Flor de hoy

Una historia que puede hablar sobre nosotros mismos, sobre nuestra manera de mirar la vida cada día. Agradecemos a Diego F. Columé su colaboración con nuestra página

Flor de hoy, un artículo de Diego F. Columé

Un hombre que sufría muchísimo por las desigualdades del mundo y que no creía en Dios, o más bien hacía como que no creía por rebeldía, ya que renegaba de toda idea de Dios.( ¿ cómo Dios iba a permitir o a haber creado esas injusticias y desigualdades. Imposible…Dios, el Dios bueno, no existe).
Esa noche, antes de dormirse, alternaban en su mente ideas de odio, de rencor, de asco, de pena, de soberbia, de rebeldía y en última instancia…de humildad y en un arranque de sincera emoción, por primera vez en muchos años, oró:

Dios mío, perdóname, no puedo vivir en este mundo tan injusto, es una tortura salir cada mañana a la calle y contemplar tanta desigualdad, unos tanto y otros tan poco. Te ruego que o me lleves de este mundo , o me muestres un mundo en igualdad.


Un sueño profundo lo abatió y sin embargo, no perdió la consciencia.

Se sintió salir de su cuerpo y se vio, atravesando galaxias y constelaciones, nebulosas, espacios sin fin, volando a la velocidad del pensamiento por espacios infinitos, hasta que se detuvo en un planeta único. Respiró y era agradable. La luz se esparcía de manera equitativa por todas partes y no hacía ni más luz ni menos luz en ningún lugar. Todas las edificaciones eran idénticas, sólo había una planta sembrada en todas partes y los jardines eran simétricos. La gente tenía la misma cara, diríamos que todos eran clones de sí mismos.
El nivel de vida parecía ser el mismo y todos sonreían. Pasó frente a un espejo de una tienda que contenía las mismas cosas que todas las que veía y todo el mundo vestía igual.


Al mirarse en el espejo se sorprendió al reconocerse como uno más. ¡Tenía la misma cara que todos!- ¡Oh Dios mío!, -se dijo- ¡Somos todos iguales!.


Entró en una de las tiendas iguales a todas las demás y pidió algo de comer, de alguna manera comprendió que todos podían comer sin tener que pagar y así lo hizo.
Un rico plato de aquella planta que estaba sembrada por todas partes le fue servido. Mmmmm, ¡qué rica!- se dijo y quedó satisfecho, los días pasaron y cada día comía lo mismo.


Al pasar una semana y aunque aquella verdura sabía muy bien, ¡estaba harto de comerla!.

De beber…agua siempre, y harto de que en todas las conversaciones reinase la armonía. Nadie estaba cansado, pues nadie trabajaba ni más ni menos que los demás y por supuesto siempre estaban sonrientes, era el estado natural imperante, ¡Ni una sola tristeza vio en tantos días!, ni una cara triste, ni una riña o cara larga.
En los diálogos no se disentía, todos eran de la misma opinión y todos ganaban lo mismo, ¡nada!, nada ganaban porque nada distinto necesitaban comprar.
Todos estaban en forma y todos con salud, de hecho la muerte no existía y con el paso de los días se dio cuenta de que ¡todos tenían la misma edad!.
Unos cuantos meses después y sin saber cómo, sintió una tristeza infinita, aunque de cara a todos los demás, no lograba expresarla, en los espejos se veía a sí mismo sonriente.
Esa noche al dormir en aquel planeta de la igualdad, oró,- Dios mío, ¡ya he visto suficiente!. He comprendido que en tu infinita sabiduría, la diferencia es la vida, son los reflejos del cristal de tu Amor y cada destello es distinto a todos los demás.

Somos iguales en esencia pero tan distintos en los niveles de consciencia…


Al despertar se vio de nuevo en su habitación de La Tierra, se levantó eufórico y simplemente el ruido del tráfico fuera, y el cantar distinto de los pájaros le llenó el corazón de felicidad.
Salió a la calle en pijama, sonriente de alegría y saludando a cada persona que se encontraba por la calle. Entró en una cafetería donde solía tomar un café y pidió uno bien cargado y unas tostadas con buen jamón, antes de tomárselos los olía y olía como queriendo atrapar sus distintos aromas.
Los clientes le miraban entre sorprendidos y admirados.


¡Nunca vieron a nadie en pijama desayunar en una cafetería e irradiando tanta felicidad!.

La desigualdad es como el agua, la hay de muchas clases, desde la que está contaminada y es mortal, hasta la que es cristalina como un diamante.

Diego F. Columé.

“Flor de hoy” un gran artículo para hacernos pensar en nuestra propia vida y en lo que sucede a nuestro alrededor. Les invitamos a quedarse en nuestra sección: Artículos de opinión

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