Décimo Domingo después de Pentecostés

Evangelio del día.Décimo domingo después de Pentecostés. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Lucas , XVIII

En aquel tiempo: Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de justos y despreciaban a los demás esta parábola: Dos hombres subieron al templo para orar, uno fariseo y otro publicano. El fariseo, en pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Dios!, gracias te doy porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; o como este publicano. Ayuno dos veces por semana; pago los diezmos de cuanto poseo.

El publicano, puesto allá lejos, ni se atrevía a levantar los ojos al cielo; se golpeaba el pecho diciendo: ¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador! Os digo que éste volvió justificado a su casa, mas no el otro; porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.

Décimo Domingo después de Pentecostés . Meditación

Un fariseo rezaba en el Templo con orgullo, con cabeza muy altiva al mismo tiempo que despreciaba a los demás presentes en el templo y al publicano que no osaba levantar su mirada al orar.

La figura del fariseo representa al ser humano que reza con soberbia y por ello desprecia a los demás y se compara continuamente con ellos para desacreditarlos.

El fariseísmo es la corrupción de la virtud de religión y se da y existe en todas las religiones. El término religión proviene del verbo RELIGARE del latín, que significa volver a unir. En este caso, la religión se supone que con todas sus normas nos sirve para a volver a unirnos a Dios. Si precisamente practicamos la religión de una manera soberbia y que desprecia a los demás, se corrompe la misma en su propia finalidad y en lugar de unirnos a Dios nos separa de él, ya que la soberbia corrompe y desnaturaliza a la religión y así el fariseísmo es la corrupción de la misma.

Santa Gema Galgani, pasionista, solía decir con humor espiritual: “En el cielo hay sitio para todos, todos caben; menos los soberbios: porque se sienten tan grandes…que ocupan demasiado lugar.

El propio Benedicto XVI llegó a decir en el Vía Crucis del Coliseo, el viernes Santo del 2005: “¡Cuanta soberbia tenemos en la Iglesia!”

En efecto, si el obispo, si el sacerdote desprecia y pisotea a otros sacerdotes… ¿de qué le sirve predicar la caridad y decirse a sí mismo ‘representante de la religión’?

En este Evangelio de San Lucas se nos invita a rezar con humildad, mirar nuestros propios pecados y faltas en lugar de desviar nuestra atención para ver “la paja ajena en el ojo del prójimo y no ver la viga en el nuestro.”

Más bien si los vemos con misericordia en lugar de difamarlos, con razón o sin ella y más bien les ayudamos; escucharemos el día de nuestra muerte:

“BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARAN MISERICORDIA.” San Mateo, V, 7.

En la historia de la Iglesia se narra el famoso caso de las monjas de un Monasterio jansenista en Francia. Sucedían en él, hechos extraños y extraordinarios, donde las monjas tenían supuestas comuniones místicas y también del Sagrario, que se habría solo y comulgaban directamente ellas solas. Esto no quiere decir que tenían comuniones frecuentes, porque el jansenismo, precisamente, lo prohíbe, pero eran en apariencia fenómenos místicos de comunión esporádica. Pero un elemento raro y preocupante hacía dudar al obispo y a los sacerdotes, y es que en ese Monasterio concreto, había muy poca humildad en las monjas…Este hecho por sí solo levantaba muchas dudas y sospechas.
El mismo Papa envió un delegado que era exorcista, el informe de este visitador fue impactante: había una posesión demoníaca colectiva en todo el convento. ¿La razón? En efecto, había en entre ellas una aparente gran piedad, pero mezclada con gran orgullo…esto nos recuerda al fariseo que oraba de pie y despreciando al resto de los presentes.

El visitador Papal tuvo incluso que realizar un exorcismo sobre todas ellas.

El informe que el sacerdote entregó al Papa, se resumía en esta terrible conclusión: “Ha sido una posesión colectiva; porque esas monjas eran puras como ángeles, pero soberbias como demonios.” Fue el famoso caso del Convento de Port Royal.

Debemos tener cuidado, porque en efecto existen personas que guardan la castidad; pero no por amor de Dios sino por amor de sí mismas…eso no tiene mérito, porque ocultan en su corazón una gran soberbia.

Parece ser que la soberbia es siempre la misma a través de los siglos, bien lo dice el libro del Eclesiástes, I, 9: “No hay nada nuevo bajo el sol.”

