Victimas de abuso sexual y el suicidio del clero

Desde Marchando Religión agradecemos a Louie Verrecchio su colaboración con nuestra web. A partir de ahora. Vds. disfrutarán de las noticias que ellos publican en su blog, akacatholic.com, las cuales ofreceremos traducidas al español por nuestro equipo de traductores. Gracias Louie, ¡Viva Cristo Rey!

[NOTA:  El siguiente artículo es un extracto tomado de uno mucho más profundo que aparecerá en el próximo número de The Catholic Inquisitor.] 

Un Estudio del tóxico legado del acoso del clero

Introducción

 Entre el 21 y 24 de febrero de 2019, el Papa Francisco convocará a una “cumbre” internacional sobre el abuso sexual clerical y la protección de menores y adultos vulnerables en la Iglesia en un nuevo sínodo en Roma. El encuentro se enfocará en tres áreas en particular: responsabilidad, rendición de cuentas y transparencia. Incluirá sesiones plenarias, trabajo de grupos, momentos de oración comunitaria, escucha de testimonios, una liturgia penitencial y una celebración litúrgica final. La sesión plenaria es dirigida por el jesuita italiano padre Federico Lombardi, antiguo director de la Oficina de Prensa Vaticana desde 2006 al 2010.

Se estima que asistirán unos 130 presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo incluida, en este número, la Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) la cual, en honor a la verdad, ha sido, por décadas, una de las principales promotoras tanto del clero homosexual como del encubrimiento de casos de abuso sexual por parte de obispos, sacerdotes, religiosos (hombres y mujeres) en los Estados Unidos.

 Entre los Miembros del Comité Preparatorio del encuentro de febrero  se encuentran el Cardenal Blasé Cupich, cabeza de la Arquidiócesis de Chicago; el Cardenal Oswald Gracias de Mumbai (Bombay), India; y el “experto” en  casos de abuso sexual el arzobispo Charles Scicluna,  el enviado papal de Malta. También se encuentra el jesuita alemán padre Hans Zollner, que es miembro de la Pontificia Comisión para la Protección de Menores y personas Vulnerables y presidente del Centro para la Protección de la Infancia (CCP) de la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma. La CCP será materia de un futuro artículo para el Catholic Inquisitor.

 El 12 de diciembre del 2018, en una declaración emitida por la cabeza de la oficina de prensa vaticana, numerario del Opus Dei y maestro de las vueltas de carnero, ahora retirado, Greg Burke,  dijo a los laicos católicos lo siguiente:

 “Cada uno de nosotros debe hacer propio el desafío de dar una compresiva y común respuesta, que traerá curación a las  víctimas sobrevivientes, reuniéndonos en solidaridad, humildad y penitencia para reparar el daño causado, compartiendo un compromiso común de transparencia y manteniendo a cada uno como miembro de la Iglesia.” (La negrita es nuestra)

La triste y  pura verdad es que  cuando llega el momento de “reparar el daño causado” a las víctimas del abuso sexual del clero, desafortunadamente NADIE , incluido el que ocupa actualmente  la silla de Pedro y la jerarquía católica, y ninguna compensación financiera o disculpas tardías, podrán NUNCA traer de vuelta los años de la inocente niñez que ha sido brutalmente robada a las jóvenes víctimas de abuso clerical, y especialmente más cuando las víctimas se han SUICIDADO, muerto por su propia mano.

Comencé a reunir información y datos sobre la relación que hay entre pederastia, el suicidio de las víctimas y de sus perpetradores en 1987, cuando comencé mi investigación para “EL Rito de Sodomía, el cual fue publicado diecinueve años después en 2006. Este artículo trata sobre los fatales resultados del abuso sexual del clero y está basado en una pequeña selección de casos de suicidio de mis archivos.

Pero primero, algunas notas sobre el suicidio y su relación con la homosexualidad y la pederastia.

 Homosexualidad, Pederastia y Suicidio

 Desde la antigua Atenas, donde el suicidio, el crimen y el asesinato de los niños amantes atenienses o sus presas no eran desconocidos; hasta las casas de remolienda de Londres de la era victoriana, donde la prostitución homosexual y criminalidad florecía, nos volvemos a los escándalos y suicidios homosexuales del siglo 20 asociados con la Alemania de Alfred Krupp, es decir, al affair pederasta del “Cannon King´s” con jovencitos en Berlín y Capri; al moderno distrito Castro de San Francisco donde la “violencia doméstica”, es decir, “crímenes pasionales” entre personas del mismo sexo, tanto  parejas de hombres como de mujeres,  sigue un serio problema “psicosexual” tanto para la salud pública como para los oficiales encargados de hacer cumplir la ley. La homosexualidad, la pederastia y el suicidio siempre han mantenido una relación simbiótica.

 El mundo clerical homosexual  tal como su contraparte secular, del cual la pederastia es un subconjunto, es histórica y universalmente un mundo de desviación sexual, de violencia y de criminalidad incluyendo el uso de drogas, pornografía, violación, prostitución, homicidio, asesinato, extorción, robo, fraude y SUICIDIO, este último será más adelante el objeto principal de este comentario.

