¿Por qué debemos conservar el Confiteor antes de la Comunión?

¿Saben que en la Misa Tradicional el Confiteor se reza también antes de la Comunión? El profesor Kwasniewski nos habla en profundidad sobre este aspecto y la necesidad de conservar está oración en dicho momento.

“¿Por qué debemos conservar el Confiteor antes de la Comunión?” Peter Kwasniewski para New LiturgicalMovement

Con el permiso correspondiente de New LiturgicalMovement para su publicación en Marchando Religión

Traducido por Beatrice Atherton para Marchando Religión

Texto original en: http://www.newliturgicalmovement.org/2019/05/why-confiteor-before-communion-should.html#.XP_IO4hKhPY

En este artículo defenderé la conveniencia de la repetición del Confiteor por los ministros inmediatamente antes de su comunión. Cantado por el diácono y el subdiácono en la Misa Solemne; dicha por los acólitos en la Misa Cantada y en la Misa Rezada. Argumentaré que no solo merece ser conservado, sino que debe ser usado en todas partes en el ususantiquior y no omitido.

Antes de entrar en materia, por un momento vamos a considerar porqué debería haber un doble Confiteor al principio de la misa, en la parte penitencial al pie del altar, antes que los ministros asciendan al monte del Señor para ofrecer el doble sacrificio: primero, el sacrificio verbal de las lecturas, seguida por el sacrificio incruento del Cordero de Dios.

A primera vista se podría pensar que aquí debiera haber un solo Confiteor, el del sacerdote y el del pueblo juntos. De hecho, es así como está previsto en el Novus Ordo Missaeque lo elimina de las “repeticiones inútiles”, esto basado en los eruditos.

No obstante, el doble Confiteor está lejos de ser inútil. Resalta con fuerza la naturaleza de diálogo del culto litúrgico, donde el celebrante actúa como mediador del pueblo, y donde cada miembro del cuerpo esta rezando por el otro. La duplicación formaliza la mediación, así como la mutua asistencia. Refuerza la humildad necesaria del celebrante, quien confiesa sus pecados solo coram ómnibus y también muestra la dignidad del siervo que dice a su maestro:

“Dios Todopoderoso tenga misericordia de ti, perdonando tus pecados, te lleve a la vida eterna”.

Refleja la verdad de la jerarquía cósmica y eclesiástica, y embiste contra uno de los errores reinantes de nuestro tiempo que es el del igualitarismo democrático, que agrupa a todos en una masa (o Misa) indiferenciada.

El obispo Athanasius Schneider una vez contó de una Misa Rezada que él estaba ofreciendo en África en un gran colegio católico tradicional para niñas. Cuando hubo confesado sus pecados, escuchó a todas estás niñitas decirle en un perfecto latín: “Misereatur tui omnipotens Deus, et dimissispeccatis tuis, perducat te ad vitamaeternam.” Él estaba sobrecogido con sentimientos de humildad, pequeñez y alegría. Esta experiencia del sacerdote confesando sus propios pecados frente a la gente, o en este caso, el obispo o el Papa, es algo que podríamos observar mucho más hoy en la Iglesia, desde luego que junto con la confesión del pueblo. Y todo esto en la presencia humilde y fuerte de los santos que dos veces son invocados por sus nombres: “La bienaventurada siempre virgen María, San Miguel Arcángel, San Juan Bautista, los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y todos los Santos”. No como ahora lo estamos diciendo juntos en una masa indiferenciada de “todos los ángeles y santos” mencionándolos solo una vez, por amor a la eficiencia.

No existen los atajos en la penitencia ni en el perdón.

Ahora yendo a nuestro tema central, el Confiteor antes de la comunión. Los reformadores litúrgicos objetaron no solamente la repetición de este momento, de algo que “ya había sido hecho” anteriormente en la Misa. Fue más bien por la  impresión de que el rito de la comunión de los fieles es “añadido” a la Misa como una pieza extrínseca más que como algo intrínseco a ella. Suprimir el (los) rito (s) de comunión fue la manera de subrayar la unidad de la acción litúrgica.

Sin embargo, la antigua práctica tiene sentido teológico al menos desde la perspectiva de la enseñanza dogmática del Concilio de Trento. La comunión del sacerdote sacrificante es esencial para la realización del sacrificio de manera tal como no lo es la comunión de nadie más. De hecho, uno de entre muchos factores que han contribuido a oscurecer la diferencia en especie que hay entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio de los fieles es la confusiónsobre este puntoal tener solo un rito de comunión en el cual el sacerdote anuncia “Ecce Agnus Dei” antes de recibir a Cristo y distribuirlo a los fieles.

Además, no se debe evaluar esta práctica solo desde la Misa Rezada, sino también desde la Misa Solemne, la Misa normativa del rito romano. Viendo al sacerdote flanqueado por sus compañeros, el diácono y el subdiácono, con el diácono cantando el Confiteor, se pone en agudo relieve cómo el sacrificio es esencialmente completado con la comunión del sacerdote, quien representa a Cristo, el Sumo Sacerdote, y que las demás comuniones son una extensión de este sacrificio a los ministros y a los fieles, un sacramental “ondulante” que es comparable con la ondulación de la Pax, el gesto de paz, que se comunica desde lo alto, de la misma manera en que los ángeles superiores comunican las iluminaciones a los ángeles inferiores.

Es decir, que el único sacrificante hace que el sacrificio se complete por sí mismo al participar de la Víctima sacrificial. No es necesaria ninguna otra comunión para que se complete, aunque obviamente la Iglesia se regocija con la participación de muchos fieles que estén en estado de gracia y se preparen para recibir a nuestro Señor. La distinción escolástica entre intensidad y extensión ayuda mucho aquí. Por ejemplo, el alma separada en el cielo posee la beatitud plena intensamente, pero cuando el cuerpo se reúna con ella en la resurrección esa felicidad desbordará a la carne y así la beatitud será más grande extensivamente, es decir, tendrá una mayor extensión.

La comunión separada del sacerdote y del pueblo, con el Confiteor como una cesura visible y audible, es la manera litúrgica de representar la verdad dogmática de la que el Papa Pío XII habló en la Encíclica Mystici Corporis Christi cuando distinguió entre la “redención objetiva” que Cristo realizó plenamente en la Cruz con la “redención subjetiva” de los cristianos, que se lleva a cabo a través de la aplicación de los méritos de Su Pasión por nuestras almas en los sacramentos de la Iglesia. Santo Tomás habla muy seguido de este punto, como cuando explica porqué los fieles no necesitan recibir el cáliz: “La perfección de este sacramento no yace en el uso de los fieles, sino en la consagración de la materia. No va, pues, contra su perfección, que el pueblo tome el cuerpo sin la sangre, con tal que el sacerdote que consagra tome ambas”. (Summatheologiae III, q. 80, a. 12, ad 2).“La representación de la pasión del Señor se realiza en la misma consagración de este sacramento, en la que no se puede consagrar el cuerpo sin la sangre. El pueblo, sin embargo, puede recibir el cuerpo sin la sangre sin que por ello se derive ningún inconveniente. Porque el sacerdote ofrece y asume la sangre en nombre de todos, además de que, como queda dicho (q.76 a.2), Cristo está por entero bajo una y otra especie.” (ibid., ad 3).

Este aspecto del ususantiquior apunta sin ambigüedad a la esencia de la Misa como representación del Sacrificio de la Cruz en manos del ministro ordenado, y con esto hace un lado con fuerza la fusión protestante de la Misa y de la Última Cena, es decir, la simple identificación de la Eucaristía con la comunión, un error tan omnipresente en nuestros días que los católicos no solo lo dan por sentado, sino que son inconscientes de que hay otra manera de pensar acerca de este asunto.

Entonces, en la Misa Cantada los fieles usualmente no son capaces de oír el Confiteor del sacerdote y de los servidores del altar al comienzo, porque estas oraciones preparatorias en el santuario son empañadas por el altísimo sonido del Introito. Entonces, cuando el diácono canta o los servidores dicen el Confiteor justo antes de la comunión todos son capaces de escucharlo y hacerlo por su cuenta, mientras no exista nada más que “esté cubriendo” esta acción. [1] La Santa Madre Iglesia ofrece a todos los fieles una oportunidad final para inclinarse frente al altar, expresar contrición por los pecados, convocar a los santos y ángeles como intercesores, y recibir una absolución menor antes de acercarse al Sanctissimum, al Santísimo, frente al cual incluso los Querubines y los Serafines cubren sus rostros. Por consiguiente, vemos que el Confiteor es tanto teológicamente apropiado como espiritualmente provechoso.

el confiteor antes de la Comunión-MarchandoReligion.es

En mi opinión (y probablemente lo admitiré por razones bastante incidentales) la supresión de este Confiteor antes de la comunión en el misal promulgado por el Papa Juan XXIII sirve como el “ejemplo modelo” de todo lo que se volvió erróneo durante este extraño periodo de“tierra de nadie” entre la Mediator Dei (1947) y la imposición del Novus Ordo (1969). En este periodo de dos décadas, el lenguaje papal oficial aún hablaba de la fuerza vinculante de la tradición y del bien no-negociable de la continuidad, mientras al mismo tiempo tres Papas sucesivos permitieron cambios a la liturgia, al principio tentativamente y de manera pequeña, pero posteriormente creciendo en audacia para abarcar la totalidad de los rituales de la cabeza a los pies,  lo que condujo de una inevitabilidad a  una eliminación del histórico del rito romano y su reemplazo por el “rito papal moderno” (como Gamber llama al Novus Ordo)

Que no haya error con respecto a esto: el incremento de cambios de Pio XII y de Juan XXIII a la Misa y a sus rúbricas (la abolición de la mayoría de las octavas y las vigilias, las múltiples colectas, las dobles lecciones, el “Benedicamus Domino”, las casullas dobladas, etc) son también corrupciones, y si bien son corrupciones menores a las de Montini, merecen ser rechazadas por aquellos que cuidan del rito romano en su integridad y plenitud con la misma prontitud y facilidad que las novedades más notorias de finales de los años sesenta.

Una última consideración, ya que estamos en el tema del Confiteor y del rol de la penitencia en el rito de la Misa, leí en un artículo en PrayTellhttps://www.praytellblog.com/index.php/2019/02/28/moving-the-penitential-act/ acerca de la propuesta, de moda entre los liturgistas “modernos” de hoy, de trasladar el rito penitencial para después de la “Liturgia de la Palabra”. Su teoría (como siempre bonito en el papel) es que debemos primero escuchar la Palabra de Dios que nos convoca a la fe y al arrepentimiento, y luego expresar nuestra aceptación del mensaje en el Credo y el rito penitencial inmediatamente antes de la Liturgia de la Eucaristía. Probablemente el signo de la paz se trasladaría hacia esta sección intermedia, para que así podamos encargarnos de todos los preliminares eucarísticos a la vez.

Reacciono de dos formas a esta idea:

Primero, esta propuesta y cualquier otra como esa solo tendría sentido si la liturgia fuera solo algo que hacemos de acuerdo con nuestras brillantes ideas, más que como una forma de oración que recibimos de aquellos que vinieron antes que nosotros y que veneramos como a nuestros padres en Cristo, de quienes recibimos la fe junto a la promulgación de los ritos. Y seguramente esta es una mirada tentadora, ya que las personas modernas son vistas constantemente teniendo mejores ideas y a producir un arte mayor que sus predecesores. Simplemente piense en primitivos como Platón, Aristóteles, Dante y Shakespeare, Bach y Mozart, y compáralos con Rorty y Derrida, Cummings y Kerouac, los Beach Boys y Eminem. Estamos claramente en una mejor posición para diseñar la liturgia que los hombres que construyeron Santa Sofía o la catedral de Notre Dame.

Lo que me sorprende es que tales proposiciones se puedan hacer, y mucho menos que sean tomadas en serio. ¿Sabemos más quelos milenarios católicos latinos que comenzaron la liturgia con la preparación penitencial, o para el caso, que los cristianos orientales que no pueden evitar cantar desde el principio “Señor, ten piedad de nosotros”? Pero podemos perdonarlos y bueno, ignorarlos, porque después de todo, entre los liturgistas profesionales, los Bizantinos obtienen un pase para todo, no importa cuán extravagante sea. Cuantas más letanías, procesiones, bendiciones, y cantos, mejor. El Este es el exótico “otro”, que nos permite detestarnos a nosotros mismos con un perpetuo complejo de inferioridad y que nos impulsa “a actuar” irracionalmente de vez en cuando recortando otro antiguo distintivo que nos conecta con el Este.http://www.newliturgicalmovement.org/2018/06/the-byzantine-liturgy-traditional-latin.html#.XQGaRYhKhPZ

Segundo, en una ironía que se repite con regularidad, lo que los liturgistas de moda dicen que quieren ya está presente en la misa tradicional no reformada (quiero decir la misa pre-1962). Dicen que quieren un momento, después de Palabra y antes de la Eucaristía, en el cual expresemos nuestro arrepentimiento. La Misa antigua nos ofrece el Confiteor antes de la comunión y el triple “Domine, non sum dignus…” con la absolución menor del sacerdote.  En este sentido el antiguo rito tiene, encarnando un profundo instinto de simetría, dos ritos penitenciales: el anterior a recibir la Palabra, y el anterior a recibir la Palabra-hecha-carne.

Cuanto más meditamos la liturgia heredada, más riquezas encontramos en ella y menos nos inclinamos a manosearla y a aceptar retoques de los demás, escasos del temor de Dios Padre, del amor a Cristo Sumo Sacerdote, y de la unción del Espíritu Santo. Damos gracias a la Santísima Trinidad por estar comenzando a redimir a Su pueblo del cautiverio Babilónico de setenta años de reforma litúrgica (circa 1948-2018), que se extiende desde la creación del Comité de Pio XII, que produciría la neo-Semana Santa Tridentina, hasta el año en el que Ecclesia Dei otorgó el permiso para que el ICKSP y la FSSP volvieran a la Semana Santa no reformada.  Al fin estamos llegando al círculo completo y no hay vuelta atrás.

Peter Kwasniewski para New LiturgicalMovement

(Partes de este artículo son extractos de la conferencia que dicté en St. Mary en Norwalk, “Poetas, amantes, niños, hombres locos y adoradores: ¿Por qué nos repetimos en la Liturgia?”)https://rorate-caeli.blogspot.com/2019/02/the-benefits-and-beauties-of-liturgical.html


[1]  No hace falta decir que, si sirve para un propósito corporativo, el Confiteor necesita escucharse en ese momento más que un susurro o un murmullo en la manga del acólito. No es necesaria una sonoridad, sino una voz articulada y un ritmo razonable que bastarán para hacer que la oración sea audible hasta en una gran iglesia. Para más ideas acerca de estas líneas, ver mi artículo “Dos modestas propuestas para mejorar la oración en la misa rezada”http://www.newliturgicalmovement.org/2018/11/two-modest-proposals-for-improving.html#.XNov-eU2qUk

el Confiteor antes de la Comunión
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Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski

Profesor Peter Kwasniewski: (Chicago, 1971) Teólogo y filósofo católico, compositor de música sacra, escritor, bloguero, editor y conferencista. Escribe regularmente para New LiturgicalMovement, OnePeterFive, LifeSiteNews, yRorateCaeli. Desde el año 2018 dejó el Wyoming CatholicCollegeen Lander, Wyoming, donde hacía clases y ocupaba un cargo directivo para seguir su carrera como autor freelance, orador, compositor y editor, y dedicar su vida a la defensa y articulación de la Tradición Católica en todas sus dimensiones. En su página personal podrán encontrar parte de su obra escrita y musical: https://www.peterkwasniewski.com/