Quinto Domingo después de Pentecostés

Evangelio del día. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Mateo, V

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Si vuestra justicia no es más cumplida que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los mayores: No matarás, Y quien mate merece juicio.

Pe­ro yo os digo aun más: quien se encoleriza con su hermano, merecerá juicio, y el que le llame raca,  merecerá juicio del Sanedrín; quien le llame fatuo, merece la gehena del fuego.

Si pues, al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y ve primero a reconciliarte con tu hermano; y después volverás a presentar tu ofrenda

Quinto Domingo después de Pentecostés . Meditación

Evangelio de San Mateo, V, 20.

Hoy N. S. Jesucristo nos conmina a superar la justicia de los fariseos como condición para podernos salvar y sobre todo, nos advierte que sin perdonar, nuestra religión y nuestra práctica religiosa no nos salvará.

San Agustín nos advierte, comentando este texto, el peligro de la ira y sus consecuencias que pueden obstaculizar nuestra salvación.

1 – N. S. Jesucristo una vez más insiste en el peligro y gravedad del fariseísmo, nos llama la atención como lo hace en varios pasajes de los Evangelios. ¿Por qué tanta insistencia al respecto? E incluso reserva las palabras más terribles y severas a las personas fariseas: “Raza de víboras, hijos de satanás.” Porque sabe que el fariseísmo es la corrupción de la religión, es decir, que siendo la religión una cosa buena en sí y que EXISTE PARA HACERNOS MEJORES PERSONAS ante Dios; los fariseos la utilizan para corromper a sus discípulos y por lo tanto, a toda persona que captan, llenándolos de soberbia, haciéndoles creer que son mejores que el resto de los seres humanos y para colmo, con una capa o CORTINA DE LEGALIDAD: “somos la autoridad religiosa, tenemos el poder, estamos bajo obediencia, nosotros nunca nos equivocamos…”
Tienen “todos sus papeles en regla”, pero… Se han olvidado de la caridad, de la humildad, de la misericordia

Por desgracia los fariseos siguen existiendo y en todas las religiones. Siguen en las altas esferas de la sociedad, por desgracia no es una raza o una especia en riesgo de extinción, sin embargo, ¡están tan protegidos y cómo se protegen y promocionan entre ellos mismos para gobernar y pasarse el poder de unos a otros!

Dios nos libre y proteja del espíritu farisáico, y que sea por medio de la caridad sobrenatural, la humildad de la Virgen María y con la Misericordia del Sagrado Corazón de Jesús.

2 – Este Evangelio también nos advierte del peligro de la ira. Un pecado al cual le solemos dar poca importancia, sin embargo, se encuentra entre los pecados capitales, es decir, que son la causa de otros muchos y por ende es mortal.
No es que el Evangelio sea tan duro, por decir raca, fatuo o loco al prójimo, ¿es suficiente para ir al infierno? Más bien es a causa del juicio tan severo que se emite, eso hace que el inmisericorde vaya un día a ser juzgado, sin misericordia.

Nosotros caemos, la mayoría, en el error de que por el sólo hecho de no hablar mal de alguien, ya con eso hemos evitado el pecado de juzgar y criticarle: pero, sin embargo, a menudo ya hemos pensado mal, ya le hemos criticado mentalmente y lo peor, nuestro corazón ya lo ha despreciado y ha estado lleno de ira hacia esa persona aunque no lo hayamos manifestado exteriormente. En ese caso, el pecado ya está consumado, porque los pecados se conciben antes en el corazón. Y si a menudo tratamos al hijo, al cónyuge o a cualquier persona con terrible ira y desprecio, es porque antes de ese acto, el corazón ya había consentido juzgar y despreciar en su interior.

¿Hay remedios para evitar que nuestro corazón se manche con la lacra del odio y desprecio interior disimulado hacia el prójimo?

La mayoría de los Santos nos sugieren, que cuando tengamos la tentacion de despreciar a alguien, pensemos, recordemos nuestros pecados y eso nos mantendrá humildes, nos protegerá de pensar con soberbia.

Y si queremos evitar los pecados y arrebatos de ira contra el prójimo, se empieza en el corazon pensando antes: “No tengo derecho a despreciarle, Dios no me ha dado el cargo de enjuiciarle. Quizás tengo yo más pecados que él.”

Cuando se aprende a no juzgar ni enfadarte con las personas en el interior del corazón, será imposible faltar a la caridad y no se caerá más en el pecado de la ira.

