Nuestra Señora de Guadalupe: Non fecit taliter omni nationi

Una semana más, Jorge, con esa pluma tan delicada que parece guiada por María Santísima, nos lleva a conocer con detalle a Nuestra Madre, a la Virgen de Guadalupe, ¿Se animan a un recorrido por la historia?

“Nuestra Señora de Guadalupe: Non fecit taliter omni nationi”, Jorge A. Rángel

El 25 de mayo de 1754 el Papa Benedicto XIV, confirmó el Patronato de la Virgen de Guadalupe sobre la Nueva España, y promulgó una Bula que aprobó a la Virgen de Guadalupe como Patrona de México, concediéndole misa y oficio propios.

El Santo Padre hizo esto después de contemplar extasiado una copia auténtica de la Guadalupana, que pintada por Don Miguel Cabrera, fue llevada como regalo a Su Santidad, luego de examinarla con atención, con lágrimas en los ojos  pronunció la frase del salmo 147, 20 que se ha perennizado: “non fecit taliter omni nationi”, “No hizo cosa igual con otra nación”.

Nican Mopohua

El “Nican Mopohua” es la fuente principal para el conocimiento del acontecimiento guadalupano, lo que pasó del sábado 9 al martes 12 de diciembre de 1531 cuando la Santísima Virgen María se apareció al indio Juan Diego, lo que Juan Diego vio, escuchó y respondió, el relato se escribió en Nahuatl, lengua que aún se mantiene viva en algunas regiones de México, Antonio de Valeriano escuchó del mismo Juan Diego lo sucedido y lo escribió en 1556 pues era un indígena letrado por los religiosos misioneros, el humilde Juan Diego no sabía leer y mucho menos escribir, más supo escuchar, contemplar y entender lo que la Santísima Señora del cielo le decía.

El título completo del Nican Mopohua que se publicó hasta 1649 dice:

“Aquí se cuenta, se ordena, cómo hace poco milagrosamente se apareció la perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, Nuestra Reina, allá en el Tepeyac de renombre Guadalupe”.

Con un lenguaje sencillo y descriptivo ayuda al lector a sentirse parte y protagonista del encuentro, la ternura de las palabras la profundidad de las ideas referentes a Dios y al Auxilio de la Madre del cielo animan a sentir a Dios presente y a la Virgen dispuesta a escuchar nuestras aflicciones.

El mensaje de la Virgen de Guadalupe descrito en el Nican Mopohua es claro, ella dijo: “desea una casita sagrada para ofrecer mi amor persona”, es decir ofrecer a Jesucristo. El señor obispo al recibir el mensaje por Juan Diego pide una prueba, y él la recibe en un puñado de hermosas rosas de Castilla cortadas por Juan Diego en la cumbre árida y pedregosa del cerro del Tepeyac, era pleno invierno, la Virgen las tocó y él diligente, las llevó a casa del señor obispo.  Al desplegar la tilma, las flores caen al suelo y la Virgen del cielo se deja ver y su imagen penetra las fibras de la tilma dejando así otro mensaje, el mensaje de su imagen.

Juan Diego Cuauhtlatoatzin

Juan Diego Cuauhtlatoatzin tuvo raíz tolteca, cultura de gran sabiduría que evolucionó su creencia religiosa hasta llegar a pensar en la existencia de un solo dios, los toltecas imponían su pensamiento aunque fue un pueblo sometido por los aztecas. Así Juan Diego era un hombre sencillo del pueblo, de la clase social más baja, vestía como todos, como la costumbre decía, de un solo color pues el uso del color y otros adornos no eran propios de su clase, se dedicaba a labrar la tierra, tenía una casita en Cuautitlán a unos 20 kilómetros del cerro del Tepeyac, fue casado, no tuvo hijos, era muy dócil, sin pretensiones, de sentido atento, noble, generoso, avispado, había recibido el bautismo y frecuentaba el catecismo para escuchar contemplar y entender las cosas de Dios, y precisamente un sábado cuando se dirigía a la instrucción religiosa, a los 57 años de edad se le apareció la Santísima Virgen quien le llamó hijito y le manifestó su encargo y voluntad hablando en Nahuatl. Cumplió el deseo de la niña del cielo, y ya construida la primer ermita en el Tepeyac cuidó piadosamente el lugar hasta que Dios le llamó. Fue beatificado el 6 de mayo de 1990 y canonizado el 31 de julio del 2002.

