¿Por qué la Iglesia hace lo que hace?

Esta semana Miguel Serafín pone un tema sobre el tapete: ¿el proselitismo es pecado? ¿Es que tenemos que rendir culto a los protestantes? Y nuestra Jerarquía, ¿qué?

“¿Por qué la Iglesia hace lo que hace?”, un artículo de Miguel Serafín

“Y he aquí que un etíope eunuco, alto funcionario de Candace, reina de los etíopes, que estaba a cargo de todos sus tesoros, y había venido a adorar en Jerusalén, regresaba sentado en su carro, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro.» Felipe corrió hasta él y le oyó leer al profeta Isaías; y le dijo: «¿Entiendes lo que vas leyendo?» “El contestó: «¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía?» Y rogó a Felipe que subiese y se sentase con él. […] Felipe entonces, partiendo de este texto de la Escritura, se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús. Siguiendo el camino llegaron a un sitio donde había agua. El eunuco dijo: «Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?» Y mandó detener el carro. Bajaron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y lo bautizó.”


(Hec. 8, 26-38).

Parte de lo que hace la Iglesia está descrito en este pasaje. Se complementa con otro pasaje muy conocido que dice:

“Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará […] Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios”.


(Mc.16, 15-16,19-20).

En el Evangelio de San Marcos, el Señor escoge para decirles antes de partir, antes de ascender al Cielo, lo que tienen que hacer. ¿Es que acaso el Señor no les había hablado de evangelizar a los pueblos llevándoles la Buena Nueva?

El Señor se marcha por una muy buena temporada. Ha enseñado a los apóstoles y justo antes de partir, lo que decide recalcarles, repetir, enfatizar, es lo que había que hacer. “ir al mundo entero proclamando la Buena Nueva, bautizando y que crean para ser salvados. El que no crea se condenará.” Nosotros mismos cuando vamos de viaje, dejamos instrucciones a los que quedan cuidando la casa o los negocios y recalcamos justo en la despedida lo más importante para que cuando llegue el momento del regreso no haya problemas.

Por eso dice en el pasaje de san Marcos arriba mencionado, que ellos salieron a “predicar por todas partes”.

Los apóstoles entendieron la importancia de salir y llegar al mundo entero para traer nuevos creyentes (el que crea y se bautice se salvará). Esos nuevos creyentes en el lenguaje griego koiné se llamaban prosélitos. Prosélito quiere decir un recién llegado. Eso fue lo que mandó nuestro Señor Jesucristo a los apóstoles. A traer nuevos allegados a su fe, a su Iglesia; a traer prosélitos, y por eso en nuestra lengua castellana (española) tenemos un sustantivo que es proselitismo. Ese sustantivo se combina con el verbo hacer y por eso nuestra Santa Iglesia Católica se dedica a hacer proselitismo para que el mensaje de Cristo, nuestro Señor, llegue a nuevas personas y sean bautizadas y tener la posibilidad de ser SALVADAS.

Un ejemplo claro de este mandato seguido a la letra fue el del apóstol Santiago, que decide ir hasta el fin del mundo en Galicia para hacer prosélitos. Santiago no dejó su casa y su tierra por hacer algo que era una opción. No, no era una opción conseguir prosélitos. Es por eso por lo que la Buena Nueva de Cristo por medio de Santiago llega a toda España y de allí siglos más tarde al Nuevo Mundo. Gracias Santiago.

¿Es un trabajo o misión fácil? Por supuesto que no. A muchos les costó la vida.

¿Y por qué es que hacemos esto? Porque no tenemos la salvación todavía. Cristo curró poniendo una gran parte para esa salvación, puso la parte que nosotros no podíamos poner, pero la salvación no está garantizada para todo el mundo. Si bien Cristo murió en la cruz por todos, Él mismo decide en la última cena,decir que muere por “muchos”, porque Él sabía que NO todos iban a trabajar por su propia salvación y muchos iban a ser condenados.

Es por eso por lo que la Iglesia queda instituida por Cristo; y tiene como misión principal, la salvación de las almas. Es por eso, porque no tenemos todavía la salvación, que La Iglesia única que Cristo fundó hace TODO lo que hace. La Iglesia es Madre y Maestra que guía a las almas y trata de ganar conversos, (convertidos o prosélitos)y guiar a todos los que pertenecemos a ella.

La Misión principal de la Iglesia es salvar el mayor número de almas.

Todo lo demás que la Iglesia hace, debería girar en torno a esta meta. Para no ir muy lejos, si vemos el último canon, el 1752 del código de Derecho Canónico, hablando sobre el traslado de un sacerdote dice “En las causas de traslado, es de aplicación el ⇒ c. 1747, guardando la equidad canónica y teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia.”

Cristo, con el proselitismo que Él mismo nos enseñó, comenzó con 12 prosélitos y estos siguieron sus órdenes y ahora en teoría somos 1.2 billones de católicos.

El proselitismo, debe ser bien entendido.

