Benedicto XVI y la crisis Eucarística

Luis Fernando nos trae un tema de plena actualidad, la carta de Benedicto XVI, ¿queda algo por decir?

“Benedicto XVI y la crisis Eucarística”, un artículo de Luis Fernando Pérez Bustamante

De la ya famosa carta “La Iglesia y el escándalo de los abusos” de Benedicto XVI, que algunos califican con humor como una encíclica emérita, llama la atención que el papa emérito haya querido dedicar unas cuantas líneas a la crisis litúrgica que padecemos desde el CVII hasta hoy.

Dice el pontífice alemán:

Nuestro trato con la eucaristía no puede por menos de suscitar preocupación. En el Concilio Vaticano II se trató ante todo de devolver este sacramento de la presencia del cuerpo y de la sangre de Cristo, de la presencia de su persona, su pasión, muerte y resurrección, al centro de la vida cristiana y de la existencia de la Iglesia. En parte así ha sucedido y debemos dar gracias al Señor de corazón por ello.

Creo no exagerar si digo que a gran parte de quienes nacimos durante o después del Concilio nos resulta un tanto peculiar que Benedicto XVI parezca sostener la tesis de que antes del CVII, la Eucaristía no era el centro de la vida cristiana y de la Iglesia. Y que por tanto, era necesario que el Concilio llevara a cabo esa labor.

En la encíclica Mediator Dei, Pío XII señala al culto eucarístico como “centro y fuente de la verdadera piedad cristiana” e indica que “el misterio de la sagrada Eucaristía, instituida por el Sumo Sacerdote, Jesucristo, y por voluntad de El constantemente renovada por sus ministros, es como el compendio y centro de la religión cristiana”.

Del mismo Papa son estas palabras:

Hermanos, esforzaos por convencer a los fieles que su más excelsa ocupación es asistir a la Santa Misa y que la máxima dignidad que se puede esperar es participar del Santo Sacrificio de la Eucaristía. Nunca os sintáis satisfechos de vuestro trabajo espiritual si no lográis ver a vuestros hijos espirituales acercarse frecuentemente a la Eucaristía.

Benedicto XVI no solo dice que el CVII tuvo que corregir algo que leyendo a Pío XII parece poco probable que ocurriera, sino que añade que gracias al concilio, eso se logró en parte. Pero justo después, dice lo siguiente:

Pero ha predominado otra actitud: no impera un nuevo respeto ante la presencia de la muerte y resurrección de Cristo, sino una forma de trato con él que destruye la dimensión del misterio. El descenso en la participación de la eucaristía dominical muestra cuán poco los cristianos de hoy son capaces de apreciar la dimensión del don que consiste en su presencia real.

Si el papa emérito dice el Sacramento de la Eucaristía es el centro de la vida cristiana y a continuación añade que hay una crisis de actitud y de participación en la misma, tendremos que convenir en que la vida cristiana está en claro peligro.

Añade:

La eucaristía se rebaja a un gesto ceremonial, cuando se considera normal distribuirla como exigencia de cortesía en fiestas familiares o en ocasión de matrimonios o entierros a todos los invitados por razón de parentesco. La normalidad con la que en algunos lugares también los simplemente presentes reciben el santísimo sacramento muestra que en la comunión no se ve más que un gesto ceremonial. Si pensamos qué habría que hacer, es claro que no necesitamos una Iglesia diferente pensada por nosotros. Lo que es necesario, más bien, es renovar la fe en la eficacia de Jesucristo en el Sacramento que se nos da a nosotros.

Decir que la Eucaristía se ha rebajado a un gesto ceremonial es exactamente lo mismo que decir que se ha protestantizado.

Y una Eucaristía protestantizada no es Eucaristía. Es más bien una profanación de lo más sagrado de la fe católica.

Es más, el papa emérito no lo dice, pero estamos asistiendo al uso de la Eucaristía como moneda de cambio en el diálogo ecuménico. De ahí la propuesta de la Conferencia Episcopal alemana de que los cónyuges protestantes de matrimonios mixtos puedan comulgar.  De ahí el espantoso documento conjunto «Luteranos y católicos: del conflicto a la comunión»  para la conmemoración de la Reforma protestante en el que se puede leer esto:

«Tanto luteranos como católicos pueden afirmar en conjunto la presencia real de Jesucristo en la Cena del Señor: “En el sacramento de la Cena del Señor, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, está presente total y enteramente, con su cuerpo y su sangre, bajo los signos del pan y del vino” (Eucaristía 16). Esta declaración en común afirma TODOS los elementos esenciales de la fe en la presencia eucarística de Jesucristo sin adoptar la terminología conceptual de “transubstanciación”».

No solo se pretende aparcar el dogma eucarístico tal y como fue definido por Trento, sino que se esconde el hecho de que para el católico la Misa es eminentemente, o al menos debería ser, el Sacrificio incruento de Cristo en la Cruz. Cosa que los luteranos niegan.

También se está usando la Eucaristía como instrumento al servicio del falso concepto de la misericordia que deja al pecador esclavo de sus pecados. Eso, y no otra cosa, es el capítulo VIII de Amoris Laetitia. Invitar a la profanación de la Eucaristía por parte de los adúlteros, aunque no sean todos, ¿cómo cabe definirlo?

Estamos pues, ante una señal inequívoca de que se está perdiendo la fe sobre el verdadero sentido y la verdadera dimensión de la Misa. Y sin Misa no hay Iglesia, no hay fe católica.

No es de extrañar que muchos fieles prefieran asistir a la Misa tal y como se celebraba antes de la crisis actual. Ayuda a entender mucho mejor la idea de que estamos ante un gran Misterio, ante algo sagrado.

Luis Fernando Pérez Bustamante

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