Derecho a matar

Estos días en España se plantea abiertamente y con respaldo político la eutanasia, le llaman “derecho a morir dignamente”, pero más bien estamos hablando del derecho a matar abiertamente

“Derecho a matar”, un artículo de Sonia Vázquez

Hay una asociación que se llama “derecho a morir” (https://derechoamorir.org/), entre sus promotores hay caras tan conocidas como periodistas españoles o escritores de renombre. Uno de sus lemas es: “queremos que puedas decidir tu final en libertad”. Es decir, si a uno no le viene bien vivir, pim, pam, pum, adiós y por supuesto que esto lo haga un médico, no le vamos a cargar esa responsabilidad a nuestro padre, madre, esposo, esposa, etc. ¿quieren saber qué opinan la mayoría de los médicos? Lean estos recortes de prensa y tendrán la respuesta, lo que se está poniendo en el tapete es el derecho a matar abiertamente.

“En noviembre de 2018, el Colegio de Médicos de Bizkaia publicó una encuesta entre sus colegiados, la única de este estilo en España, que lleva el apoyo a la eutanasia entre estos profesionales al 86%”

“También en 2018, por primera vez, se han admitido a trámite dos proyectos de despenalización de la eutanasia en el Congreso de los Diputados. En principio, cuentan con apoyo suficiente para aprobarse.”

Un inciso en mi artículo, cierren los ojos y sitúense en los Evangelios: “Señor, cúrame”, ninguno se acerco diciendo, “mátame”.

El Señor curaba no mataba.

En estos momentos, más que en ninguna otra época, estamos necesitados de curación pero sobre todo, curación interior, tenemos una enfermedad degenerativa en el alma: “Si vis, potes me mundare” (si quieres, puedes limpiarme) y el Señor lo quiso, lo limpió…yo también quiero limpiarme¿Y Vds.? Estamos enfermos.

Antes de continuar con lo que les quiero relatar, permítanme un recordatorio…el Señor pudiendo elegir, escogió la muerte en la cruz, pudiendo paliar su dolor en el madero, rechazó aquello que mitigara el sufrimiento y lo hizo por nosotros. Los padres siempre han sido un ejemplo para los hijos, nuestro Padre fue crucificado por nuestros pecados. Hasta el último momento, el Señor, pudo escoger y parar todo aquello, pero no lo hizo y yo les pregunto, ¿Vds. eso lo ven como una película que carece de sentido hoy en día?

A mí me parece que sí, me parece que lo vemos como el que se sienta en el cine con un paquete de palomitas y mientras se las come una detrás de otra, contempla como en la pantalla un hombre está muriendo cruficado y lo más preocupante para el espectador es que se acaban las palomitas antes del final de la película. ¡Es para reflexionar! Máxime en esta semana de la Pasión del Señor. No fue ni es una película, es real, ¡despertemos!

En España, lo que se llama “derecho a morir dignamente” es un tema al alza.

Estamos próximos a las elecciones electorales y aunque vivimos con una libertad extrema, los políticos de turno nos recuerdan que votándoles a ellos, esa libertad, incluso…incluso puede ser mayor, podemos ser como dioses del Olimpo y ¿saben por qué? Porque hemos apartado a Dios de nuestra vida, vivimos como paganos y nos hemos erigido cual Apolo, Atenea y compañía.

El hombre, por sí mismo, decide la vida y la muerte. Siglo XXI.

Vayamos por partes, una mujer se queda embarazada y se plantea si es un hijo querido o fruto de una noche de borrachera o de un lapsus nocturno…otra se plantea si su hijo viene, lo que se llama sano, o con alguna malformación, enfermedad, discapacidad, etc…otras opinan que no es el mejor momento para ser madre…da igual cualquiera de estas historias, el resultado es que ese niño va a ser asesinado con el consentimiento de su madre, de los médicos y del gobierno: asesinato consentido y aprobado por la sociedad. Derecho a matar.

Nadie va a condenar a esta madre, no va a ir a un juicio ni a la cárcel y su vida seguirá como si en vez de matar a un niño hubiera echado insecticida sobre un mosquito, así de simple. Y nosotros, tú y yo, tragaremos con esto que se hace con nuestros impuestos, queramos o no. Con el dinero que nos chupa hacienda se practican “abortos”…llamemos a las cosas por su nombre, asesinatos.

Estos días en la prensa ha tenido una gran repercusión el caso de una señora con una enfermedad degenerativa a la cual su marido ha eutanasiado, previo consentimiento de esta mujer. Esta señora tenía 69 años y llevaba años con su enfermedad, su verdadero padecimiento empezó hace una década, según relatan los diarios. Su marido, en lo que llaman “un acto de amor”, le facilitó el combinado que la mató. Miren, yo no pretendo frivolizar sobre este caso porque lo primero que tenemos que sentir los católicos hacia nuestros semejantes es amor y caridad. Siento verdadera lástima por ella y por su esposo y por todas las personas que los rodean porque lejos de haberles ayudado a conocer el Camino, les han mostrado el rostro del demonio, ese repugnante ser que añora nuestra alma.

Se lo ponemos muy fácil al maligno, pudiendo ayudar en la salvación, lanzamos a la gente a la condenación.

No es fácil vivir con una enfermedad degenerativa, es muy difícil y complicado, es una batalla en la que normalmente el enfermo y su principal cuidador están solos, completamente solos. Los años pasan, la enfermedad avanza y uno se consume en medio de la penuria, esta es la realidad y no podemos decir que esa señora o cualquier otro enfermo sea un cobarde, no, lo que podemos lamentar y debemos hacerlo es de que nuestra sociedad no conozca a Dios y de que los que lo conocemos no hablemos de Él abiertamente y sin miedos.

