Con Cristo y Santa María de Guadalupe: viviremos, proclamaremos y defenderemos nuestra Fe

Esta semana Jorge nos lleva a los Brazos de Santa María de Guadalupe, ¿Se animan a la peregrinación? ¡Aún quedan plazas!

“Con Cristo y Santa María de Guadalupe: viviremos, proclamaremos y defenderemos nuestra Fe”, Jorge A. Rángel

Cada año en el centro de México son más de 400 kilómetros los que se peregrinan a pie partiendo del corazón de la Sierra Gorda, para dirigirse a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México.

En nuestra Iglesia peregrinar es toda una tradición, es un ejemplo de nuestros antepasados, es reconocer nuestra dependencia de Dios, es acudir a un lugar santo, es reflejo del deseo del cielo, es como nuestra vida, es dejarlo todo para dedicar un tiempo a Dios, solo a Dios.

La misma basílica describe a la peregrinación queretana como la más organizada, ordenada y numerosa de México, que se recibe a finales del mes de julio cada año. Fueron más de 64,400 queretanos, los que peregrinaron a pie en 2018, y otros tantos los que les fueron a esperar, el número de peregrinos y de grupos crece cada año.

La peregrinación a pie inició en 1890 con la participación solo de hombres, recordamos que cuando inició no existían carreteras y que el primer ferrocarril que comunicó a Querétaro con la capital mexicana se inauguró hasta 1892. Caminaban por la ruta de la plata, mismo camino que trazaron los misioneros y los comerciantes.

El entonces obispo de Querétaro, impulsó la iniciativa para que los fieles de cada diócesis visitaran la Villa de Guadalupe para honrar a nuestra Madre del Cielo, a la casita del Tepeyac, y así con la colaboración de celosos sacerdotes, y fieles muy dispuestos, inició la tradición.

Las mujeres después de mucho pedir pudieron peregrinar y desde hace 60 años lo hacen. Tanto hombres como mujeres tienen su propia directiva y organización. Ellas parten un día antes que ellos y las últimas jornadas se aprieta el paso para hacer coincidir la festiva y multitudinaria entrada en la Basílica de Guadalupe, el día domingo, día del Señor. Las hermanas peregrinas llegan antes de media mañana y los hermanos peregrinos pasado el medio día.

Todos ordenadamente tienen oportunidad de pasar muy cerquita de la bendita imagen de la Virgen de Guadalupe, son tan solo unos segundos de cielo donde una mirada de amor filial dice de lo que está lleno el corazón y lo que aqueja el alma de quienes recurrimos al auxilio y amparo maternal de nuestra Madre, Reina y Señora. No salen palabras, brotan lágrimas para dar gracias y pagar por lo recibido o prometido, para pedir la salud y la conversión de un familiar, por la vida de los hijos, por el alma del ser querido que ha muerto, todos llevan su vida cual rosas entre las manos.

No hay cansancio ni dolor que no se olvide cuando se contempla el milagro del Tepeyac.

Hay hermanos y hermanas, porque todos los peregrinos se llaman “hermanos”, que tienen  60 años peregrinando o quienes lo hacen por primera vez, a muchos los llevó su mamá o su papá y así sigue siendo, papás con sus hijos de la mano y algunas mamás con carriolas llevan a sus bebés, transmitiendo así de la mano su amor a la “Madre de los pecadores”.

Hay infinidad de datos y detalles que es difícil describir en pocas palabras y que solo viviendo la peregrinación se entiende, se comparte y se ama, como la ruta de los peregrinos que se parece a una gran raíz de un árbol frondoso, en este caso el árbol de la fe que se dispersa a lo largo y ancho de todo el territorio diocesano, 18 municipios del estado de Querétaro y 7 del vecino estado de Guanajuato. Pues de los lugares más remotos y lejanos de aquellas tierras, parten pequeños grupos que por la costumbre y tradición llegan a otra comunidad y en su camino se unen a otros, son varios los brazos que forman la ruta peregrina, cada grupo tiene su día de salida. Los primeros en salir lo hacen de Neblinas de Guadalupe una pequeña comunidad serrana donde se levanta una capilla entre cerros y montañas, muestra de amor y confianza. La gran columna peregrina marcha ordenadamente de cuatro o cinco en fila y se agrupa totalmente cuando tiene más de una semana de camino.

Todos se inscriben, pertenecen a un grupo que lleva el nombre de su comunidad, y estas comunidades se organizan en doce decanatos, cada año se realiza un sorteo para saber el orden de los grupos. Dos detalles; uno, no todos caminan la misma distancia, los que más peregrinan recorren unos 400 kilómetros en 16 días. Y, las jornadas inician con oración y canto, por día se recorren entre treinta a cuarenta kilómetros, todos los descansos y destinos diarios están previstos, tienen una guía del peregrino, durante el camino no falta el rosario completo ni la celebración eucarística, la adoración al Santísimo (es un verdadero retiro espiritual itinerante), hay tiempos de descanso donde no falta la generosidad de mucha gente que muestra la misericordia de Dios regalando comida y bebida, ofreciendo un rinconcito de su casa para pasar la noche y cuando es posible, la oportunidad de un reparador baño.

La columna de hombres y mujeres la preside un transporte que adecuado para la diversidad de caminos y climas donde se lleva un sagrario, Jesús Eucaristía guía, dicen con cariño los peregrinos es el “peregrino número uno”. La organización de esta peregrinación, declarada desde hace pocos años “patrimonio inmaterial de la humanidad”, la llevan adelante laicos comprometidos que cuidan el patrimonio de la experiencia ya centenaria de esta tradición; liturgia, coro, enfermería, carro capilla, secretaría, vanguardia, limpieza, etc., todo es importante, no se digan los permisos y trámites con las autoridades municipales, estatales y federales por donde pasarán los peregrinos.

La peregrinación es un acto de fe y la presencia de los sacerdotes generosos es indispensable. Desde el inicio de la peregrinación siempre fue determinante la figura del director espiritual. La santa Misa, en su tiempo tridentina, la catequesis y la devoción piadosa arraigó y se marcó en el corazón de los peregrinos, los aires de renovación van distrayendo, pero lo importante es la fe sencilla en Dios y no en ideologías.

Después de ser testigo durante años de esta singular muestra de fe y de amor a Dios y a la Santísima Virgen la imaginación hace pensar en el total de católicos en el mundo, se dice que ellos se concentran en Estados Unidos, México y Brasil. De México se sabe que los estados con más católicos son los del centro del país; Querétaro y Guanajuato están en ese centro, y si nos preguntan donde hay más católicos en Querétaro la respuesta es clara, en la gente sencilla, de las comunidades pequeñas, de los pueblitos y caseríos donde se vive en familia, se reza cada día, se tiene presente a Dios, se ve la vida como un continuo peregrinar al encuentro con Dios, allí está ese pequeño y gran número de católicos.

El lema de todo peregrino reza: “Con Cristo y Santa María de Guadalupe: Viviremos, proclamaremos y defenderemos nuestra fe”. No faltan retos, tentaciones y problemas por vencer en el camino, pero cada año en la Plaza de las Américas, a los pies de la Virgen Morena, las decenas de miles de fieles presentes gritan con orgullo el lema que da sentido a su peregrinar.

La peregrinación enseña, y el que peregrina aprende que todos estamos de paso en esta vida, nuestro destino es Dios.

No hay nada en el mundo que valga la pena más que nuestro Creador. Todos somos hermanos y compañeros de camino y nos amamos porque el Señor nos enseñó, que porque le amamos a Él debemos amar a nuestros prójimo. Y que por descartado, excluido, olvidado, anónimo o migrante que seamos debemos vernos con caridad.

Cuando los peregrinos cruzan la Sierra Gorda, el canto de los pájaros silvestres y el murmullo suave de los riachuelos se entrelaza con el rezo y el canto del que camina al encuentro de Dios. En ese momento se siente la presencia del Creador, así como cuando el cansancio, la fatiga, el sol y la lluvia hacen difícil el caminar, ahí está Dios que consuela y alivia.

Que el peregrinar de nuestros hermanos nos anime a retomar nuestro propio peregrinar diario, que tiene fin definido, vivamos nuestra fe con alegría, proclamemos con fidelidad lo que la Iglesia ha transmitido siempre para que no perdamos el camino, y defendamos nuestra fe de falsas ideologías, viviéndola y proclamándola.

Jorge A. Rangel Sánchez

Un instructivo artículo sobre Santa María de Guadalupe. Les invitamos a leer este otro artículo de Jorge Rangel: Ecumenismo en México


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