Cuarto Domingo de Cuaresma

Evangelio del Domingo. Santa Misa Tradicional

Evangelio según San Juan, VI

En aquel tiempo: Pasó Jesús a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades, y le seguía una gran multitud de gente, porque veían los milagros que hacia con los enfermos. Subió, pues, Jesús a un monte, y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, día de gran fiesta para los judíos. Habiendo, pues, alzado Je­sús los ojos, y viendo que venía hacia sí tan gran multitud, dijo a Felipe: ¿Dónde compraremos panes para que coma esta gente? Esto lo decía para probarle, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Respondió Felipe: Doscientos denarios de pan no les alcanzan para que cada uno tome un bocado. Uno de sus discípulos, An­drés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿qué es esto para tanta gente? Pero Jesús dijo: Haced sentar a esas gentes. En aquel lugar había mucha hierba. Sentáronse, pues, como unos cinco mil hombres. Tomó entonces Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los que estaban sentados; y lo mismo hizo con los peces, dando a todos cuanto   querían.  Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los trozos que han sobrado, para que no se pier­dan. Hiciéronlo así, y llenaron doce cestos con los trozos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Aquellos hombres, cuando vieron el milagro que había hecho Jesús, decían: ¡Éste es verdaderamente el profeta que ha de venir al mundo! Y Jesús, notando que habían  de  venir  para  llevársele y hacerle Rey, huyó otra vez al monte él solo.

Cuarto Domingo de Cuaresma. Domingo de Laetare

Hoy escuchamos el relato de la multiplicación de los panes. Y San Agustín nos comenta, con gran acierto, que Jesucristo no hace estos milagros sólo para causar asombro ni hacer un espectáculo, sino más bien para comunicar una verdad sobrenatural para nuestro propio bien.

Con dos peces y cinco panes Jesucristo le dio de comer a más de 5000 personas. Por este hecho, la gente se quedó tan asombrada que querían ya hacerle rey. Pero Jesucristo huye a la soledad del monte. Él mismo preguntó en otra ocasión “¿Está gente me busca porque le di pan o por mi doctrina?” San Juan, VI, 26.

El milagro de la multiplicación de los panes es para demostrar su divinidad no para impresionar o hacer un circo y también tiene como fin simbolizar la Eucaristía que tantos millones de personas se alimentarían de su Cuerpo en el futuro.

En otra ocasión, Jesucristo le dirá a Pilatos “Yo soy Rey y para eso he venido al mundo.” Y hoy que la gente asombrada por lo del pan le quiere hacer rey, Él huye al monte y se oculta. Parece contradictorio pero no lo es. Porque esta gente lo quiere hacer rey no por su doctrina, no por amor a la verdad ni por buscar lo espiritual, ¡ES PORQUE LES HA DADO PAN!
Jesucristo huye de los que sólo buscan pan y lo material y la vida facil. De hecho, los santos fundadores para ayudar a los pobres no daban sólo comida y pan sino más bién doctrina y formación ante todo. Esa gente quería hacerle rey pero un rey político, ellos querían recuperar su tierra de manos de los romanos, querían una liberación política, no buscaban los Diez Mandamientos ni mejoría de vida personal, es por ello que Jesucristo huye al monte: “Mi reino no es de este mundo.” San Juan, XVIII, 36.

Esta es la razón por la cual Él huye de la gente materialista, de los que sólo piensan en pasarlo bien, en lujos y en su propio egoísmo. Jesucristo huye de la gente superficial, de la vanagloria de este mundo. Huye de los que le aplauden y gritan: “Hosanna al Hijo de David!” pero a la semana siguiente están gritando “¡Crucifícale, Crucifícale!”

Es también por esa misma razón, que la Iglesia nos pone hoy la Epístola de San Pablo a los Galatas, IV, 22, donde nos habla de como el hombre carnal odiará y perseguirá siempre al hombre espiritual. Y la historia de la Iglesia lo testifica a lo largo de todos los siglos, y esa verdad se sigue repitiendo: el religioso, sacerdote u obispo que viven de manera puramente carnal, se dedican a perseguir a los religiosos y sacerdotes que llevan una vida espiritual auténtica.

De ello también nos dejó ejemplo el propio Fray Luis de León, cuando fue expulsado por envidias clericales de la universidad de Salamanca en pleno siglo XVI:

Aquí el odio y la envidia me tuvieron encerrado, dichoso el humilde estado, del sabio que se retira de aqueste mundo malvado; y que con pobre mesa y casa, a solas su vida pasa y en el campo deleitoso con sólo Dios se compasa; ni envidiado ni envidioso, que a mí, con una pobre mesa, bien abastada me basta.

El sacerdote, el obispo, si es honesto, espiritual y humilde, huye de la gente superficial y materialista, si a esta no le interesa la verdadera conversión del alma. El sacerdote debe huir de los aplausos de este tipo de gente y no hacer de la Misa un circo donde todo el mundo aplaude y grita “Aleluya”; donde Jesucristo queda en segundo plano, en esas celebraciones ruidosas que no tienen nada de espiritual. El mismo “Papa del Concilio Vaticano II”, Juan XIII, llegó a afirmar publicamente: “Dentro de la iglesia, ni se aplaude ni se grita, porque es la casa de Dios.” Pero los que se dicen a sí mismos ‘defensores’ de ese concilio, prefieren no recordar esa cita ni comentarla… Ahí queda en evidencia la deshonestidad de recordar sólo lo que les interesa de ese concilio.

El sacerdote no está para buscar el aplauso de la gente, sino la gloria y adoración de Dios, no la de ellos mismos, como lo denunciaba la Virgen de Lasalette en 1846: “MINISTROS DEL CULTO Y RELIGIOSOS QUE SE ADORAN A SÍ MISMOS Y NO A DIOS.”

En la historia, hubo muchos profetas, sacerdotes y obispos, que eran aplaudidos y festejados por su éxito, pero cuando éstos empezaron a pedir conversión, fueron difamados, perseguidos o martirizados. Fue el caso de San Wenceslao o de Santo Tomás Becket, tan ensalzados por su rey, pero cuando éstos les dijeron algunas verdades incómodas, fueron asesinados por los mismos reyes, los cuales llevaban una “vida católica”, sólo en apariencia. Fue el caso del Padre Pio, tan aplaudido y famoso, pero cuando su ejemplo de vida y santidad resultó incómodo para el clero que vivía en la comodidad, el lujo y el tráfico de influencias para obtener poder; hubo que prohibirle confesar al pueblo y decir la Misa en público durante años…acusándolo de falsario.

Esta es la razón profundísima por la cual Jesucristo huye de aquellos falsos católicos que le quieren ‘coronar rey’ ¡pero nada más! Eso de quitarme mi egoísmo, de renunciar a mis rencores, a mi protagonismo, a mi soberbia y caprichos… ¡de eso nada!

Jesucristo nunca se dejará coronar rey en esos carnavales que hacemos en ocasiones los seres humanos, donde todo es vestuario y atuendos pero no hay nada de virtud ni mejoría de vida.

Incluso en la historia de la Iglesia ha habido ordenes religiosas o movimientos católicos que han utilizado mucho ese título de “Cristo Rey”, pero por desgracia, sean modernistas o tradicionales, por la ostentosidad de vida y falta de caridad entre ellos, podemos constatar que no es verdad que Cristo reina entre ellos.

Sólo así se comprende que “Huyó sólo al monte y no se dejó coronar”, por ese tipo de gente que sólo quiere vivir de las apariencias.

Jesucristo ¿reina de verdad en mi corazón por los Diez Mandamientos que vivo de verdad y por mi caridad con los demás, o sólo le corono yo de una manera folklórica, con bailes y vestimentas de colores?
Si el Dios que dices amar, no reina en tu corazón ¿de qué sirve que le pongas una corona en su cabeza? “Quien me ama de verdad, guardará mis mandamientos, entonces el Padre y yo vendremos a él y haremos en él una morada.” San Juan, XIV, 15.

No olvidemos que las verdaderas Órdenes Religiosas y Congregaciones que sí fueron inspiradas por el Espíritu Santo, tenían como fin primordial transmitir la fe, convertir las almas para Dios; la ayuda material y el alimento es algo secundario, aunque siga siendo algo necesario ayudar por la condición humana en la que nos encontramos.

Buscad primero el reino de los cielos y el resto os será dado por añadidura.” San Mateo, VI, 36.

Ave Maria.

P. Ricardo Ruiz V.

Esperamos que la meditación de cuarto domingo de cuaresma les reporte innumerables bienes espirituales.

En la siguiente página tienen la Biblia Straubinger para su consulta: radiocristiandad-Biblia

Pueden encontrar los textos de la Santa Misa en el siguiente enlace: El rincón Litúrgico

Les recomendamos visitar nuestra sección de Espiritualidad


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.