La conspiración, ¿Una película recomendada?

Miguel Toledano nos lleva al cine con una película titulada “la conspiración”, ¿Aconsejable o desaconsejable esta película según nuestro compañero?

“La conspiración, ¿Una película recomendada?”, Miguel Toledano

La televisión pública española es un medio de comunicación fuertemente ideologizado, a pesar de estar financiado con el bolsillo de cada uno de nosotros.   Tres son los vectores principales de dicha ideologización:  La preferencia descarada por el bando republicano y lo que éste representaba en el conflicto bélico de los años treinta; el homosexualismo, omnipresente sobre todo en los días en que escribo estas líneas y del que daremos cuenta en una futura ocasión; y el feminismo con sus diversas variantes de maltrato, fútbol de mujeres, etc. hasta el límite de lo soportable y el hartazgo.

Hoy vamos a ocuparnos del primero de esos tres vectores.  Entre toda la alfalfa de la que con tanta razón escribe Juan Manuel de Prada, el cine ocupa su lugar, no modesto por el volumen de las subvenciones que recibe, igualmente procedentes de nuestro bolsillo.  A los votantes todo esto no les parece importar demasiado, porque siguen eligiendo una y otra vez a los miembros de los dos partidos políticos que hasta ahora han sostenido el mencionado modelo televisivo totalitario, idéntico en ambos.

En el espacio “Historia de nuestro cine”, en el que la referida carga ideológica es rampante, se proyectó recientemente la película que da título a este artículo, obra del director Pedro Olea, con guión de Elías Querejeta.  Se da la circunstancia de que el padre de éste era carlista, si bien de la facción que en la etapa post-conciliar viró hacia el socialismo, el nacionalismo y hasta el separatismo vasco, destinos los tres incompatibles con los postulados defendidos por los tradicionalistas.  El origen vizcaíno de Olea nos hace presumir igualmente conexiones familiares con el mundo carlista.

Esta película se centra en la figura del general Emilio Mola en los días previos al Alzamiento Nacional de 18 de julio de 1936.  El término de conspiración tiene, en sí, connotaciones negativas, pero en este caso forma parte de los elementos de la obra que resultan justos, pues hubo, en efecto, conspiración para acabar con el modelo republicano.  Lo que ocurre es que dicha conspiración no fue principalmente militar, sino que procedió de amplios sectores de la sociedad española, todavía fervorosamente religiosa.  En concreto, los carlistas comenzaron a conspirar contra el régimen del 14 de abril el mismo día 15 de abril de 1931 y siguieron haciéndolo durante la friolera de esos cinco años y tres meses, como está históricamente documentado.  Consideraban que la República, aunque era hija natural de la monarquía liberal que ellos venían combatiendo desde un siglo antes, exacerbaba el secularismo que poco a poco minaba el alma católica de España.

La conspiración alcanzó su cénit en las negociaciones de los carlistas con el general Mola, negociaciones que permitieron el Alzamiento y que, paradójicamente, luego provocarían gravísimos conflictos con el general Franco, una vez lograda la victoria y la paz.  Pero, como en la película queda reflejado, los principales representantes tradicionalistas confiaban en la palabra del general cubano, como también lo habían hecho en la de Sanjurjo, y quedarían pasmados después ante la actitud que emprendería Franco, para ellos plena de mala fe.

Una música siniestra, como era previsible, da comienzo al filme. 

El general Mola es enviado a Pamplona por Azaña, en uno de los innumerables errores del auxiliar tercero de la Dirección de Registros ascendido a la Presidencia, tan admirado y públicamente ensalzado por José María Aznar; desde la capital navarra, el militar tratará a placer con la Comunión Tradicionalista para tratar de incorporar sus efectivos a la causa nacional. 

Desde el inicio, el general es caracterizado como un hombre autoritario con su esposa; los cánones de nuestra era mandan, primer guiño al feminismo.  Desconozco si los descendientes de don Emilio conocen la cinta, pero a mí no me haría ninguna gracia si fuese su nieto.  Durante el desayuno, sus hijas Consuelo, María Ángeles y María Dolores aparecen como las niñas paradigmáticas de la burguesía, suficientemente ñoñas en la única escena en la que aparecen como para recordarnos a las familias de los jerarcas nazis en los campos de concentración, que ya han contaminado eficazmente nuestro imaginario.

Por el contrario, el gobernador civil de la República es presentado como un hombre sincero, ajeno a los tejemanejes de Mola con Cabanellas y con Queipo de Llano.  Sabemos del carácter masónico del primero, pero sorprende que el segundo sea todavía personificado, a las alturas del gobierno del Frente Popular, como un defensor de la República.  En todo caso, los militares de diversos grados figuran como personalidades altaneras y soberbias, modelo también habitual en las producciones cinematográficas de las últimas décadas, para diferenciarlo del prototipo democrático de las actuales Fuerzas Armadas, de carácter más funcionarial y sumiso al poder.

La aparición del “Diario de Navarra” en la trama nos permite comprobar que existía censura en el régimen republicano, lo que es un hecho cierto que no debe dejar de alabarse en esta recensión.  El director del periódico le dice a Mola que, entre los carlistas, el Conde de Rodezno tiene más poder que Fal Conde, el carismático abogado sevillano que fue jefe delegado de Don Alfonso Carlos.  Esto, por el contrario, es exagerado.  Si la guerra se ganó, es sabido que fue por la participación clave de los requetés en toda España, alistados según el eje Mola-Fal Conde-Don Alfonso Carlos, quien dio la orden inequívoca de alzarlos por la restauración de la monarquía católica, de acuerdo con las negociaciones felizmente concluidas entre su jefe delegado y el muñidor castrense del Alzamiento.

Vemos, sí, al Conde de Rodezno rezando ante su capilla navarra, simbolizada así la unión entre la Iglesia y el carlismo, equivalente al catolicismo práctico.  Inmediatamente, Querejeta y Olea le otorgan el correspondiente tono antipático para el gusto contemporáneo, haciendo afirmar al Conde su oposición al voto de la mujer, al divorcio y al matrimonio civil.  Es sabido que, al contrario de Fal Conde y de toda la Comunión Tradicionalista cuando dieron por traicionadas sus condiciones pactadas, Rodezno colaboró con Franco después de la Cruzada.

Por su parte, Mola continúa sus intrigas.  Capaz incluso de faltar a la palabra, engaña al Director General de Seguridad, que pronuncia la verdad oficial de nuestro tiempo:  El Alzamiento es un golpe militar – fascista, quedará por añadir.  El celuloide ya se ocupa de resalta los enlaces del gobernador militar de Navarra con Hitler y Mussolini.  “Si quiere guerra, la va a tener”, termina advirtiendo a su superior civil antes de colgarle el teléfono.  “Yo veo a mi padre con bandera roja y lo fusilo”, afirma también el general.  Queda así retratado como una personalidad violenta, alejada en realidad de la proverbial frialdad de Franco.

El autoritarismo de Mola se despliega incluso con su esposa, Consuelo Bascón.  Ésta es descrita, en la tertulia del espacio televisivo y a manos de la misma actriz que la encarna, como una precursora del feminismo, que asume con su bondad metafísica de mujer los patrones patriarcales de entonces, acordes con la cosmovisión nacional-católica.  Consuelo aguanta estoicamente los exabruptos de su esposo Emilio; Silvia Marsó explica que fue una adelantada a su época.  Sin duda, el espectador incauto deduce que si hubiera vivido en nuestros días, la señora viuda de Mola hubiese comprendido el sedicente matrimonio entre personas del mismo sexo y, por supuesto, el orgullo gay – el divorcio y el aborto sí llegó a conocerlos.

Lo que pasó después es historia y sobradamente conocido. 

El general falleció poco más tarde en accidente militar, dejando con la desaparición previa de Sanjurjo paso libre a Franco para gobernar el Alzamiento y así hasta 1975.  Los carlistas pronto se vieron defraudados por el gallego y de poco sirvió recordarle a éste los pactos alcanzados con Mola para lograr su incorporación.  El talante existencialista del ferrolano justificó otros derroteros, primero con el falangismo, luego con el capitalismo norteamericano, al fin con la dinastía liberal.

Salvo por un interés hacia el cine de temática carlista, siempre prolífica, o de cara a investigar de forma más pormenorizada las falsedades históricas de la obra, ahórrense esta película, que por otro lado nunca se estrenó en pantalla grande.  Forma parte del período de decadencia cultural que nos ha tocado vivir y más provecho encontrarán si ocupan el mismo tiempo, por ejemplo, en escuchar los himnos que en esta serie de Marchando Religión les recomendamos, mucho más edificantes para el espíritu y, sin ninguna duda, para el buen gusto.

Miguel Toledano Lanza

Domingo cuarto después de Pentecostés, 2019

Les invitamos al buen cine en nuestra sección especializada y, en concreto, les recomendamos este corto: “Padre”


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Miguel Toledano

Miguel Toledano

Miguel Toledano Lanza es natural de Toledo. Recibio su primera Comunión en el Colegio Nuestra Señora de las Maravillas y la Confirmación en ICADE. De cosmovision carlista, esta casado y es padre de una hija. Es abogado y economista de profesión. Ha desempeñado distintas funciones en el mundo jurídico y empresarial. En la actualidad es subdirector de un colegio internacional en Bruselas. Ha sido secretario general de la Fundación Nacional Francisco Franco y afiliado del partido político Alternativa Española. Es fiel asistente a la Misa tradicional desde marzo de 2000. Ha publicado distintos artículos en diferentes medios.