No es algo que se lleva a cabo por la fuerza sino por la caridad, y utiliza como principio la libertad de las personas. Si Dios mismo no nos obliga a amarlo ni a seguirlo por, el proselitismo se basa en llevar el mensaje de Cristo para que las personas voluntariamente acepten el mensaje. El mensaje está basado en la libertad de acoger o rechazar a Cristo.

Pero parece que la jerarquía de la Iglesia en su mayoría ha renunciado a esa Misión principal. En primer lugar, vemos comentarios desde diferentes frentes que utilizan el sentido negativo que el término proselitismo tiene en nuestros días y no se aclara. El proselitismo exige un esfuerzo de nuestra parte por llevar un mensaje. Arriba se menciona a Felipe que tiene que aproximarse al eunuco y hablarle. No es suficiente con estar ahí y “ser amigos”. También Santiago tuvo que hacer un gran esfuerzo y llega hasta aquellos que no conocían a Cristo. Santiago probablemente no vio todos los frutos de su legado en esta tierra, porque sabemos de su decepción al no ver el fruto de inmediato.

Proselitismo es una palabra que se ha satanizado, y cuando se diceel proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido (papa Francisco a Eugenio Scalfari, La Repubblica en entrevista 1 de octubre de 2013), muchos entienden que hay que dejar de ganar prosélitos, es decir dejar de ganar nuevos allegados a la Iglesia de Cristo. Y es cuando empieza una serie de explicaciones por parte de obispos diciendo “lo que el papa quería decir …”, dando como resultados un montón explicaciones que el propio papa raramente da.

Si nosotros no tratamos de traer nuevos invitados al banquete de la presencia real de Cristo en la Eucaristía que no hay en ninguna otra Iglesia y la consecuente salvación, no estamos atendiendo a Su mandato y no estamos amando al prójimo y tampoco diciendo que Cristo fundó una Iglesia.

Para empeorar la confusión, afirmaciones no sólo del papa sino de prelados y sacerdotes, como “el proselitismo es un gran pecado contra el ecumenismo”.El ecumenismo se ha convertido en la nueva doctrina. Es más importante que convertir almas para su salvación.

“No es lícito convencerlos [a los no creyentes] de tu fe, el proselitismo es un veneno contra el ecumenismo”, dijo el papa a una chica que preguntó si podía ayudar a sus amigos no creyentes a ir a la iglesia. Entonces, lo que hizo San Pedro, fue “una solemne tontería” y “envenenar” a 3.000 que se les unieron cuando les dijo “convertíos” en su primera homilía.

Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: «Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras: […] Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará […] Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué hemos de hacer, hermanos?» Pedro les contestó: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, […] Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Salvaos de esta generación perversa.» Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas 3.000 almas.” (Hec. 2, 14-41).

El modernismo promueve que la Escritura puede ser entendida a la luz de la cultura que la interpreta en cada época.

Para la muestra, el superior general de los Jesuitas, el venezolano Arturo Sosa Abascal, en febrero de 2017 dijo refiriéndose al matrimonio y al divorcio poniendo en duda el cómo la Iglesia ha interpretado las palabras de Jesús y dice que hay que reinterpretar a Jesús. Sosa Abascal cuestiona si lo que entendemos hoy sea verdaderamente lo que Jesús quiso decir:

Antes que nada sería necesario comenzar una buena reflexión sobre lo que verdaderamente dijo Jesús. En esa época nadie tenía una grabadora para registrar sus palabras. Lo que se sabe es que las palabras de Jesús hay que ponerlas en contexto, están expresadas con un lenguaje, en un ambiente concreto, están dirigidas a alguien determinado.”

Para Sosa Abascal, como no se tenían grabadoras, la Tradición de la Iglesia es nula y hay que reinterpretar lo que la Iglesia ha venido enseñando por 20 siglos.¿Será él quien de una nueva interpretación, para que la generación que exista dentro de 100 años diga que Sosa Abascal estaba errado porque no grabó las palabras de Jesús a quien ni siquiera conoció?

“El respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y hembra? y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre. Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer – no por fornicación – y se case con otra, comete adulterio.” (Mat.19 4-6 9).

Sosa Abascal no tiene claro la interpretación del pasaje anterior. La pregunta que surge es, si Sosa Abascal duda de lo que la Iglesia ha enseñado por 20 siglos, ¿por qué sigue en esta Iglesia? Si no tiene claro las palabras que Cristo dijo interpretadas por la Iglesia que fundó, ¿qué hace como superior general de los Jesuitas, beneficiándose  de una Iglesia que no ha sabido interpretar a Cristo? ¿tratar de corromper la enseñanza de la Iglesia? ¿No sería más fácil que se marchase? Por supuesto que no. Es más fácil seguir recibiendo los beneficios de la posición y estatus que ocupa en la Iglesia cuya tradición no cree.

No vayamos tan lejos en el tiempo. Recientemente en Norteamérica, el obispo Robert Daniel Conlon de la diócesis de Joliet, Illinois, programó para el 6 de febrero de 2019, una charla titulada “¿En realidad Jesús tuvo la intención de establecer una Iglesia?”

