Domingo de Quincuagésima

Evangelio del Domingo. Santa Misa Tradicional.

Evangelio según San Lucas, XVIII,31

 En aquel tiempo: Tomando Jesús consigo a los Doce, les dijo: “He aquí que subimos a Jerusalén, y todo lo que ha sido escrito por los profetas sobre el Hijo del hombre se va a cumplir. Porque será entregado a los gentiles, se burlarán de Él, lo ultrajarán, escupirán sobre Él, y después de haberlo azotado, lo matarán, y al tercer día resucitará. Pero ellos no entendieron ninguna de estas cosas; este asunto estaba escondido para ellos, y no comprendieron de qué hablaba. Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba. Oyendo que pasaba mucha gente, pre guntó qué era eso. Le dijeron: “Jesús, el Nazareno pasa”. y clamó diciendo: “¡Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!” Los que iban delante, la reprendían para que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: “¡Hijo de David, apiádate de mí!” Jesús se detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó: “¿Qué deseas que te haga?” Dijo: “¡Señor, que vea!” y Jesús le dijo: “Vé; tu fe te ha salvado”. Y al instante vio, y le seguía glorificando a Dios. y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.

San Gregorio Papa nos deja ver con su comentario, la actitud de aquellos discípulos que se escandalizaban de la futura Pasión de Cristo y no sabían de qué estaba hablando, no eran capaces de verlo, pero sin embargo, el ciego sí que vio porque estaba mejor dispuesto; había pedido con humildad la luz.

Cuántas veces nos encontramos a menudo con magistrados, con teólogos, con filósofos, con señores obispos o grandes parrocos que no saben reconocer la humildad y el valor del sufrimiento; nos resistimos a vivir la pasión de Cristo en nuestras propias almas y en nuestros cuerpos. El hombre mundano sea seglar o eclesiástico pide más ciencia y triunfo humano y social, resistiendose al sufrimiento y a la cruz, único camino de salvación, cómo lo afirmó sin cansancio Santa Teresa de Jesús.

En el Evangelio de este domingo de Quincuagesima, Nuestro señor Jesucristo quiere dejar claro a sus discípulos que la fundación de la Iglesia se basará en la pasión y en su crucifixión.


¡ Cuánta ceguedad  padece el ser humano que creé que con sus pobres méritos, su pobre inteligencia, sus artes políticas y diplomáticas que sólo con eso va a triunfar más, que uniéndose a la Pasión de Cristo y a la profunda oración el huerto de getsemaní!

 Los verdaderos santos no han estado nunca de acuerdo con ese pensamiento tan mundano que a menudo adoptan las altas jerarquías:

El reino qué Jesucristo quiere instaurar en esta tierra no será gracias a la predicación y al triunfo de sus ministros; si no más bien, gracias a la persecución y el sufrimiento de sus sacerdotes.
Santa Teresa del Niño Jesús

CUANDO SE NOS HABLA DE SACRIFICIO O SUFRIMIENTO NO ENTENDEMOS O NO QUEREMOS SABER NADA.
SABEMOS QUE LA ORGANIZACIÓN Y LEYES DE LA IGLESIA SERIAN NECESARIAS PARA UNA OBRA NACIENTE, CRECIENTE Y NUMEROSA, PERO EL HOMBRE ES POR NATURALEZA NECIO Y CAE EN LA DIVINIZACION DE LA BUROCRACIA. Y LO QUE ERA TAN SÓLO UNA MULETILLA PARA AYUDARSE A ANDAR, LO CONVIERTE EN SU TESORO, EN SU DIOCESILLO, OLVIDANDOSE ASÍ DE QUE EL VERDADERO FIN DEBERÍA SER LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS Y SU PROPIA SANTIFICACIÓN.

Jesucristo le profetiza a sus discípulos su pasión y muerte, pero ellos no entienden nada. El lenguaje del sacrificio les era desconocido.
Los discípulos tenían su conciencia tranquila pero aún no habían recibido plenamente la gracia del Espíritu Santo y por ello tenían miedo al sacrificio y a las privaciones; ellos pensaban más bien en ese momento, que Jesucristo les venía a traer un partido político patriótico y que eso les beneficiaría a ellos materialmente.

“Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu mano derecha, y el otro a tu izquierda, en tu Reino.”
San Mateo, XX, 21.

 Esto mismo nos sucede a nosotros cuando estamos aun demasiado apegados al dinero, al placer y la comodidad, nos asusta el sacrificio espiritual y corporal. Hasta que viene una prueba dura, alguna gran decepción o dolor, empezamos a pensar en la realidad espiritual.

Un ciego se entera que Jesucristo va pasando por el camino y pide a los discípulos que quiere verle, como estos no le hacen caso comienza a gritar: “Jesús hijo de David, apiadate de mi“. Los apóstoles le pedían que se callase, pero el más gritaba. Seguramente que le dirían que tenían que consultar a Pedro pues era el secretario y después decidirían entre ellos, si pasaba a la audiencia… Pero el ciego no entiende de protocolos ni burocracias y decide ir directamente a Jesucristo.

La manía de los extremados formalismos y burocracias para encontrar a Dios a menudo han sido derribadas por una profunda humillación, una gran decepción humana, una grave enfermedad, una grave traición que me hicieron comprender, que Dios es más sencillo, accesible y humilde que todas esas reglas humanas. 
Es por ello que en el Evangelio de hoy Jesucristo con sus actitudes y palabras quiere contraponer la inteligencia ambiciosa y enceguecida de sus discípulos a la actitud sencilla humilde y sin protocolos, de un pobre ciego que pide luz, así sencillamente, sin complicaciones, con profunda humildad y que se dirige directamente a Él,  gritando delante de todos y sin respetos humanos:
“¡Jesús hijo de David, compadécete de mí!”

 También la Virgen María con tal de salvar almas en ocasiones se salta el protocolo. Como a menudo nos lo contaba el Padre Pío: “En cierta ocasión San Pedro fue a presentar su dimisión ante Jesucristo, arguyendo que él cuidadosamente cerraba por la noche las puertas del paraíso para que no entrasen los maleantes. Pero que cuando se levantaba por las mañanas encontraba pecadores y delincuentes que se habían colado. Era tu madre la Virgen que durante la noche les abre las ventanas para así salvarlos.”

Por ello Jesucristo pide que le traigan a ese ciego que gritaba. Lo cura directamente y le dice: “¡Tu fe te ha curado !” El ciego sin protocolos reconoce la divinidad de Jesucristo ya que le llama SEÑOR e HIJO DE DAVID. Huzo antes de pedir, un VERDADERO ACTO DE ADORACIÓN y eso le vale su curación.
La ceguedad de los apóstoles que no creen en el sacrificio y les escandaliza la pasión, está representada en este ciego que primero tuvo que pasarlo muy mal, pero nunca perdió la Fe y la Esperanza, si no, ¡no hubiese recurrido a Jesucristo con tanta sencillez y confianza !

El hombre moderno en su soberbia, incluso el que se dice ‘creyente’ pero a su manera, hasta que no acepte el “sacrificio” de tener que reconocer, que sin Dios no es nada, hasta que deje de ocultarse en burocracias y leyes para evitar a Dios y decir que la caridad es quimera, hasta que no haga un verdadero acto de adoración: seguirá en la ceguera y por el camino oscuro de la tristeza y la desesperación, la cual ni psicólogos ni curanderos le pueden curar.

La soberbia de este mundo suele a menudo ocultarse tras la burocracia y las “leyes” para justificar la falta de caridad y la falta de sencillez.

En el cielo hay sitio para todos, para todo el mundo; pero no para los soberbios, porque se sienten tan grandes, tan grandes…que ocupan demasiado lugar !”
Santa Gema Galgani.

Ave Maria+

P. Ricardo Ruiz V.

Esperamos que la meditación de este domingo de quincuagésima les reporte innumerables bienes espirituales.


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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.