Animalismo: la moda animalista

Cecilia González pone el punto de mira en la moda actual de humanizar a los animales, ¿Vds. qué opinan, están en acuerdo o en desacuerdo?

“Animalismo: la moda animalista”, un artículo de Cecilia González

Decir Señor, Señor o hacer algo de oración cada día no es suficiente, si realmente uno no está dispuesto para aceptar la Voluntad de Dios en todos los aspectos de la vida y cargar la cruz que Él nos designe.

Tal es la posición de los que se la pasan diciendo “yo prefiero a mi perrito”, “mi gatito es más cariñoso que mis hermanos”… o cualquier individuo que confiesa orgulloso, que le tiene más cariño a los animales que a los seres humanos en general. Ya había mencionado algo al respecto en una anterior columna, sin embargo al conversar con una de estas personas caí en cuenta el grave error de mantener la actitud que pone condiciones a Dios.

Sí, voy a empezar a rezar a diario el Rosario, voy a confesarme, voy a ir aprendiendo, pero NO VOY a amar al prójimo, porque “amo más a los animalitos”. Si realmente piensan que así van a lograr la salvación de su alma, quisiera recordarles un par de detalles.

Cuando Dios nos deja los 10 mandamientos para que nos guíen durante nuestra vida, para no cometer faltas que ofenden a Dios y nos alejan de Él, nótese que en ningún caso se menciona el cuidado por la naturaleza y mucho menos por sus componentes, como son los animales. Es más, luego de los 3 primeros mandamientos, referidos de manera exclusiva a Dios, los otros son referidos a nuestro trato y convivencia con el prójimo. Quizás por eso, la Catequesis tradicional, insiste tanto en saber de memoria estos 10 mandamientos. Pero a los que aún no pueden soltar los placeres del mundo, esta tarea debe resultar tediosa.

La segunda vez, que Dios, a través de su Hijo Jesús, nos recuerda que nuestra salvación tiene mucho que ver con el trato que tengamos con el prójimo, es cuando nos describe brevemente cómo será el juicio final de cada uno: “Y el Rey les dirá: «En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»”. Mt. 25, 40.

Jesús no escatima palabras para dejar claro que los que NO hubieran logrado amar incondicionalmente y sin límites (como Él nos ama), serán arrojados al fuego eterno con el Diablo, porque en los versículos siguientes puntualiza: “tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Mt. 25, 42 – 43.

¿En algún momento indica “acogiste animalitos y los vestiste, diste de comer y por eso te salvarás”?. El animalismo, lo mismo que el ecologismo-ambientalismo, son parte de estas tendencias mundanas, que logran desconectarte de la misión que Dios te encomendó. Las obras de misericordia por las que seremos evaluados no involucran cuántos árboles sembramos, a cúantas aves dimos de comer, a cúantas mascotas abandonadas rescataste y todo al precio de haber olvidado a tu hermano menospreciado, abandonado, con hambre y frío.

Precisamente, a esta amistad, le cuestioné si alguna vez había salido de su zona de comodidad.

Como mencioné en otras entregas, personalmente, doy gracias a Dios por hacer germinar en mí, el deseo de ir a ayudar al necesitado.

Lo repito, a mí los enfermos, los tullidos, los discapacitados, los ancianos y los despreciados, me han ayudado más que cualquier terapeuta, para comprender que mis problemas son irrelevantes y que soy una gran deudora con las bendiciones de Dios.

Luego de esa experiencia, nunca más podré equiparar la mirada agradecida de un anciano, el abrazo de un discapacitado, la caricia de un ciego o el sincero agradecimiento de un vagabundo al darle una comida, con las monerías que los animalistas siempre resaltan de sus mascotas. Sí, indudable que el nado de una ballena me parece impresionante, que el trinar de los colibríes me sumerge a meditar mucho sobre Dios, pero no se comparan a dejar de lado mi vida un momento, por compartirla y darla a quién más necesita.

Más allá, de tener que ir a buscar a fuera al prójimo, basta mirar siempre en nuestra casa las dolencias de nuestros parientes. Quizás no tengan esas necesidades materiales que ya destaqué, pero no falta el tío, la prima, el sobrino, que traen su carga. La convivencia con la familia, es precisamente la más complicada, ya que no pudimos elegirlos. Así sus defectos nos resultan tediosos y detestables. A mí misma, me ha resultado más fácil amar al desvalido, que aceptar con paciencia las conversaciones con algún familiar que tiene esos defectos que me resultan pesados. Pero justamente, ahí está el reto y nos lo dijo Nuestro Señor también de manera clara: “Si amáis a los que os aman, ¿qué gracia tendréis? Porque los pecadores aman también a quienes los aman” Lc. 6, 32.

Amar a Dios, implica romper esas limitaciones que tenemos en nuestro corazón, amar al que nos maldice, bendecir a nuestros enemigos, dar al que no tiene, mirar al abandonado, alimentar y vestir al que va desnudo. Es muy fácil dar cariño a los animales y plantas, porque sabemos que estos siempre responderán bien a nuestro cuidado. Pero cumplir lo mandado y requerido por Dios, ahí es donde está parte del peso de la cruz que nos es designada.

Muchos paganos y gnósticos, siempre me echan en cara que mi amor a Dios se fundamenta en el temor de simplemente condenarme.

No, como lo indica san Bruno: “El verdadero infierno es la pena por la pena de haber perdido a Dios para siempre”. Lo volví a escuchar por parte del sacerdote P. González en la homilía del Viernes de Pasión, cuando el temor de Dios se complementa con el AMOR a DIOS, no hay mucho márgen para renunciar a dejarlo todo por Él.

Sí aún no se ha descubierto este amor divino, difícilmente habrá motivación para luchar por la salvación de nuestras almas, y a Dios sólo se lo va descubriendo, en la medida que aprendemos a renunciar a nuestras comodidades y aceptamos Sú invitación para aprender a amar, incluso a aquel prójimo que nos resulta tedioso.

El cariño por las mascotas, fruto de modificaciones genéticas hechas por humanos, no va a descontarnos tiempo del purgatorio y menos nos alcanzará al camino que se nos exige de perfección y santidad. Dejemos la necedad del mundo moderno, que busca apegos inecesarios y seamos coherentes con lo que espera Dios de nosotros.

Cecilia González

Les invitamos a ver este gran reportaje de Félix Rodríguez de la Fuente en el que nos muestra a los animales en su hábitat: TVE-Félix Rodríguez de la Fuente

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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.