A menudo caemos en el grave error de pensar que si perdonamos al que nos ha hecho mal, por lo mismo quedará sin castigo, por su falta o crimen. Es un gran error. A pesar de que una persona sea perdonada, pagará su pecado en esta vida o en la otra para poderse salvar. Así que el perdonar nos hace más bien a nosotros mismos que al perdonado, porque nos libra del rencor, de vivir en el odio y de transmitir tanta amargura y tristeza a los que nos rodean. Aquí viene entonces la última parte del Evangelio de hoy : “Si tienes una deuda con alguien y quieres ofrecer algo ante el altar, ve y paga tu deuda antes.” San Mateo, V, 23.

También significa que hay que perdonar antes de ir a rezar, antes hacer ofrecimientos a Dios, de lo contrario nuestros ofrecimientos tendrán muy poco valor o ninguno.

La siguiente anécdota histórica relatada por el emperador Claudio, s. I, nos convence de la grandísima importancia del perdón y de las gravísimas consecuencias que puede traer el rencor:

Claudio, aún siendo príncipe, era muy amigo de Herodes Agripa, el hijo de el Herodes que reinaba en Judea en tiempos de N. S. Jesucristo. Hérodes hijo, fue traído por los romanos a Roma para ser educado en la cultura y leyes del Imperio. Herodes llevaba una vida muy cómoda y de lujos, era también amigo íntimo de Calígula, futuro emperador.

En una ocasión cuando Herodes paseaba en su carro acompañado del joven Calígula, tuvo la desgracia de hacer un comentario despectivo con respecto al Emperador Tiberio, reinante en ese momento. El cochero que conducía sus caballos, lo escuchó todo y lo guardó muy bien en su memoria.
Él cochero tuvo, más tarde, la triste idea de robarle las alfombras de su carroza a Herodes y vendérselas a un señor de otras tierras. Como en una ocasión fortuita Herodes conoció más tarde al que comprara sus alfombras y dando juntos un paseo en sus carrozas, reconoció sus alfombras y se enteró del robo que le había hecho su propio cochero. Furioso decidió vengarse y pedir un juicio. Cuando el cochero fue juzgado, para poderse liberar del castigo, decidió acusar a Herodes de alta traición contra el Emperador, por lo que hizo uso de su derecho de apelar al César aduciendo que conocía un grave complot contra el mismo. Como Tiberio César se encontraba demasiado ocupado con tantos juicios y apelaciones, decidió enviar al hombre a prisión hasta que fuese su turno. Algunos podían esperar meses o años en la lista de juicios.

Herodes no podía esperar el momento para vengarse y decidió utilizar sus influencias con la familia real para forzar al Emperador a que adelantase el juicio. Algunos amigos de Herodes le intentaron convencer de que mejor olvidase su pequeña venganza, al fin y al cabo, solo se trataba de unas pocas alfombras. Pero él, rencoroso y avaro no podía esperar ni perdonar. Tiberio decidió, por tanta insistencia, traerlos a los dos ante su presencia. El cochero acusó a Herodes de alta traición relatando la conversación que había escuchado con el príncipe. Se llamó inmediatamente a Calígula para que declarase y este, siendo muy cobarde incluso para defender a sus propios amigos, guardó silencio y no dió la cara por él. Así que Herodes fue encadenado inmediatamente y llevado a la prisión, acusado de alta traición.

Esta anécdota histórica nos muestra que aunque sea desde el punto de vista puramente humano y sin razones caritativas, el perdón nos libra de muchos males que ni siquiera sospechamos nos van a hacer sufrir aún más en nuestra vida futura. Por otra parte, si Herodes hubiese perdonado unas pocas alfombras, y frenado su avaricia y sed de venganza, habría evitado la misma venganza del cochero que le valió caer en desgracia ante el Emperador; desgracia que Herodes no podía ni imaginar; pero que el simple perdón se lo hubiese evitado. De hecho varios de sus amigos intentaron persuadirlo de que era demasiado peligroso utilizar al mismo Emperador para una mísera y pequeña venganza personal.

El perdón hacia el prójimo aunque no sea por motivos espirituales, también nos libera de rencores y posteriores desgracias con que los malvados hombres nos acechan con la ley del talión: “Ojo por ojo y diente por diente.”

Siempre es sano perdonar, para nuestra mente, para nuestro corazón y para el alma, cuando se presente ante Dios. “Pero Señor, entonces ¿cuántas veces tenemos que perdonar… hasta siete veces? Y Jesucristo les respondió: en verdad os digo que hasta setenta veces siete.” San Mateo, XVIII, 21.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”San Mateo, V, 7.

Ave Maria +

P. Ricardo Ruiz Vallejo +

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.