La oración de Jesús

MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

“La oración de Jesús”, Rev. D. Vicente Ramón Escandell

1. Relato evangélico (Lc 11, 1-13)

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos». 2 Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, 3 danos cada día nuestro pan cotidiano, 4 perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”».

Y les dijo: «Suponed que alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde: “No me molestes; la

puerta ya está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; 8 os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues yo os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?».

2. Comentario

San Lucas destaca en su evangelio la faceta de Jesús como orante, pero también como maestro de oración. La oración de Jesús es la expresión más perfecta, humanamente hablando, de la súplica al Padre que haya podido resonar en la Tierra. Por esto mismo, el Divino Maestro comparte su experiencia con sus discípulos y con aquellos que están dispuestos a escucharle. En el marco del Templo, la Casa de Dios y de la Oración, Jesús expone su doctrina sobre la misma, destacando, la necesidad de la perseverancia en el orante y la generosidad de Dios para con quien le suplica. Estas dos características se encierran a la perfección en la oración dominical, el Padrenuestro, que Jesús entrega a sus discípulos como la forma más perfecta de oración. No hay formula litúrgica más bella que ella, síntesis de toda oración cristiana, que el mismo Señor nos dio y que con veneración y respeto recitamos en multitud de ocasiones, a veces de forma distraída, pero con un corazón filial.  En ella se encierra las aspiraciones más sublimes del alma humana y los sentimientos de amor filiar más sincero, con las preocupaciones de cada día que Dios tiene en cuenta y que atiende según su designo providencial. Sencillez, brevedad, humildad y confianza son las notas características del Padrenuestro y de la doctrina sobre la oración que nos dejó el Señor.

3. Reflexión

La oración es la elevación de la mente a Dos para alabarle y pedirle cosas convenientes a la eterna salvación, afirma santo Tomas de Aquino.

La oración es un dialogo entre Dios y el hombre, en el que este eleva su alma, por encima de las preocupaciones diarias, para entrar en el misterio de Dios. El objetivo principal de la oración es, al contrario de lo que pensamos, no pedir a Dios cosas constantemente, sino alabarle, bendecirle, darle gracias y glorificarlo, como proclamamos cada Domingo en el canto del Gloria; con ello nos unimos a los coros angélicos y a los santos, en esa alabanza eterna y mística, que entonan constantemente ante Él, reconociendo su grandeza y poder. Es un acto de humildad y agradecimiento ante Aquel que nos ha creado por amor y no por necesidad, pero para quien somos lo más excelso de la Creación, por encima incluso de los ángeles. Este reconocimiento de la grandeza, poder y bondad de Dios no elimina que, en nuestra oración, le presentemos nuestras necesidades espirituales o temporales más profundas; son muchas nuestras carencias, nuestros límites y nuestros pecados, para no acudir a la bondad de Dios en nuestra oración. Ahora bien, hay que tener en cuenta, que todo cuanto le pidamos debe estar orientado a nuestra salvación y a la del prójimo: nuestra oración no puede ser vehículo de nuestro egoísmo o de miras demasiado terrenas, que nada tienen que ver con el destino eterno de nuestra existencia. Todo aquello que le pidamos y sea conveniente para nuestra salvación, Dios no dudara en concedérnoslo más tarde o más temprano, siempre según su justa providencia; la paciencia, humildad y perseverancia del orante obtendrán siempre su fruto, que muchas veces podrá superar sus expectativas.

3. Testimonio de los Padres de la Iglesia

San Juan Crisóstomo (354-407)

Nada hay, en efecto, que mueva tanto a amar como el pensamiento, por parte de la persona amada, de que aquel que la ama desea en gran manera verse correspondido.

Homilía sobre la segunda carta a los Corintios (14, 1-2)

4. Oración

Señor y Dios nuestro, como los discípulos, también nosotros te pedimos que nos enseñes orar; que nuestra oración, como pedía tu siervo san Benito, sea sincera y humilde, para alcanzar aquello que te pedimos, pero, sobre todo la vida eterna. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna