Y si el párroco no cree en la presencia real de Cristo en la Eucaristía

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“Y si el párroco no cree en la presencia real de Cristo en la Eucaristía”, Aldo María Valli

Artículo original: https://www.aldomariavalli.it/2019/07/12/se-il-parroco-non-crede-alla-presenza-reale-di-cristo-nelleucaristia/

Traducido por Miguel Toledano para Marchando Religión

En el centro de muchos testimonios que llegan a Duc in altum en relación con la formación, a menudo distorsionada y parcial, que se recibe en los seminarios, hay una cuestión absolutamente prioritaria para la vida de la fe y para toda la Iglesia: la Eucaristía.  Lo que surge de dichos testimonios es que a veces en los seminarios prevalece una visión más protestante que católica, hasta el punto de que se llega a discutir abiertamente la doctrina oficial católica sobre la presencia real de Cristo en el sacramento eucarístico. Después, los seminaristas devienen sacerdotes, capellanes, párrocos, tratan con los fieles y…

A este respecto he recibido un testimonio que me ha resultado significativo.  Se refiere a una parroquia del norte de Italia y los hechos que me han sido narrados, y que trataré de resumir, tienen como protagonista a una fiel (llamémosla María) que, participando en la Santa Misa, se da cuenta de que en la liturgia y en la predicación suceden algunas cosas raras: palabras del Evangelio cambiadas arbitrariamente, invenciones en las oraciones.

María se siente mal pero, con la esperanza de que la situación mejore, evita pedir explicaciones. De lo que sin embargo no puede eximirse cuando, un domingo, en la Misa con el grupo scout, dice el capellán: “Y recordad:  el pan y el vino que veis aquí sobre el altar son para nosotros un símbolo, una presencia espiritual.”

¿Un símbolo? ¿Una presenciaespiritual? La señora no puede creer lo que ha escuchado.

Pregunta a los otros fieles y recibe la confirmación:  el celebrante ha dicho exactamente eso. Inevitable, esta vez, es dirigirse al párroco, el cual sin embargo reacciona negativamente: “Si hago un análisis químico de la partícula, ¿qué moléculas, qué compuestos químicos me encuentro?”.

“Pero, los milagros eucarísticos…” intenta objetar María.

“¡Ah! ¡Esos – contesta el párroco – se cuentan con los dedos de una mano! Tu respóndeme: ¿qué moléculas encuentro?”

“Supongo que las moléculas de pan…”.

“Pues ya está, el pan sigue siendo pan, pero con la sustancia de Jesús, que cada uno de nosotros aprende a reconocer gracias a nuestras propias experiencias vitales. Igual que una flor es símbolo del amor de un hombre por una mujer, así el pan es símbolo del amor de Jesús por nosotros”.

O sea, en síntesis: nada de presencia real; el pan no se convierte en el Cuerpo de Cristo, ni el vino en la Sangre del Señor. No: son un símbolo de su presencia espiritual, de su sustancia inmaterial. De hecho, añade el párroco, “cuando se parte la hostia, no se parten los bracitos ni las piernitas de Jesús.”

La señora está tan impactada que no tiene palabras.  Pero bueno, ¿en dónde queda todo lo que la Iglesia católica ha enseñado siempre? ¿Dónde queda la doctrina según la cual el pan y el vino, aunque mantengan el aspecto de pan y de vino, se convierten después de la oracióneucarística en el cuerpo y la sangre de Cristo?

Superado el bombardeo, la señora intenta replicar hablando de la transubstanciación y preguntando si es todavía un dogma o si acaso algo haya sido cambiado últimamente, pero el párroco la interrumpe:

“Transubstanciación es una palabra inventada en la Edad Media y antes no existía”.

La discusión prosigue y María, a propósito de la Santa Misa, cita a un cierto punto al Padre Pío. ¡No debió hacerlo nunca! El párroco se muestra aun más nervioso, casi descompuesto.

María decide por tanto, casi a regañadientes, escribir al obispo, pidiéndole una explicación clara, al punto de la Eucaristía. Mas no recibe respuesta.

He sintetizado bastante el testimonio y espero no haber traicionado su sentido. Muchos otros detalles de esa parroquia pondrían en evidencia su vida de fe. Por ejemplo, María habla de una catequista que cuenta a los niños de primaria fábulas con gnomos, hadas, elfos y magias varias; de otra que explica a los niños que el pan y el vino, después de la consagración, “siguen siendo pan y vino”; del párroco, que recomienda a las catequistas que no hablen jamás del pecado y de la culpa, “pues de otro modo los niños se aterrorizan“; de un pastor luterano invitado a Misa, a quien el párroco cede la palabra y, para obligar a los fieles a escucharle, imparte la bendición sólo después del largo sermón del huésped.

Queda la pregunta de fondo: ¿Cuánto hay de verdaderamente católico en tantas comunidades que hoy quizás son sólo católicas de nombre? ¿Y cuál es el futuro de la Iglesia desde el momento en que la Eucaristía (“fuente y culmen de toda la vida cristiana”, como recuerda el Catecismo) es tratada de este modo?

Aldo Maria Valli

Así están muchas parroquias, gobernadas por párrocos que ponen en duda la presencia Real de Cristo en la Eucaristía. Les invitamos a quedarse en nuestra página en nuestra sección de:

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Aldo Maria Valli

Aldo Maria Valli

Vaticanista. Entre sus libros más destacados están: Claustrofobia, Sradicati, el caso Vigano, 266. Jorge María Bergoglio, Benedicto XVI el pontificado interrumpido. Pueden leer sus artículos y leer toda la información sobre su obra literaria en italiano en su página web https://www.aldomariavalli.it/