El Sermón de la montaña (II)

Continuamos con los Misterios de la vida de Cristo, de la mano del Rev. D. Vicente Ramón y volvemos al sermón de la montaña

“Misterios de la vida de Cristo”, Rev. D. Vicente Ramón Escandell

El Sermón de la Montaña (II)

Relato Evangélico (Lc 6, 39-45)

Les dijo también una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No Misterios de la vida de Cristo:está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “¿Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano. Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

Comentario del Evangelio

Continúa Jesús su sermón de la Montaña abordando las cuestiones del juicio temerario y de los falsos profetas. Jesús tiene en mente en ambos puntos las actitudes de muchos fariseos que, lejos del ejemplo de Nicodemo y José de Arimatea, se cierran a la revelación que les es ofrecida y se erigen en jueces inmisericordes de Él y sus seguidores. Los fariseos que, por su vocación y preparación, deberían haber sido ministros de la misericordia y la sabiduría divina, actúan en medio de Israel como tiranos y déspotas sobre la heredad de Dios. Muchos de ellos se han olvidado del espíritu de la Ley, para centrarse únicamente en la letra de la misma pensando, ilusoriamente, que es ella la que los salvará y no la gracia de Dios; sobre este principio, juzgan y sentencian a los demás, olvidando que ellos mismos serán objeto del juicio divino, convirtiéndose en causa de la caída del mismo pueblo al que debían haber conducido a la salvación. Para Jesús esta no ha de ser la actitud de sus discípulos, y menos aún, la de sus pastores que, como afirmara más tarde el Apóstol san Pedro, han de comportarse “no como déspotas con quienes [les ha tocado] en suerte sino [convertirse] en modelos del rebaño”[1] que Dios les ha encomendado. Así, por sus frutos serán ambos conocidos: los fariseos conducirán al Pueblo Elegido a la ruina y la dispersión; los apóstoles llevarán al Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, a los verdes pastos de la salvación, no sin pasar por la prueba y la tribulación, pero sembrando la semilla de una nueva Humanidad formada por los hijos de Dios y de la Iglesia.

Reflexión

Como la hipocresía es una cierta simulación de una personalidad que no se tiene, se opone directamente a la veracidad, por la que uno se muestra en hechos y palabras tal y como es[2], nos dice Santo Tomás de Aquino.

Uno de los grandes dramas del catolicismo contemporáneo es, como ya advirtiera san Pablo VI, el divorcio entre fe y vida, que se traduce en una falsa religiosidad más atenta, muchas veces, al detalle que al conjunto. Esta realidad, este divorcio existencial, puede llevar a muchos cristianos a una actitud hipócrita en su vida de fe que, para ellos, queda reducida a un conjunto de prácticas devotas o sociológicas, desligada de un atentico comportamiento moral cristiano. Es lo que, en la moral católica, se conoce como conciencia farisaica, según la cual, lo pequeño es grande y lo grande es pequeño; esta actitud se manifiesta en un exagerado apego a prácticas y expresiones religiosas externas, pero un olvido de las exigencias morales de la fe, tales como la caridad fraterna o la justicia. Se consideran “deberes inalienables” del verdadero cristiano las novenas, procesiones, peregrinaciones…, pero restan importancia a las críticas, murmuraciones, etc., que tienen bastante más importancia que aquellas prácticas exteriores. Se aparenta una vivencia cristiana que no es completa, sino parcial, porque no expresa realmente la unidad de vida exigida por la misma vocación bautismal y que Cristo expresa al final del Evangelio de este Domingo: De lo que rebosa el corazón habla la boca. Este peligro, del que no nos libramos nadie, debilita el Cristianismo que es más que las practicas externas que, sin dejar de ser importantes, deben ceder paso a la práctica de la misericordia, de la caridad fraterna, del perdón y de la comprensión, frutos de la gracia divina, que imploramos descienda sobre nosotros en la oración, en los sacramentos, en los actos de piedad…, que no son un fin sino medio. De lo contrario, seremos hipócritas, porque nuestras palabras y acciones no revelaran lo que no somos en realidad: hijos de Dios en su Hijo amado Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.

Testimonio de los Santos Padres

San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia (c. 540-604)

Dice con razón uno de los libros sapienciales: ¡Ay del hombre que va por dos caminos! Va por dos caminos el hombre pecador que, por una parte, realiza lo que es conforme a Dios, pero, por otra, busca con su intención un provecho mundano.

(Libro de las Morales sobre el Libro de Job, Libro I, 1,2.36)

Oración

Señor y Dios Nuestro, Verdad infinita, que manifiestas tu bondad y tu amor por medio de tu Hijo Jesucristo y de su Iglesia, aparta de nosotros la tentación de la hipocresía; que nos dejemos transformar por tu gracia para que, con nuestras palabras y hechos, manifestemos nuestra condición de hijos tuyos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


[1] Cf. 1 Pe 5, 3

[2] ST II-II, 111, 3

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad

Pueden leer la primera parte en el siguiente enlace: El Sermón de la montaña (I)

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna