Ecumenismo en México: Santo Domingo a 493 años de historia

Hoy les presentamos a una nueva firma, Jorge A. Rangel. En su primer artículo para Marchando Religión nos habla de lo sucedido en el Templo de Santo Domingo, en México, pero ¿Quieren saber que sucedía hace 493 años en este mismo Templo?

“Ecumenismo en México: Santo Domingo a 493 años de historia”, Jorge A. Rangel

La Ciudad de los Palacios, tiene entre sus históricas construcciones, —no solo por su valor artístico sino por su significado como templo y convento—,a Santo Domingo, apenas distante unas cuantas calles de la Catedral de México.

La Orden de los Predicadores llegaron apenas cinco años después que los Franciscanos allá por el 1526. A su llegada fueron recibidos por el propio Hernán Cortés quien, en actitud de reverencia, se arrodilló delante de cada uno para dar ejemplo a los naturales. Recién llegados fueron acogidos por los Franciscanos, pocos meses después, recibieron seis solares donde construyeron su convento y el primer templo dedicado a Santo Domingo en 1575.

Tras muchas dificultades, en 200 años los Dominicos tuvieron que reconstruir esa Casa de Dios, primero por asentamientos del terreno y otra vez por una fuerte inundación. Cada reconstrucción fue mejor que la anterior, para gloria de Dios y para honra de Nuestra Señora del Rosario.

Pero ¿qué trajo a esos religiosos?, ¿qué movió a esos misioneros a dejar su tierra, arriesgar su vida, afrontar lo desconocido?, ¿por qué el conquistador militar se arrodilló con reverencia ante ellos? ¿para qué construir un templo tan grande —llegó a ser el segundo— en la capital virreinal?

¿Acaso no fue el ardor del amor divino provocado por la presencia de Jesucristo, cual fuego en la zarza bíblica que arde y no consume, ardor que los seguidores del Señor sintieron cuando les acompañó a Emaús, ardor que la Iglesia vive desde su origen y contagia sin fronteras cuando obedece a Jesucristo antes de su subida a los cielos, que envió a sus discípulos a enseñar con fidelidad lo que recibieron de Él y bautizar a quienes acepten el regalo divino de la fe? Solo hay un ardor en la Iglesia que fue, es y será por siempre, y su nombre es Jesús, el Señor.

Los misioneros que arribaron a la Nueva España, un verdadero ejército ordenado en batalla, antes de misionar se preparaban en el conocimiento de todo lo relativo a donde ejercerían su labor evangelizadora, al mismo tiempo que llevaban la fe, el mejor regalo que se puede compartir, formaban comunidades. Esos ejemplares predicadores tuvieron muy claro que llevaban en vasijas de barro un gran tesoro, que lo que recibieron y cuidaban con celo, lo debían transmitir con fidelidad. Su modo ordenado y sistemático de proceder (su método) fue el mismo que los primeros testigos del Evangelio usaron al salir de Tierra Santa. Enseñar la doctrina que recibieron, lo que debe saber, como debe vivir y como debe adorar a Dios un buen cristiano, continuar la tradición de la Iglesia en sus valores, creencias, costumbres y formas de expresión, y el milenario magisterio de la Iglesia, mucho del cual proclamado por verdaderos santos.

El día de la Ascensión, Jesucristo subió a los cielos, a su Reino que no es de este mundo, y también envió a sus discípulos a todos los rincones del mundo para dar testimonio a todos los hombres de haber visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia  y de verdad, así como bautizarlos para recibir el regalo de la fe.

Si ese puñado de hombres no hubieran cumplido y transmitido con fidelidad su encargo nunca hubiéramos escuchado de nuestro Dios verdadero, y no hubieran existido esos misioneros que compartieron ese compromiso de fidelidad al mandato Divino.

¿Cómo entender y mucho menos aceptar que 493 años después, el mismo templo de Santo Domingo en la Ciudad de México con una llamada “celebración ecuménica” un obispo de la misma Orden de los Predicadores, presidiera con una mujer lesbiana pastora protestante la mezcla de ritos entre prehispánicos, antiguos y musicales pidieran perdón a su “Casa común, llamada Tierra”? Una verdadera ofensa y falta de respeto a la Casa de Dios, lugar consagrado solo para Él.

¿Qué cosa cambió? Será que la nueva evangelización como respuesta a la rápida descristianización y a los errores del pasado está dando sus frutos? Ese es el ardor, métodos y expresión nuevos?

Sigamos esperando que nuestros obispos de México no callen y hablen de nuestro Dios de nuestra fe y no de “Espiritualidades y resistencias contextuales frente a las violencias globales”, que no vean en los fieles que buscan vivir la fe como siempre lo pidió la Iglesia o en otros consagrados fundamentalismos, fobias y odios aplastantes y divisorios. Que no contemplen emanaciones de sacralidad donde no las hay, como en la madre tierra o la llamada casa común. Que recuerden que uno es el Dios que inflama el corazón, una la Iglesia Santa, fundada por Dios.

Que respeten la liturgia y no celebren en la Casa de Dios con quienes ni creen, ni esperan ni aman al verdadero Dios. Que no se sientan luz resplandeciente y transformadora por su vocación así llamada teológica.

Que si de algo se han de gloriar sea de Jesucristo resucitado como lo hicieron aquellos grandes misioneros de la Orden de los Predicadores.

Jorge A. Rangel

Esperamos que este artículo sobre la destrucción del ecumenimo en México sirva para la reflexión de cómo se destruye y pervierte la Liturgia. Les invitamos a quedarse en nuestra sección de:


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