En efecto, el hombre del cual nos habla el Evangelio de hoy, el cual ‘oraba de pie’, nos trae a la memoria a aquellos que les molesta el orar de rodillas, a los que les molesta la genuflexión ante el Santísimo Sacramento; pero también nos recuerda a los que les molesta comulgar de rodillas o que otros lo hagan. Nos recuerda aquel grito con el que Satanás cayó como un rayo en el infierno, cuando se atrevió a gritarle a Dios “Non serviam!”, en otras palabras, “¡No serviré a Dios!“, pero también se puede entender que dijo: “¡Nunca me pondré de rodillas ante Dios!”

Es síntoma de soberbia el que alguna persona le moleste, por principio, el arrodillarse o comulgar de rodillas. A menos que tenga una formación nestoriana, es decir, la herejía de Nestorio que consistía en negar la divinidad de Jesucristo, “era tan solo un hombre” y por lo tanto hay que permanecer de pie ante Él. O a menos que sea protestante, herejía luterana, cuya doctrina afirma que Dios no está presente en la Eucaristía ni en la Misa, sino que se trata de un simple memorial, recuerdo, cena o Asamblea; en ese caso, pues evidentemente que también les molesta la posición de rodillas. En el fondo, desde el pecado original, siempre nos encontramos con un problema de soberbia en el hombre.

Es muy llamativo recordar la siguiente narración histórica de una Hermana Beata y fundadora, sobre una visión que tuvo de Lutero, obligado a arrodillarse en los infiernos:

En 1883, la Beata Hermana María Serafina Micheli, fundadora de las Hermanas de los Ángeles, pasaba por la ciudad de Eisleben, Sajonia, Alemania. Eisleben es la ciudad natal de Lutero, y ese día era el cuarto centenario de su nacimiento.

El emperador alemán William I presidiría las ceremonias conmemorativas del líder protestante, y las calles estaban llenas, llenas, esperando las celebraciones.

La hermana Serafina Micheli quería escapar del ruido y la emoción, y fue a buscar una iglesia para rezar, pero era de noche y las iglesias estaban cerradas.

La hermana Serafina encontró una con las puertas cerradas y se arrodilló en los escalones de la entrada principal. Sin embargo, debido a la falta de luz, no se dio cuenta de que la iglesia no era católica sino protestante.

La visión

En su narración, ella indicó que, mientras oraba, su ángel guardián apareció y le dijo:

“Levántate porque este es un templo protestante“. 

Y agregó:

“Quiero hacerte ver el lugar donde Martín Lutero fue condenado y el castigo que sufre por su orgullo“.

Después de estas palabras, la beata vio una horrible vorágine de fuego en la que un número incalculable de almas eran cruelmente atormentadas.

Al fondo de esta vorágine había un hombre: Martín Lutero.

Se distinguió de los demás porque estaba rodeado de demonios que lo obligaban a arrodillarse.

Todos estos espíritus inmundos equipados con martillos se esforzaron en vano para poner un gran clavo en su cabeza.

La monja estaba horrorizada por lo que vio. Y pensó que si las personas en la fiesta vieran esa escena, ciertamente no impondrían honores, recuerdos, celebraciones a tal personaje.

Desde entonces, ella estaría convencida de que Martín Lutero fue condenado al infierno, especialmente por el primer pecado capital: el orgullo. Este pecado lo llevó a volverse contra la Iglesia Católica y generar división en toda Europa.

La hermana Serafina fue beatificada en la diócesis de Cerreto Sannita, provincia de Benevento, el 28 de mayo de 2011.

Por ello mismo nos decía también Santa Gema Galgani:

En el infierno es posible encontrar almas castas; pero es imposible encontrar ahí, almas humildes.”

Por lo mismo, “El que se alaba a sí mismo será humillado, pero el que se humilla será exaltado.“ San Mateo XXIII, 12.

No es hombre de confianza aquel que se alaba a sí mismo, sino aquel que alaba a Dios.“ II, Corintios, X, 18.

La Virgen María tampoco le agradaba alabarse a sí misma:

“¡Mi alma engrandece al Señor porque ha hecho en mi cosas grandes…!”

Ave María+

P. Ricardo Ruiz Vallejo

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.