La tilma de Juan Diego

Juan Diego entre su vestido usaba una tilma, una pieza de tela del mismo color que el resto de su ropa que se usaba para que anudada por dos esquinas se colgaba en el cuello y así se usaba como bolso para llevar alguna cosa menuda, o voluminosa. La tilma era fabricada de fibras vegetales de un tipo de agave que fuera soportable por su contacto con la piel, era rústica, de tejido burdo, con costuras para unir varias piezas, su medida variaba en más o en menos de metro y medio de largo a un metro de ancho. La tilma de Juan Diego mide 1.70 por 1.05 mts. En esa tilma estampó milagrosamente su imagen Santa María de Guadalupe.

La conservación de la tilma va más allá de lo explicable, sufrió el desgaste propio que le dio Juan Diego, después un tiempo se conservó en la capilla del primer obispo de México Fray Juan de Zumárraga, ante quien como prueba de la voluntad divina apareció la bendita imagen de la Virgen de Guadalupe y permanece como la vemos hoy. Otro tiempo estuvo en la Catedral de México, ya construida la primer ermita a las faldas del cerro del Tepeyac fue trasladada a ese lugar donde por 116 años permaneció al alcance de quien la visitara, la tocaban y besaban, no tenía protección alguna, algunas veces el agua inundó su casa, que se mantenía húmeda y con el dañino salitre. Posteriormente se construyó otro templo más amplio en la cumbre del Tepeyac.

La Casa del Dios por quien se vive y donde la Virgen morena del Tepeyac manifestara desde la tilma su milagrosa intercesión ante el creador se transformó en una amplia y sólida construcción que fue consagrada el 1 de mayo de 1709, en 1749 recibió la categoría de colegiata o sea, tendría un abad y a un grupo de de sacerdotes que trabajarían bajo su mando. En 1904, en reconocimiento de la gran devoción de los fieles, fue elevada a Basílica.

Cada bloque de piedra de este templo manifiesta una gracia obtenida de Dios por intercesión de su Santísima Madre. Fue aquí cuando en 1751 cayó accidentalmente acido muriático preparado para la limpieza del marco que contenía la tilma sobre un costado de la imagen, no se destruyó solo manchó las fibras frágiles que con el tiempo van recobrando su color. También aquí, el 14 de noviembre de 1921, fue donde se colocó a poca distancia una bomba de dinamita escondida en un florero del altar, que al estallar destrozo partes del mármol, torció el crucifijo del altar mayor y para sorpresa de todos no sufrió daño alguno ni el frágil vidrio que protegía del polvo el lienzo de agave ni la bendita imagen.

El subsuelo fangoso del lugar no soportó el peso del templo y poco a poco se evidenció el hundimiento de la construcción, fue entonces cuando se decidió construir una nueva Basílica. Y el 12 de octubre de 1976 fue trasladada solemnemente la Tilma con la Bendita imagen de la Guadalupana a su actual recinto. La antigua construcción felizmente con arduos trabajos se sacó a flote, reforzaron sus muros y columnas, y es desde entonces Templo expiatorio.

El próximo 12 de diciembre de 2019, se cumplen 488 años del momento en que esas fibras están impregnadas de color divino, y no hay explicación para entender su duración pues lo más que puede durar ese tipo de fibras es de 8 a 10 años. Contiene el centenario mensaje de Dios hecho imagen, que solo contemplar para entender basta.

Una imagen obra Divina

Ningún pintor ha podido identificar la técnica para plasmar la imagen de la Santísima Virgen como la contienen las fibras de la tilma, no hay preparación alguna como base, no hay pigmentos, ni rastro de pintura, la imagen está contenida en los hilos de las fibras y maravillosamente coinciden detalles de ella con nudos y costuras burdas, la imagen se aprecia de la misma intensidad de color por ambos lados y la luz no la ha decolorado, no hay frente ni vuelta.

Mucho puede decirse de los estudios realizados en los ojos de la imagen, con asombro se ve la escena donde varios personajes quedaron impresos en ambas pupilas, una de ocho y la otra de siete milímetros, son como dos minúsculas fotografías cada una con su punto focal, como si en algún momento los ojos hubieran tenido vida. Se distingue la figura del obispo Zumárraga, de su secretario, traductor, sirvientes incluso de una familia. El momento en que la Señora del cielo da la prueba que pidió el señor obispo a Juan Diego, quedó impresa en los mismos ojos que contienen la tilma de Juan Diego. Sólo la Sábana Santa de Turín es semejante en el portento en esta transferencia de imágenes.

México antes de las apariciones

Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México en 1529 vivió momentos muy difíciles ante la compleja situación de la entonces ciudad de México con alrededor de 200,000 habitantes, los abusos desmedidos de algunos sobre los no bautizados alegando su condición primitiva, la apatía de los naturales que dificultaba la labor evangelizadora de un puñado de celosos misioneros. Llegó a tal punto la complejidad que un español atentó con una lanza contra la vida del obispo. En 1530 hubo tres fuertes temblores de tierra, y un eclipse que para los indígenas anunciaba el final de todo. Para colmo, padecieron una epidemia de viruela que acabó con casi la mitad de la población.

Quienes vivieron el esplendor de la gran Tenochtitlán, con sus templos y palacios, con sus guerreros y sacerdotes, que tenían a sus dioses en paz a costo de dolor y sacrificio humano, los aztecas organizaban guerras floridas para poder nutrir a sus dioses ofreciéndoles sangre, corazones, llanto y flores. Ellos, como pueblo tenían la seguridad que por sus sacrificios aseguraban la salida del sol cada día, la lluvia, la cosecha, la paz o la victoria en la guerra. Como tocó el corazón de los indígenas que fueron capaces de entregar a sus propios hijos para sacrificarlos a sus dioses, y ahora todo estaba perdido, se dieron cuenta que no hacían falta sus sacrificios para que la vida siguiera adelante, perdieron a los suyos, perdieron el sentido de su vida. La situación de los indígenas después de la conquista era deplorable, se enfrentaron pueblos contra pueblos y al final todos terminaron sometidos y vencidos. Sin sacrificios humanos todo había terminado.

El obispo Zumárraga llegó a expresar de lo vivido: “Si Dios no provee remedio de su mano, la tierra está en punto de perderse”.

Ver y contemplar para entender la imagen bendita

Hoy gente de todo el mundo puede contemplar la imagen de la Virgen de Guadalupe, es indudable que al estar ante ella puedan sentir mucho fervor, su amor maternal, y por ella la presencia de Dios. Así los primeros que la vieron contemplaron y entendieron lo que turbaba su corazón, sintieron su amparo, su auxilio maternal. Pero el efecto que produjo en los indígenas fue distinto, ellos vieron y quedaron sorprendidos porque la imagen tenía significado en su lengua, en su simbología nativa, los elementos, el color, los pequeños detalles, las flores, las estrellas, todo les decía algo, era en verdad un gran mensaje del amor de Dios.

En el fondo de la imagen se distingue un paisaje con nubes espesas, estas representaban a quien llega trayendo un tesoro de bienes espirituales.

La imagen de la joven del cuadro va peinada de forma alisada con partido al centro esto dice que es virgen.

El listón púrpura, o de color oscuro que está bajo sus manos indica que está embarazada y será madre.

Al centro del cuadro se puede observar una flor de cuatro pétalos, está en el vientre de la joven, es un símbolo de vida divina.

Los rayos de luz que rodean a la joven es el sol, Dios mismo que se hace presente en el seno de la virgen y madre, de él sale el resplandor eclipsando todo lo demás. La Virgen dijo a Juan Diego, “yo soy la Madre del verdadero Dios, por quien se vive”.

Así que lo más importante de la imagen es quien está en el centro del cuadro, el verbo hecho carne. Como dice San Juan en el principio de su Evangelio.

Es el verbo Divino que estaba desde el principio en Dios. Por Él fueron hechas todas las cosas y sin Él nada se hizo de cuanto ha sido hecho.

En Él está la vida y la Vida como luz de los hombres; y esa luz resplandece en las tinieblas.

El Verbo es la luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por Él; mas el mundo no lo conoció. Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio poder llegar a ser hijos de Dios, los cuales nacen no de la carne, ni de la concupiscencia de la carne ni de la voluntad de varón, si no de Dios.

