Las etiquetas para la ropa

Nuestra compañera Sonia, hoy, nos habla de una “moda” que ha surgido en el panorama católico de unos años para aquí y es la fiebre de etiquetarnos unos a otros.

Un artículo de Sonia Vázquez: “Las etiquetas para la ropa”

Cuando era pequeña no recuerdo que los católicos tuviéramos más palabras para definirnos que esa misma: “católicos“. En general, casi todo el mundo profesaba la religión católica, entiendo que no por obligación, sino porque era lo que se consideraba normal en las familias. En general, se respiraba un ambiente piadoso. Los gobernantes eran católicos, los empresarios también, nuestros padres, los profesores, era lo normal y si lo piensan bien, debería seguir siendo así, porque si podemos elegir entre lo bueno y lo malo, ¿por qué quedarnos con esto último? No conozco a nadie que pudiendo comer pan coma una piedra.

Recuerdo que cuando iba al colegio se introdujo la asignatura de “ética y moral”, alternativa a la asignatura de “religión” y en mi clase eran exactamente dos niñas las que sus padres habían optado por esa modalidad. Nos extrañaba pero ni siquiera les llamábamos “ateas”, sencillamente cuando preguntábamos en casa, nos decían que sus padres no eran creyentes y ahí terminaba la conversación. No había ninguna etiqueta para ellas y lo cierto es que convivíamos en absoluta normalidad.

Hoy en día todo ha cambiado y hemos llenado nuestro panorama de etiquetas y lo curioso es que no son precisamente para referirnos a los no católicos, sino que sorprendentemente las utilizamos entre nosotros. Sí, sí, le ponemos etiqueta al que se sienta a nuestro lado en la Santa Misa: neocon, progre, tradi, sedevacante… esto es para definir las distintas modalidades de católico, curioso pero cierto, somos como la ropa, nos ponemos etiquetas.

Estoy segura que si le digo a mi madre que he visto a un cura “neocón” me preguntará que de qué le estoy hablando y con razón. Para lo bueno y para lo malo, internet ha venido a revolucionar el panorama y han surgido más comunidades de creyentes que si encontráramos un vergel en el desierto y lo mejor de todo es que cada uno se ha creado sus propias normas, por no decir hasta sus propios mandamientos y partiendo de ahí, han atizado una etiqueta para cada uno de nosotros, para Vds. y para mí.

La mía, personalmente, denme una tijera para cortarla, siempre me ha parecido lo más molesto de las prendas, las etiquetas…las ponen en la espalda y siempre terminan haciéndote rozaduras, así que por favor, la mía que la corten.

Si uno escribe un artículo positivo sobre Juan XXIII puede ser considerado progre, si lo hace favorablemente sobre Benedicto XVI, neocón, si opta por hablar de Pío X, tradi y si nos remontamos a los que consideran que ninguno como San Pedro, ahí posiblemente está un sedevacante…alguno aquí, ya parará de leer el artículo porque se ha sentido atacado en primera persona, no es la intención, pero contra la urticaria, mejor no continuar.

Personalmente, paso olímpicamente de etiquetas y escribo sobre lo que considero que debo escribir, me acojo al don más hermoso que Dios nos ha dado, la libertad. Si quiero escribir algo positivo de algún Papa posterior al Concilio Vaticano II no tengo ningún reparo en hacerlo y me resulta indiferente el juicio humano, me preocupa el Divino.

No me molesta ninguna de esas etiquetas, me resultan ajenas, extrañas, me considero católica sin más, así me enseñaron mis padres y los Sacerdotes que colaboraron en mi formación y afortunadamente, también por ello, no me siento en obligación de congratularme con nadie ni de seguir corrientes que no van conmigo.

Nunca he pertenecido a ningún grupo más que al de los Bautizados.

Mi vida es la de un católico normal y me gustaría que muchos de Vds. se vean identificados en lo que voy a exponer, ya que es posible que muchos de Vds., se sientan como yo tantas veces, confundidos en medio de este océano revuelto.

Acudo a la Santa Misa regularmente, si puedo ir a la Misa Tridentina asisto a ella e intento fomentarla y darla a conocer en la medida de mis humildes posibilidades. Llevo un plan de vida diario en cuanto a mi tiempo de oración. Me confieso con cualquier Sacerdote, no miro ni en qué Iglesia entro ni le hago un examen al Pater antes de arrodillarme, presento mis pecados y espero la absolución, no entro en más análisis. Sé que el mismo Dios está en el Sagrario y me arrodillo allí para hacer mi tiempo de recogimiento con el Amado. Intento frecuentar a algún Sacerdote santo para aconsejarme espiritualmente en cuanto a lo que es mi vida, pero si no lo tengo me dejo en manos de Dios hasta que el Señor disponga esa ayuda para mí.

Acostumbro a leer libros espirituales, me agrada mucho la lectura de las obras de Monseñor Marcel Lefebvre que me resultan cercanas en el tiempo, pero la mayor satisfacción la obtengo leyendo la Biblia, ahí es donde quito el verdadero fruto para mi vida ordinaria…

Intento estar al tanto de lo que acontece en la Iglesia Católica, hablo y opino de las noticias sobre el Papa, sobre el Vaticano, sobre “la cumbre de los abusos” y pienso que todo es tormentoso pero no reniego de nada, estoy dentro e intento luchar con todas mis fuerzas porque el Reino de Dios se imponga. ¿No es lo mismo o parecido que lo que les sucede a Vds. a diario?

Bien ¿Saben por qué les cuento esto? ¿Tiene algo que ver con las etiquetas?

Seguramente Vds. llevan la misma vida que yo o parecida y quizás alguien les haya llamado “tradi” o “neconazo” o cualquier otra variante…no se asusten, no es así, sólo tenemos una etiqueta y esta la imprimió el Señor en nuestras almas: CATÓLICOS, esa es la única etiqueta que yo acepto para mí y les animo también a que Vds. no acepten ninguna otra, no se dejen engañar, somos católicos sin más.

Yo amo la Tradición y a medida que la fui conociendo quise que los demás también se pudieran acercar a ella, pero no por ello me considero de ninguna élite especial ni con ningún sobrenombre que pueda hacer sombra a lo que verdaderamente gobierna mi alma, mi alma católica. Si verdaderamente los católicos estuviéramos unidos, con un único Credo, nada ni nadie podría con nosotros y todos tendríamos claro que lo que es pecado lo es para todos igual, no en función de nuestros gustos o intereses. Queridos, cojamos un cincel y pongamos a fuego en nuestra frente la única etiqueta que debemos llevar: CATÓLICO

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya escisiones entre vosotros, sino que viváis perfectamente unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir. Porque me he enterado respecto de vosotros, hermanos míos, por los de Cloe, que entre vosotros hay banderías. Hablo así porque cada uno de vosotros dice: “Yo soy de Pablo”, “yo de Apolo”, “yo de Cefas”. “yo de Cristo”¿Acaso Cristo está dividido?”

(1 Cor., 10)


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Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Soy Católica, agradezco a mis padres su empeño y dedicación en el cuidado de mi alma. Estudié la carrera superior de piano y a la par, la de Informática, en el área de programación. Profesionalmente estuve ligada durante años al sector de las Telecomunicaciones, que me siguen entusiasmando, pero mi pasión es la música a la que, a día de hoy, me dedico profesionalmente y al cien por cien. Trabajo como organista, dirijo varias corales y he impartido conferencias sobre la música Litúrgica. Me he formado en Teología, Música Litúrgica y órgano. Mi meta es Dios, la salvación de mi alma y la de aquellos a los que amo. Estoy felizmente casada, somos una familia en Cristo, en la foto me podéis ver con uno de los miembros de nuestra familia, Pastor. Vivo en Galicia, miña terra nai