La respuesta que el propio obispo ofreció y que fue publicada en la página de la diócesis fue la siguiente perla: “No hay una respuesta absoluta a esta pregunta”dijo el obispo. “Cristo no lo dijo directamente”.

La página fue editada después de varias críticas, omitiendo la barbaridad de la respuesta, pero quedó registrada en pantallazos tomados de la misma en donde se puede ver la respuesta de la que estamos hablando.No se sabe si reír o llorar. La diferencia entre Martín Lutero y este obispo, es que por lo menos Lutero sí tenía claro que Cristo sí fundó un Iglesia. Este obispo como muchos otros modernistas no.

¿Acaso no han leído la Escritura y el catecismo, y si lo han hecho, están en contra de que claramente dice que Cristo estableció su Iglesia?

Volvemos a preguntarnos, si no lo tienen claro, ¿qué hacen aquí en esta Iglesia? ¿Por qué no se marchan ahora a otras iglesias con otras creencias o fundan nuevas como buenos hijos de la reforma?

Otro de los campos en que la doctrina de la Iglesia viene siendo atacada, y de paso la salvación de las almas es en lo que tiene que ver con infierno, purgatorio y demonio. Parece que muchos obispos se han puesto a la tarea de negar la existencia del demonio. Frases como “tenemos gran indicio de que todos serán salvados”. O algunos dicen que lo que en los Evangelios los que aparecen endemoniados, en realidad son epilépticos o enfermos psicológicos. Sobran las menciones en la Biblia de la existencia del infierno y del demonio que no corresponde citarlas todas aquí.Pero podemos dar una muestra clara de ello. Isaías 35, 8; Isaías 66,24; En palabras del propio Jesucristo Nuestro Señor: Mateo 3,12.: Mateo 5,22; Mateo 5,29; Mateo 22 1-14 el banquete de bodas; Mateo 23,33; Mateo24, 36-51 El día y la hora desconocida; Mateo 25, 1-13 La parábola de las vírgenes; Mateo 25, 41-46 La separación de las ovejas de las cabras; etc., etc., etc.

Los santos nos ayudan a creerlo: San Agustín. Padre y doctor de la Iglesia “Es cierto que solo unos serán salvados”; Santo Tomás de Aquino Dr. de la Iglesia “Sólo unos pocos serán salvados”; San Jerónimo, Padre y Dr. de la Iglesia “Muchos comienzan bien, pero sólo unos pocos perseveran”; San Juan Crisóstomo“No creo que muchos sacerdotes sean salvados”; San Alfonso de Ligorio“La mayor parte de los hombres, eligen la condena, antes que amar a Dios todopoderoso”; San Juan Vianey patrón de los sacerdotes “El número de los salvados es tan pequeño como el número de uvas que quedan después de que pasan los vendimiantes”; San Felipe Neri “El número de las almas que perece es tan vasto, que solamente unas pocas se salvan”; San Vicente Ferrer “Muchos religiosos van directo al infierno, porque no mantienen sus votos”; Papa Gregorio Magno padre y Dr. de la Iglesia “Hay muchos que llegan a la fe, pero pocos llegan al reino de los cielos”; San Luis de Monfort “El número de los elegidos es tan pequeño, que si supiéramos que tan pequeño es, nos desmayaríamos de tristeza”; Sta. Teresa de Ávila “Las malas confesiones, condenan a la mayoría de los cristianos”. Y la Santísima Virgen María en Fátima, “Van más almas al infierno por los pecados de la carne, que por cualquier otra razón”.

Los obispos y sacerdotes modernistas no lo tienen claro.

No reconocen las palabras de Cristo, no reconocen la tradición de la Iglesia que lo ha enseñado por siglos, ni reconocen a los santos, son asalariados que no tienen amor por la salvación de las almas.Para ellos es necesario reinterpretar todo.

¿No sería más fácil dejar la Iglesia en la que no creen? Por supuesto que en los días que corren, para estos obispos herejes, es más fácil y más cómodo, tratar de subvertir las enseñanzas y la tradición de la Iglesia Católica, que dejar sus mitras sus cómodas vidas, sus palacios obispales, sus sueldos y sus pensiones.

Nos entristece que, habiendo obispos y sacerdotes rectos y buenos, sean muy pocos los valientes que salen a defender la tradición de la enseñanza y doctrina Católica. Este es un llamado, un ruego de parte de sus ovejas a esos obispos que saben y entienden los errores que se están difundiendo por los rincones del mundo, pero tienen miedo. Los necesitamos. Necesitamos que hablen y protejan a los rebaños que les fueron confiados. Los queremos, los apoyaremos.

Miguel Serafín

Esperamos que les haya gustado este artículo en el que Miguel Serafín ha reflexionado en preguntarnos si el proselitismo es pecado, les invitamos a quedarse en nuestra sección de:

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