Volviendo a la Imagen de la Virgen, el color verde del manto indica su importancia y poderío. Sólo alguien de gran dignidad podía vestir de color. Lo mismo su vestido lleno de flores y el encaje dorado.

Las 46 estrellas que salpican y engalanan el manto, estas enseñan que hay que saber ver detrás de lo creado al creador de todo; coinciden con el orden de las constelaciones en la fecha y hora exacta en que se manifestó la Virgen Santísima y dejó su imagen indeleble en la tilma ante el primer obispo de México, Fray Juan de Zumárraga, el martes 12 de diciembre de 1531 a las 6:45 de la mañana. En el palacio episcopal, actual calle de Moneda No. 4, a un costado del Palacio Nacional en la Ciudad de México.

Dos estrellas destacan, una en el vientre, que a los nativos les indicaba el origen divino del Niño en el vientre de la Virgen y Madre, gracias a la ciencia y estudio de la astronomía podemos tener certeza que es la misma que guió a los magos de oriente para encontrar al Niño envuelto en pañales nacido en un pesebre, así como los sabios supieron contemplar y comprender las estrellas del cielo, lo dejaron todo, y peregrinaron para adorarlo y ofrecer al recién nacido tres regalos que nos dicen lo que sabían de Él. Le ofrecieron incienso pues sabían que ese niño era un hombre y Dios, dos naturalezas en una persona.Le llevaron mirra, para aminorar los dolores, ellos sabían que ese hombre y Dios padecería dolor y muerte; también le ofrecieron oro, tenían la certeza que ese niño, hombre y Dios en el futuro también sería su Rey.  La otra estrella, es la más brillante al lado derecho y abajo en el manto, del que contempla la imagen, esa nos dice del “Príncipe que viene” a traer su reino, nos recuerda la segunda venida de Nuestro Señor, y que la mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies, vencerá al Demonio.

La Santisima Virgen de Guadalupe en la Iglesia

La imagen de Santa María de Guadalupe, ha sido motivo de estudio de muchos investigadores desde varias disciplinas, que han dedicado su vida a estudiar el milagro del Tepeyac. La riqueza de signos y detalles la hacen presente y elevan al que la ve a la trascendencia de Dios.

Son 25 Santos padres quienes desde la sede de San Pedro han honrado de alguna forma a Nuestra Señora de Guadalupe, en la Iglesia se instituyó la fiesta litúrgica que se celebra el 12 de diciembre de cada año y cada día esta Casa de Dios en el Tepeyac  recibe infinidad de peregrinos solos, en familia o en grupo para buscar amparo y protección.

La Santísima Virgen en nuestras vidas

Ya en 1539 el ambiente de crisis que vivía México se transformó, Dios intervino permitiendo la presencia de su Madre, la Madre de los pecadores, ella pone a Dios en el corazón de todo ser humano que lo transforma. Después de las apariciones llegó la conversión, los misioneros tomaron nuevo impulso y el obispo Zumárraga antes de morir manifestó la satisfacción de morir desgastado por llevar a los nuevos cristianos, los sacramentos y la gracia de Dios.

Contemplad y aprended ante la bendita imagen de nuestra Señora de Guadalupe, porque Dios no hizo cosa igual con otra nación.

Hoy en México y en otras naciones los señores obispos reconocen una fuerte crisis en la Iglesia, de fuera y desde dentro de ella, se carcome lo que por siempre fue respetado, la división entre los obispos es evidente, los laicos defienden ciegos a quienes van en contra de lo que enseñó nuestro Señor, hay mucho en contra de la verdadera fe “si Dios no provee una solución todo está por perderse” dijo fray Juan de Zumárraga, y estamos igual. Acudamos con humildad a la Santa Madre de Dios, busquemos su mirada comprensiva, abramos nuestros corazones a Dios para que los purifique y transforme y supliquemos: Santa Madre de Dios por quien se vive,¡salva nuestra Patria y conserva nuestra fe!.

Jorge A. Rangel Sánchez

Estamos seguros que se sienten cautivados por Nuestra Señora de Guadalupe, les recomendamos este artículo de Jorge: Con Cristo y Santa María de Guadalupe


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