Entonces, no debiera sorprendernos,  ni tampoco a Francisco ni a la jerarquía católica, ni a los laicos católicos, que la recurrente epidemia de suicidios  entre los clérigos perpetradores homosexuales y sus víctimas es poco probable que se frene, y mucho menos que termine pronto a no ser que las causas sean abordadas  de raíz en la cumbre de febrero.

 Las enseñanzas de la Iglesia sobre la malicie del suicidio

 El Pio-Benedictino Código de Derecho Canónigo de 1917, Canon 1240  §1 estipula específicamente que: “A menos que antes de la muerte ellos dieran un signo de arrepentimiento, están privados de entierro eclesiástico,  3° Quienes se han suicidado con deliberado consentimiento.”

Sin embargo, el Código de Derecho Canónico de 1983, Canon 1184 §1 Anula la categoría específica de aquellos que cometen suicidio directamente.  Así se lee:

“Se han de negar las exequias eclesiásticas, a no ser que antes de la muerte hubieran dado alguna señal de arrepentimiento. 3° a los demás pecadores manifiestos, a quienes no pueden concederse las exequias eclesiásticas sin escándalo público de los fieles.”

Lo cierto es que encuentro que el uso de la frase “sin escándalo público de los fieles” es manifiestamente irónica, ya que la misma cláusula ha sido invocada ad nauseam por miembros de la jerarquía católica para explicar su cobardía y su falta de verdadera fe al no reportar los delitos pederastas a las autoridades policiales civiles.

La parte III, párrafo 2282 del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgada por el Papa Juan Pablo II en 1992, afirma: “Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.” El párrafo 2283 señala; “No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que Él solo (sic) conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. [¿Después de la muerte?]La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.”

En resumen, el suicidio directo ha sido definido como auto-asesinato, y como tal objetivamente hablando, está condenado por las Sagradas Escrituras, la Iglesia Católica y la Tradición. El suicidio deliberado es ilegal y un pecado mortal, y es por eso, por su odio al pecado, que la Iglesia en el pasado, ha negado al suicida impenitente un entierro cristiano.   Existen obvias excepciones a esta regla, incluyendo menores y adultos que son inestables mentalmente o  que están bajo la influencia de medicamentos alterantes. Sin embargo, hoy la infortunada tendencia es no negar a ningún suicida un entierro católico, creyendo equivocadamente que ninguna persona sana deliberadamente tomaría su propia vida, y por tanto, el suicida no es culpable por sus acciones.

 El suicidio de las víctimas de la pederastia

 Mientras la mayoría de los niños y niñas, jóvenes hombres y mujeres que han sido abusados por clérigos y religiosos contemplan el suicidio en algún momento de sus vidas, estadísticamente más mujeres intentan suicidarse, la mayoría de los hombres lleva a cabo el acto y se matan a sí mismos.

Mientras más intelectual, sensitiva y creativa sea la víctima, le asaltarán efectos más traumáticos y de más  largo plazo.  Cuanto mayor sea la religiosidad de los padres de la víctima y su apego a la Iglesia, menos probable será que la víctima (especialmente si es un niño) les revele el abuso.

Muchas víctimas del abuso sexual del clero sufren episodios de por vida, de falta de confianza, o nunca se sienten realmente seguros de no sufrir daños. Por esto es que el suicidio es siempre una opción que no se desaparece.

La actitud anti-autoridad engendrada por el abuso es probable que sea un reflejo en aumento de comportamiento antisocial, incluyendo uso de drogas, hurto y truhanería. Los desórdenes físicos y emocionales especialmente manifestada en desórdenes alimenticios como la anorexia y la bulimia nerviosa son comunes en las víctimas de abuso en ambos sexos y con frecuencia son precursores de intento de suicidios.

La penetración sexual oral o anal o el intento de penetración en menores, especialmente los actos de sodomía y felación ejecutadas en niños menores, incrementa dramáticamente el rango de suicidio de las víctimas abusadas. La práctica de actos homosexuales de adultos en niños menores también incrementa la probabilidad que ellos adopten un mortal estilo de vida homosexual. Sumado a la naturaleza del abuso sexual, la duración del abuso, que puede algunas veces cubrir un periodo de años, es un factor clave en la alta incidencia de suicidio entre las víctimas abusadas.

Aproximadamente el 25% de las víctimas de abuso sexual infantil declara que no fueron afectadas por la perpetración. Sin embargo, entrevistas posteriores revelan que el abuso sexual, especialmente el abuso sexual de los clérigos deja cicatrices mentales, emocionales y espirituales y nunca realmente son borradas por la víctima.

La cura a largo plazo de las víctimas del abuso sexual de los clérigos llega, en gran parte, al enfrentar la realidad de su abuso y a su abusador, cuando esto sea posible, y reconociendo que, aunque nunca podrán recuperar su infancia perdida para siempre, ellos podrán encontrar una nueva vida separada del abuso y una nueva esperanza y paz con Dios en el mundo que vendrá.

Por: Randy Engel

Articulo original: Sex Abuse Victims and Clerical Suicide

Traducido por: Beatrice Atherton para MarchandoReligion.es


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