Comulgar de rodillas y en la boca, una necesidad imperiosa

En nuestra página no nos cansaremos de hablar principalmente de estos temas, la Comunión de rodillas, el uso del latín, la Liturgia Tradicional, es nuestro sello, ¿Se apuntan Vds.? ¡Les invitamos!

“Comulgar de rodillas y en la boca, una necesidad imperiosa”, Sonia Vázquez

Recuerdo con especial cariño mi primer artículo para Adelante la Fe, allá por el año 2014, se titulaba Comulgar con cariño: de rodillas y en la boca. Ayer, viendo el hermoso vídeo de mis compañeros de Agnus Dei Prod sobre este mismo tema, evocaba en mi mente aquel artículo, aquel momento en el que lo escribí y me preguntaba por qué no volver a hablar de ello y no una, sino dos o mil veces…las que sean necesarias.

¿Quieren saber si continúo Comulgando de rodillas?

La respuesta es sí y ¿Saben por qué? Es muy sencillo, cuando mi alma supo que el mismo Dios estaba ahí, ante mí, en la Hostia, entendí que no podía hacer otra cosa que caer ante Él…El Señor no sólo está frente a nosotros, sino que se nos da enteramente, entra hasta el fondo de nuestra alma, ¿no es lo más hermoso que se puede escuchar y sentir? Una vez que uno vive esto, no hay retroceso, es tan sencillo como cuando de niños entendemos que detrás de los nombres de “papá” y “mamá” están esas personas que nos cuidan y nos protegen, pues esto, todavía es más fuerte, el Rey nos ofrece su Mansión Celestial. Imposible desear el lodo cuando se nos ofrece gratuitamente un trozo de cielo.

Por las redes sociales hay mucha gente repartiendo carnet de católicos, juzgando y condenando a todo aquel que no cumple su ley fariseica. No es esto, mis queridos lectores, no se trata de imponer, ni de obligar a nadie, ni de señalar con el dedo, es algo más simple, consiste simplemente en hablar de Jesús a los demás, en contarle a otros el descubrimiento que nosotros mismos hemos hecho, ¿no hablan los enamorados a voz en grito de su historia de amor? ¿No quiere la novia contarle a todas sus amigas que ha encontrado a su príncipe? Pues fíjense, ahora estamos hablando del Creador, de Nuestro Padre, de Nuestro Amante, de Nuestro Amigo…hablamos de Jesús, Dios y Señor de todo lo Creado.

Yo nací con el Concilio Vaticano II avanzado, con Juan Pablo II como Papa y no reniego a nada de mi formación, mis padres y los Sacerdotes que me educaron en la Fe lo hicieron con el máximo amor y cuidado, pero lógicamente, con lo que se enseñaba en las parroquias en ese momento. No recuerdo reclinatorios en mi infancia ni canto gregoriano a mi alrededor, pero sí recuerdo a Jesús en el Sagrario esperándonos cuando íbamos a contarle nuestras pequeñas hazañas del día, nuestros catequistas nos enseñaban a hablar con Él y aún en medio de los destrozos que iba provocando el Concilio Vaticano, en mi alma iba crecía el Amor. Recuerdo especialmente el mes de Mayo en el que me vestían de Pastorcita y me ponían a recitar en nuestra amada lengua gallega, una poesía a la Divina Pastora, yo la miraba con mis ojos de niña y ya la llamaba Madre. Nunca viví esas grandes conversiones de las que habla hoy en día mucha gente y que para “sentirlas” es necesario ir al Santuario de moda, yo viví mi acercamiento a Jesús directamente en ese cubículo llamado Sagrario, ese cenáculo que te va atrapando y en el cual, cada día, deseas estar más y más. Fíjense, a veces uno invierte dinero y esfuerzo en ir a “convertirse” y resulta que al lado de nuestra casa hay un conversor gratuito y como lloraba San Manuel González, está abandonado. Los santuarios new age abarrotados y los sagrarios abandonados, puede parecer un juego de palabras, pero es una penosa realidad.

No me extenderé, hoy quiero ser muy breve, quiero dejar el discurso extenso para que lo tengan Vds. con el Señor…Sólo puedo decir que llegó un momento en mi camino en el que cada día mi relación con el Señor era más cercana, más próxima, pero eso no consigue abriendo la nevera y cogiendo una coca cola, a eso se llega con los Sacramentos y con la vida de oración. Cuando el médico nos da un tratamiento para combatir una enfermedad, debemos de ser rigurosos y tomarlo el tiempo estipulado, en la vida espiritual sucede un poco lo mismo, el tratamiento es persistir y dejar que esa medicina penetre en nuestra alma.

Recuerdo el día en el que sucedió el gran milagro, seguramente nadie a mi lado se dio cuenta, no vieron en mi cabeza una aureola, nadie escuchó el canto de querubines, pero yo sí percibí todo eso a mi alrededor mientras avanzaba por el pasillo y me dirigía a Comulgar. Llegada a la altura del Sacerdote, Lo vi, en la Hostia blanca e Inmaculada estaba el Señor y no pude por más que caer de rodillas ante Él…desde ese día no he vuelto a Comulgar de otra manera que no sea de rodillas, porque ahora sé, verdaderamente, que ahí está Jesús.

Queridos, no se sientan obligados a vivir esta experiencia, pero, sinceramente, ¿no les gustaría por lo menos intentarlo? ¡Háganlo! Comulguemos de rodillas y en la boca: “In nomine Jesu omne genu flectatur caelestium et terrestrium et infernorum”, este pasaje bíblico quiere decir: “al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en la tierra y en los abismos”

Sonia Vázquez

Esperamos que Vds. también animen a otros a Comulgar de rodillas y en la boca. Les invitamos a quedarse en nuestra página. Recuerden que todos los días tenemos nuevos artículos


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Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Soy Católica, agradezco a mis padres su empeño y dedicación en el cuidado de mi alma. Estudié la carrera superior de piano y a la par, la de Informática, en el área de programación. Profesionalmente estuve ligada durante años al sector de las Telecomunicaciones, que me siguen entusiasmando, pero mi pasión es la música a la que, a día de hoy, me dedico profesionalmente y al cien por cien. Trabajo como organista, dirijo varias corales y he impartido conferencias sobre la música Litúrgica. Me he formado en Teología, Música Litúrgica y órgano. Mi meta es Dios, la salvación de mi alma y la de aquellos a los que amo. Estoy felizmente casada, somos una familia en Cristo, en la foto me podéis ver con uno de los miembros de nuestra familia, Pastor. Vivo en Galicia, miña terra nai