La Misa de mi padre monaguillo

¿Misas guitarreras, ruido, palmas? No es esta la propuesta que nos trae Luis Fernando Pérez, es algo muy distinto, ¡lean!

“La Misa de mi padre monaguillo”, un artículo de Luis Fernando Pérez Bustamante

Dijo Dios: «No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado».


Ex 3,5

Y los veinticuatro ancianos y los cuatro vivientes se postraron y adoraron a Dios, que está sentado en el trono, diciendo: «¡Amén! Aleluya».


Ap 19,4

Justo ahora hace veinte años, tras más de ocho asistiendo a cultos evangélicos pentecostales, el Señor tuvo a bien llevarme a una parroquia ortodoxa griega en Madrid, donde participé por primera vez en la Misa según la liturgia de San Juan Crisóstomo. No entendí una sola palabra de lo que allí se dijo, se rezó y se cantó, pero fue la primera vez en mi vida que tuve la certeza de estar asistiendo a lo que ocurre en el cielo. Y justo al salir empezó una cuenta atrás en mi alma, deseando que transcurrieran siete días para volver a participar de aquello tan excelso. Los siguientes meses “disfruté” de la liturgia bizantina tanto en esa parroquia griega como en una rumana.

Aunque gran parte de mi abandono del protestantismo estuvo basado en cuestiones históricas y doctrinales, no albergo duda alguna de que Dios quiso “empujarme” en el camino de regreso a la Iglesia Católica a través de aquellas misas ortodoxas. Por primera vez en mi vida entendí el verdadero sentido de la liturgia. Nada que ver con lo que recordaba de mis años como niño y adolescente católico ni, por supuesto, mi etapa protestante.

Quiso el Señor que no acabara mi camino allí, entre los ortodoxos, y finalmente me trajo de vuelta a la Iglesia Católica, su Iglesia.

Pero, ¡ay!, qué difícil fue volver a las Misas de treinta minutos con escaso sentido de lo sagrado.

Qué complicado me resultó abandonar esa especie de “cielo en la tierra” domincal para imbuirme de nuevo en las misas con coritos modernos, guitarras y comuniones sin respeto aparente hacia Aquel que se recibe en la Hostia consagrada.

No se me entienda mal. He asistido a Misas católicas según el Novus Ordo muy dignas, muy solemnes. Pero para qué mentir… no es lo habitual.

Aunque a alguno le sorprenda, todavía no he asistido a ninguna Misa según el Rito Extraordinario.

La vez que más cerca estuve, hace unos meses, resulta que el sacerdote estaba enfermo y no pudo celebrarla. Si Dios me lo concede, pienso suplir esa “carencia” en breve, aunque tengo la sensación de que una vez que asista a la Misa tal y como la celebraba mi padre siendo monaguillo, me volverá a costar mucho volver a la que siempre he asistido como católico. 

Quién sabe si cuando asista a la Misa tridentina entienda un poco mejor a mi padre, a quien Dios tenga en su gloria, del que me pasé media vida creyendo que no iba a Misa los domingos, pero resulta que asistía a la que se celebraba a primera hora, bien temprano. La razón es que en esa Misa no tenía que sufrir canciones mundanas a las que se ponía letra cristiana, ni escuchar homilías modernistas (años 70 y 80, zona sur de Madrid) de sacerdotes rojos. Tengo pocas dudas de que él haría hoy todo lo que estuviera en su mano para volver a asistir regularmente a la Misa según él la vivió siendo niño.

Luis Fernando Pérez Bustamante

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