Miren, mucha pastoral de la salud pero a veces se va a casa de los enfermos a cualquier cosa menos a recordarles la importancia de los Sacramentos. Es una obra de caridad visitar al enfermo, sí, pero además de ir, nuestra visita debe tener un fin y es acercar esa persona a los brazos de Dios. Hagamos pastoral, pero hagámosla bien.

Cristo no es un personaje ficticio, está Vivo, cada vez que Comulgamos lo recibimos y ahí está la verdadera medicina para el cuerpo y para el alma.

María, su Madre, a los pies de la Cruz, no pidió que mitigasen el dolor de su Hijo, simplemente estuvo allí, en amoroso silencio, acompañando y cuando el Señor expiró pusieron su Cuerpo ensangrentado sobre el regazo de La Madre. Eso es Amor.

Lo repito, queridos míos, esto es Amor, Amor con mayúsculas y no que te den un vaso de veneno que te liquide en 2 minutos y medio.

¿Cómo podemos llamar amor a un acto de asesinato?

Imagínense que mañana llega mi esposo cansado y agotado del trabajo, un día tras otro y dice: “no puedo más” y yo le pego un tiro, ¿es un acto de amor? ¡Venga ya! E insisto, no quiero frivolizar con el caso de esta señora porque son dignos de lástima, de compasión, me imagino los pocos años de vida que le puedan quedar a él, martirizándose por haber ayudado a su mujer a morir. Podemos dejarlo aquí, no da para más.

En la página de este grupo, “derecho a morir” se lee lo siguiente:

“Más del 80% de la población está a favor de despenalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Sin embargo, el artículo 143 del Código Penal sigue castigándola con penas de prisión.”

Estoy segura que ese porcentaje es un dato cierto y en absoluto inventado, todos los días escucho a mi alrededor como mucha gente que se llama católica si pudiera le pondría una inyección a la abuelita que ya no pinta nada en esta vida. Después vamos a Misa el domingo y nos santiguamos con agua bendita, bueno, ni aunque les cayera un caldero encima se santificarían.

¿De verdad Vds. creen que un enfermo terminal no pinta nada y que lo mejor es ahorrarle el sufrimiento?

La agonía de los demás no necesariamente tiene que ser una vía de purgación para el enfermo, que puede ser que no la necesite y esté ya en Gracia de Dios, pero sí puede ser un camino de purgación para los que están a su alrededor. ¿Recuerdan el buen ladrón? El Señor estaba en su agonía final y dijo, “hodie mecum eris in paradiso“, esto es: “HOY estarás conmigo en el Paraíso”. ¿No puede una agonía final convertir a las personas próximas al agonizante? Piénsenlo y no pidan que les maten, pidan simplemente que les acompañen hasta el último suspiro y que lo hagan con cariño y dedicación, con la misma pasión y entrega que lo hizo el discípulo amado y las Santas mujeres al pie de la Cruz.

Estos días releía los escritos de la doctora Kubler Ross, a raíz de unas homilías de nuestros querido Padre Ricardo Ruíz en las cuales hablaba de ella y me hizo rememorar unos libros que ya en su día me habían impactado. Esta psiquiatra se dedicaba a cuidar enfermos terminales, estudiaba las fases finales de la vida y decía en uno de los capítulos que ninguno de sus pacientes que habían sido tratados con cariño deseaba que los matasen. Cuenta el caso de su propia madre y la petición que esta le había hecho unas semanas antes para que acabasen con su padecimiento llegado el caso, dice la doctora: “jamás podría ser un instrumento de su muerte” y añade: “mi madre continuaba recibiendo y dando amor. A su manera estaba creciendo espiritualmente y aprendiendo las lecciones que necesitaba aprender. Eso deberíamos saberlo todos”.

Ya para finalizar les diré que esta prestigiosa psiquiatra, la doctora Kübler-Ross fue protestante y murió abrazando la religión católica. A través del seguimiento de sus pacientes y su observación llegó a la conclusión de que el catolicismo es la única y verdadera religión y eso se lo mostraron sus pacientes terminales, ¿de verdad siguen creyendo que el sufrimiento no tiene sentido?

“Nada está garantizado en la vida, fuera de que todo el mundo tiene que enfrentarse a dificultades. Así es como aprendemos. Algunos se enfrentan a dificultades desde el instante en que nacen. Esas son las personas más especiales de todas, que necesitan el mayor cariño, atención y comprensión, y nos recuerdan que la única finalidad de la vida es el amor”


Elisabeth Kübler-Ross (la rueda de la vida)

La finalidad de la vida es el amor y el amor es Dios y nuestro fin es el cielo, preparemos nuestra alma en esta vida imperfecta para llegar purificados a la vida perfecta

Sonia Vázquez

Esperamos que este artículo, “derecho a matar”, les sirva de reflexión.

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Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Soy Católica, agradezco a mis padres su empeño y dedicación en el cuidado de mi alma. Estudié la carrera superior de piano y a la par, la de Informática, en el área de programación. Profesionalmente estuve ligada durante años al sector de las Telecomunicaciones, que me siguen entusiasmando, pero mi pasión es la música a la que, a día de hoy, me dedico profesionalmente y al cien por cien. Trabajo como organista, dirijo varias corales y he impartido conferencias sobre la música Litúrgica. Me he formado en Teología, Música Litúrgica y órgano. Mi meta es Dios, la salvación de mi alma y la de aquellos a los que amo. Estoy felizmente casada, somos una familia en Cristo, en la foto me podéis ver con uno de los miembros de nuestra familia, Pastor. Vivo en Galicia, miña terra nai