y por tanta beata mala, de esas que buscan en la Iglesia matar su apatía y aburrimiento, y que llenas de celos y envidias critican y murmuran por su desordenada afectividad. Si el cura no está sólo para ellas, no está para nadie más…

La parroquia estaba abandonada, llena de goteras, convertidas algunas capillas en trasteros por los enseres de las hermandades, que después de encerrar al santo tras el día de su fiesta, ya de él no se acuerdan más. La catequesis prácticamente no se daba, se cumplía el expediente para no tener problemas, se casaba, se daba la comunión y se confirmaba sin la más mínima preparación. Era un pueblo de paso, de esos que a ningún cura gusta por lo problemático y por el poco fruto pastoral. Las misas eran de quince minutos, cuando se decían, porque el cura venía de otro pueblo y no tenía tiempo ni ganas de atenderlo más (a este nunca lo llamaba el Vicario ni nadie se quejaba de él porque los dejara sin misa, ni escribían cartas, no daba problemas ya que todo lo toleraba y esos malintencionados fieles así descansaban del precepto dominical).

La casa estaba abandonada, no había recursos y para poderla habitar tuvo que pedir ayuda a sus padres, que no comprendían por qué su hijo volvía al mismo pueblo pequeño que antes llevaba con otro más grande y ahora que faltaban curas lo dejaban con Valdesequillo nada más.

Es verdad que no todo eran espinas, también había gente buena, tal vez poca en número, pero eso sí, con mucho miedo a los demás.

D. Fabián que era hombre activo y trabajador, rezaba y rezaba y con el Señor se desahogaba y se puso otra vez a trabajar.

Atendía a su parroquia, visitaba semanalmente a sus enfermos e incluso la residencia de ancianos donde con los niños y algunos catequistas organizaba procesiones, el mes de mayo y conseguía que los ancianitos disfrutaran de con algunos niños de la parroquia ya que sus nietos no los iban a ver.

Como la labor que le habían encomendado era poca, a pesar de que faltaran sacerdotes, D. Fabián estudiaba, oraba y trabajaba, sí, trabajaba lo que se dice físicamente porque en la Iglesia había un huerto abandonado que fue parte del antiguo cementerio y del que los remotos vecinos se habían en parte apropiado hasta dejarlo sin salida al exterior, completamente cerrado. Tenía acceso desde la sacristía y desde el salón parroquial y como aquél era un lugar sagrado D. Fabián pensó hacer un jardín como lo más apropiado donde estuviera dedicado a la Virgen, ya que en aquel pueblo Nuestra Señora del Cielo era olvidada porque la devoción se la llevaba la santa patrona mártir que allí se veneraba. Él amaba a la Virgen y sufría cuando no era querida y para ella trabajaba duramente tratando de reparar tanto desamor. Durante un año estuvo él sólo por las mañanas sacando escombros, hierros viejos, latas y gastaba sus fuerzas adecentando aquél duro terreno quitando hierbas, allanando y limpiando tanta dejadez. Al segundo año ubicó en el sitio más emblemático la imagen de la Virgen Milagrosa que se colocó aquel cuatro de Julio, fiesta del Inmaculado Corazón de María y primer sábado de mes.

Bendijo la imagen y celebró la Santa Misa propia para ese día.

Su alegría desbordaba porque a la Virgen le dedicaba ese huerto que con tanto entusiasmo y esfuerzo le trabajaba. Apenas acudió nadie, literalmente cuatro mujeres de la parroquia, pero a él eso nada le importaba, ahora la Virgen tenía su jardín, y él lo cuidaría y le plantaría árboles y flores que lo embellecieran y le colocaría una hermosa fuente que con su sonar cristalino le recordara la pureza de la Reina del cielo.

Con la llegada de la primavera los pocos niños de la catequesis comenzaron a ir a rezar ante la imagen del jardín el santo rosario y mientras los árboles fueron creciendo al llegar el verano ya tenía el huerto sus luces y farolas y la hermosa imagen iluminada de noche traía paz y consuelo a aquél, ahora hermoso lugar.

 ¡Viva santa Catena y su Santísimo hijo! Gritaban, el día de la patrona, los muy brutos del pueblo que ni siquiera distinguían a la Virgen Mártir de la Madre de Dios, y como en los pueblos de alrededor tenían por patrona a la Virgen María cada uno en su propia advocación, los de Valdesequillo decían que su santa no iba a ser menos y también le hacían tener un hijo y que fuera también santísimo. A D. Fabián se lo llevaban los demonios, ¡que no, pedazo de brutos! Que nuestra patrona es Virgen y Mártir, que no es la Madre de Dios, les decía a aquellos aldeanos que nunca pisaban la Iglesia más que por el día de la gran fiesta patronal. Eran tan bestiajos y maleducados que la noche antes de la fiesta patronal tuvieron que cerrar la Iglesia porque se inventaron la costumbre de entrar a cantarle serenatas a la santa, y bailaban y tiraban los jarrones de flores y se subían al altar y hasta metían una tuna de viejos mozicos que todo lo que cantaban no tenía que ver nada con la piedad. Las beatas dominantes de la hermandad que habían solicitado el cierre, no por respeto al templo, sino para no tener después que limpiar, cuando se produjo un altercado en la puerta de la Iglesia, se echaron para atrás y comenzaron a decir que ellas no tenían que ver nada, que eran cosas de D. Fabián. Y a casa del cura fueron todos, y aporrearon la puerta y los borrachos gritaban y le ofendían y le insultaban y ni el cobarde del alcalde que era vecino del cura ni siquiera le ayudaba. ¡Pobre noche la de D. Fabián! Que por defender el templo sagrado de tanta profanación ahora el diablo se ensañaba y le atacaba y se lo hacía pagar.

Todo llegó a oídos del nuevo obispo, otra vez por los medios de comunicación, y es así que su Reverendísima, ni lo defendió, ni lo apoyó y jamás tomó el teléfono para un mínimo cómo estás. Y mejor no hablar del nuevo Vicario General que ahora sólo buscaba recompensar a sus amigos y desprestigiar a quien con su ejemplo le denunciaba su vaciedad. Y es así como se vio libre D. Fabián de aquél pueblo malo y comprendió que no había venido al pueblo a triunfar, sino a padecer y dar otra oportunidad de gracia y conversión a aquél pueblo de perfidia sin igual.

 D. Fabián fue retirado sin apenas labor pastoral y llevó una vida humilde de oración y piedad y unas buenas monjas le dejaron una sencilla casita, ya que ni en esto fue atendido por aquellos superiores que lo tachaban de intransigencia y falto de caridad. Y su gozo fue el Señor, su retiro y su oración y todavía sueña con el cielo y con la Madre de Dios y le pide a la Reina del Amor ser allí su jardinero y cantar eternamente su favor.

Padre Jesús de María

Un artículo para la reflexión, un Sacerdote misericordiado, así son tratados nuestros sacerdotes santos muchas veces.

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