La carta abierta: ¿Quién como Dios?

Miguel Serafín pone el dedo en la llaga, “¿El que obedece no se equivoca?” Esta es una de las preguntas que nos lanza en este artículo, pero ahí no queda todo, lean: “¿obedecemos al superior que subvierte la Palabra de Dios en lugar de custodiarla, u obedecemos al propio Dios?” Si quieren saber la respuesta: en el artículo

“Quién como Dios”, Miguel Serafín

Querubín protector de alas desplegadas te había hecho yo, estabas en el monte santo de Dios, caminabas entre piedras de fuego. Fuiste perfecto en su conducta desde el día de tu creación, hasta el día en que se halló en ti iniquidad. Por la amplitud de tu comercio se ha llenado tu interior de violencia, y has pecado. Y yo te he degradado del monte de Dios, y te he eliminado, querubín protector, de en medio de las piedras de fuego. Tu corazón se ha pagado de tu belleza, has corrompido tu sabiduría por causa de tu esplendor. Yo te he precipitado en tierra, te he expuesto como espectáculo a los reyes. Por la multitud de tus culpas por la inmoralidad de tu comercio, has profanado tus santuarios. Y yo he sacado de ti mismo el fuego que te ha devorado; te he reducido a ceniza sobre la tierra, a los ojos de todos los que te miraban.” 


(Ez 28, 14-18).

En el pasaje anterior se está describiendo a Lucifer. Lucifer es un ángel, más precisamente un querubín. Sabemos de los ángeles porque la Sagrada Escritura habla de ellos en más de 600 ocasiones. También se les denomina estrellas. Nuestro Señor Jesucristo habla de ellos. Sabemos de ellos por la Tradición judía que ha sido trasmitida a los Padres de la Iglesia y hasta nuestros días. Los ángeles son seres espirituales, inmateriales creados por Dios con un intelecto muy superior al nuestro, pero al igual que nosotros, poseen algo precioso que se llama libre voluntad. La voluntad, no es hacer lo que comúnmente se entiende hoy: “lo que yo quiera”. La voluntad nos fue dada para elegir libremente a Dios o no.

El mundo angélico está organizado en jerarquías; y Lucifer pertenecía a la más alta de ellas.

Pero Lucifer se rebela contra Dios. Lucifer que está en las categorías altas, se mira así mismo, su perfección; y decide que quiere ser como Dios. El Arca de La Alianza que Dios hace construir a Moisés en el desierto, contiene las tablas de La Ley de Dios, la Palabra de Dios, los 10 mandamientos. Ese Arca representa el Santuario verdadero de Dios en el Cielo, lo que sucede en el mundo sobre natural. Ese Arca, Dios manda a Moisés que sea custodiada por Querubines. El Arca representa el Trono de Dios. El Querubín Lucifer o Lucero era el encargado de custodiar El trono de Dios, la Palabra de Dios en el mundo sobrenatural, que está representado por La Ley en el mundo natural. El Reino de Dios al que tiene que custodiar, es justamente a lo que Lucifer se vuelve para atacar.

“¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, ¡hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de naciones! Tú que habías dicho en tu corazón:Al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión, en el extremo norte. Subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo. ¡Ya!: al seol has sido precipitado, a lo más hondo del pozo.


(Is 14 12-15)

No hay una definición clara del por qué la rebelión de Lucifer (Lucero); pero tenemos por la tradición, idea de lo que sucedió. Si los ángeles tienen voluntad para elegir a Dios, había que decidir sobre algo que los afectara a ellos. Dios ilumina sus intelectos y les deja saber de crearía una criatura que sería inferior a ellos en intelecto, material, con libre voluntad, y que amaría tanto a esa criatura que descendería incluso por debajo de los ángeles para asumir esa naturaleza inferior y la elevaría a la naturaleza divina. Si esa nueva criatura iba a ser elevada a la divinidad, los ángeles tendrían que servir a esa criatura inferior.

Lucero no aguantó la idea de tener que servir a una criatura inferior: al hombre, aunque en el hombre iba a estar encarnado Dios. ¡No serviré!, fue su respuesta.

No sabemos si era consciente que al que estaba rechazando era al mismo Dios. Pero rechazó Su Voluntad, el mandato de Dios.

Lucero que sabe que necesita seguidores, ordena a todos los coros de los ángeles que le sigan. Un tercio de ellos es convencido de seguirle, tal vez porque la orden viene de un ángel superior. Pero los convence. Son ángeles que obedecieron a Lucero, a Lucifer en lugar que a Dios. Es un tercio de un gran número de ángeles o estrellas que si bien es incontable no es infinito.

“Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto lo diera a luz.”


 (Ap 12,4)

Desde lo bajo de las jerarquías de los ángeles, se escuchó la voz de uno de ellos que preguntaba ¿¡Mi kha EL!, ¡Mi kha EL!? ¿Quién como DIOS? Es decir, ¿quién puede ser como Dios o más que Dios? Advirtió y puso freno a que más ángeles siguieran a Lucero. Y por eso a ese ángel de baja categoría, se le llama Michael o Miguel. San Miguel, libra una gran batalla de estrellas. El que se convirtió en el jefe que derrota al dragón y a quienes le siguieron. Es hoy el Jefe de los Ejércitos Celestiales.

“Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él.”


(Ap 12, 7-9).

A Lucifer, ese nombre tan precioso que se le había dado y que despreció, se le conoce hoy como Satanás. El seductor del mundo, el tentador. Todavía existe y tiene seguidores.

San Miguel Arcángel, era uno de los pequeños ángeles en jerarquía. Si bien la jerarquía sirve para dar buen funcionamiento con orden lógico a las cosas, vemos como en el cielo pudo suceder que la jerarquía no siempre tiene la razón. La razón siempre la tiene Dios. Y por eso Dios nos dio un intelecto, para hacer uso de él y tomemos decisiones acertadas basados en la voz de Dios, no sólo en las ordenes que la jerarquía pueda dar. Eso fue lo que hizo San Miguel. San Miguel no siguió ciegamente la orden de un ser MUY superior a él. Sin embargo, hizo uso de su razón, y por la lógica supo que por encima debía estar Dios. Esa es la decisión que San Miguel y todos los ángeles tuvieron que tomar: a quién seguir. Después de todo, ¿Quién como Dios?

Con esta introducción quiero referirme a los acontecimientos que vienen sucediendo en la Iglesia fundada por Cristo.

Hace 2 días un grupo de laicos envía una carta abierta (https://marchandoreligion.es/2019/05/papa-francisco-acusado-de-herejia/ )a los obispos de todas las naciones. Es un grito de auxilio para que los obispos salgan a defender la fe, el magisterio de la Iglesia que viene siendo menoscabado de muchas maneras. La propia carta explica de manera clara y concisa de qué manera se viene haciendo eso, aunque como lo dice el texto de ésta, no es de manera “exhaustiva”, pero no deja lugar a duda de que es hora de que los pastores de la Iglesia tomen una posición firme y dejen de actuar como si no estuviera pasando nada. Es hora de que nuestros pastores dejen de ocultarse bajo el pretexto de la obediencia. Es muy común escuchar entre sacerdotes la frase de cajón “el que obedece no se equivoca”. La cosa es saber a quien obedecer. San Miguel nos da el ejemplo: ¿obedecemos al superior que subvierte la Palabra de Dios en lugar de custodiarla, u obedecemos al propio Dios? Creo que fue el Cardenal Newman quien dijo, ante la duda de cuál es la verdadera doctrina, debemos regresar a nuestros orígenes, a los Padres de La Iglesia. Si verificamos la doctrina de los Padres de La Iglesia, tendremos la respuesta.

Imaginemos una persona tentada a dejar a su esposa por su secretaria, sus sentimientos, sus instintos (no su mente) le dicen que está enamorado y que la ama. Sin embargo, él decide respetar a su mujer y a sus hijos y se olvida de este nuevo “amor” por seguir las enseñanzas de Cristo por medio de la Iglesia y poder seguir recibiendo la Eucaristía. Unos años más tarde, la Iglesia decide que hay casos especiales en que se puede seguir siendo fieles a las Enseñanzas de Cristo y recibir la Eucaristía, aunque se viva en adulterio como se está promulgando hoy en día. El hombre reza al Señor y le dice, Señor yo sigo amando a mi mujer y a mis hijos, pero creo que perdí una gran oportunidad con mi secretaria, no entiendo por qué cambiaste las reglas de juego. ¿Qué le contestaría el Señor?, “Lo siento hijo mío, naciste en la generación equivocada, mala suerte”. No es lógico. Como dijo San Pablo:

“Acordaos de vuestros pastores, que os anunciaron la Palabra de Dios y, considerando el final de su vida, imitad su fe. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino”.


(Heb 13 7-9a).

La carta abierta de estos prominentes laicos, en realidad no es dirigida a todos los obispos, no está dirigida a aquellos que ya han tomado la decisión de alterar la sana doctrina. Está dirigida a aquellos obispos que entienden el Magisterio recto de la Iglesia, y están esperando una luz verde de su superior para decir algo. Luz verde que nunca llegará.

El obispo emérito de Corpus Christi, Texas, Monseñor René Gracida, declarándose así mismo como un obispo introvertido, habla en una entrevista en 2016, de que La Iglesia está comandada por obispos “extrovertidos” que están promoviendo agendas progresistas y liberales, infectados por el falso espíritu del Vaticano II, tolerando abusos y disentimiento que son destructivos para la fe. Habla de la mentalidad de “club” de los obispos que temen estremecer la barca de sus compañeros. Los obispos no critican a sus compañeros obispos por temor al ostracismo. Dice que esta mayoría de obispos introvertidos, nunca se dirigirían al micrófono para hablar frente a otros obispos. Entre un tercio de ellos son los que dominan el micrófono y las reuniones. Estos obispos que dominan, en su mayoría liberales son los que se auto nominan para presidir o encabezar los comités; y son los que en general marcan la pauta de los destinos de Las Iglesias particulares en una determinada región desde las conferencias episcopales.

Es por esto por lo que este artículo es escrito con la esperanza de que esos obispos tímidos que sabemos que son buenos, lo lean, y tomando el ejemplo del arzobispo Gracida, que reconociéndose introvertido toma la iniciativa de hablar y decir cuando algo no es magisterio auténtico que La Iglesia ha enseñado por siglos.

Esperamos que estos obispos, como San Miguel, uno de los ángeles inferiores que pudo salvar dos tercios de toda la jerarquía angélica, hagan uso de sus facultades intelectuales, de su cargo, de su valor y de su amor por sus ovejas y sobre todo por Dios, y griten como San Miguel, a todo pulmón “¿¡Mi kha EL, Mi Kha EL!? “¡Quién como Dios!”

Miguel Serafín

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