¿Los niños molestan?

Esta semana, nuestra compañera Sonia, trae un artículo de plena actualidad, lo que se llama “antiniñismo” y se hace la pregunta sobre si los niños molestan o quizás, sean los padres.

Un artículo de Sonia Vázquez: “¿Los niños molestan?

Estos días está de plena actualidad este tema que les traigo hoy, ¿molestan los niños? , parece ser que hay una nueva corriente que denominan “antiniñismo”, ¿Saben lo qué es?

Estaba desayunando y en La Voz de Galicia leía la noticia de que en España hay hoteles que ya no admiten niños, https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2019/02/11/strong-clientes-buscan-tranquilidad-ve-quebrada-ninosstrong/00031549890494659960371.htm , ¿Les parece desproporcionado o creen que llevan razón los gerentes de estos negocios?

Aunando esta noticia a otras que se leen, nos encontramos que los niños molestan en distintos ambientes: Iglesias, restaurantes, hoteles… ¿Y Vds. que piensan, como Nuestro Señor, “dejad que los niños se acerquen a mi” o “heroooodes, ven”.

¿Por qué se dice que molestan los niños hoy en día? Esa es la primera pregunta que resumo de la siguiente manera: porque levantan la voz en cualquier sitio, gritan, lloran, algunos hasta dicen palabras mal sonantes, no respetan el mobiliario de los lugares en los que se encuentran, etc…Bueno, no se den todos por aludidos, lógicamente, hay niños bien educados, también hay que decirlo, pero hoy no hablamos de esos, hoy hablamos de los otros, de los que carecen de modales. Vaya por delante que conozco muchos niños bien educados y el mérito es de sus maravillosos padres, no es una tarea difícil ni imposible pero sí que requiere dedicación y amor.

Hace poco me encontraba en una Iglesia en la que la escandalera era monumental: niños paseando con el triciclo por el templo adelante, otros dibujando con unas libretas que los padres les habían llevado para entretenerse durante la Misa, otros subidos a los bancos, algunos a voz en grito…y yo dije: “Jesús”.

Hace un par de años estaba en Madrid con un grupo de personas y entramos a comer a un restaurante, cuando la camarera nos señaló la mesa en la que nos podíamos sentar, observé que a la par había otra mesa en la que los niños literalmente estaban encima de las sillas  y con una verbena parecida a la que les relataba en el párrafo anterior, miré y dije exactamente lo mismo: “Jesús”, pero esta vez añadí: “no, por favor, denos una mesa en un lugar tranquilo del restaurante”. Una de las personas del grupo se quedó, como solemos decir en España “a colores” y me dijo: “Sonia, por favor”.

No sé si estos dos casos que les cuento les puede hacer pensar que soy de la corriente “antiniños” pero lo cierto es que no lo soy, lo que sí soy es anti maleducados, sean niños, adultos o ancianos, la falta de educación me parece algo deplorable. En el caso de los niños no se les puede achacar la culpa, esta, sin lugar a dudas, es de los padres.

Los niños no molestan, molestan los padres


Hoy en día la falta de educación de los padres es patente y por lo tanto se transmite a los hijos que carecen de normas para vivir en sociedad. Cuando éramos pequeños, en mi caso, yo era una niña de lo más corriente, no era ni muy movida ni tampoco la típica que estaba todo el día sentada en una silla, me gustaba divertirme, era muy juguetona y para eso, nuestros padres nos destinaban un lugar y un tiempo. Llegaba del colegio y bajaba a la calle a jugar con mis amigos hasta que mamá nos llamaba para que volviéramos a casa ya desfogados. Una vez en casa, se daba por terminado el tiempo de asueto y aún siendo niños que podíamos cometer alguna travesura, respetábamos las normas que nos marcaban: nos lavábamos las manos, nos sentábamos a la mesa, esperábamos a que mi padre diera el primer bocado, cuando nos indicaban que se había terminado la cena, la comida o lo que fuera nos levantábamos de la mesa y nos permitían ver un rato de televisión y después a la cama.

Insisto, en medio de todo esto, no quiere decir que no nos diéramos una patada por debajo de la mesa o que urdiéramos algún plan nocturno, pero teníamos claro lo que estaba bien y lo que estaba mal y sobre todo y por encima de todo, respetábamos y obedecíamos a los mayores y esto no está pasado de moda, es “atemporal”.

La buena educación es atemporal

Por aquellas, los padres, no iban a fiestas, apenas salían y si lo hacían no era con los hijos a horas nocturnas. Si tenían una boda de noche no se planteaban llevar a los nenes porque cumplíamos rigurosamente el horario para acostarnos. ¿Que hace hoy en día un niño en el convite de una boda a las once de la noche?

Nuestros papás no nos llevaban a cafeterías, lugar habitual donde hoy en día se concentran durante horas padres y niños pequeños. Así se sacrifican los padres en el siglo XXI por sus hijos, teniéndolos en lugares destinados de por sí para adultos. Recuerdo en mi infancia que la única cafetería que pisaba era los domingos al salir de Misa, mi padre sabía que me encantaba y nos llevaba a tomar una fanta con patatas fritas, apenas estábamos media hora (el tiempo que nos duraba la bebida y que hacía que estuviéramos quietos) y después volvíamos para casa.

Nuestros padres no nos permitían llevar muñecas o juguetes a la Iglesia, podías estar distraído pero tenías que estar quieto y sentarte, levantarte y arrodillarte cuando tocaba. Si girabas la cabeza para ver quién estaba detrás, te recordaban que miraras al frente. ¡Dios mío! y éramos niños y lo pasábamos bomba, hacíamos trastadas, jugábamos, nos reíamos, pero teníamos una disciplina y unas normas de obligado cumplimiento y ¿saben qué? Éramos felices, muy felices. Y si alguien hacía llegar una queja sobre nuestra conducta a nuestros padres, ya podíamos ir rezando el Ave María, porque suponía un castigo, ya que los mayores siempre tenían razón…

Se dice erróneamente que antes nos traían a golpe de vara pero a mí, mis padres, nunca me pegaron, al contrario, si pienso en una palabra que califique la educación que me dieron, esa es “amor”.

¿Qué clase de educación dan hoy en día los padres?¿se puede decir que enseñan correctamente, aquellos que permiten que sus hijos jueguen durante la Misa, que estén en un restaurante y no les importe que estén molestando a los comensales de las otras mesas, padres que permiten que sus hijos adolescentes lleguen a la hora que les de la gana, padres que van a los colegios a quejarse por qué un profesor llama la atención a su hijo en clase, padres que permiten que sus hijos no respeten a sus abuelos…?

Es necesario repetirlo para aclarar dudas, no molestan los niños, molestan los padres. Si se fijan en los supermercados ponen letreros para recordar normas básicas: “no toquen la fruta”, “no toquen el pan”, quizás sería bueno que cuando uno tiene un hijo le dieran un libro con las normas elementales de educación, la principal sería: “si tiene un hijo, sacrifíquese por él y renuncie a sus propios gustos y caprichos en favor de su educación”. Tristemente en estos tiempos, la mayoría de las personas que tienen niños, quieren continuar con aquella vida de veinteañeros sin preocupaciones y cuando se dan cuenta son unos viejos abandonados en un asilo y eutanasiados con el consentimiento de unos hijos que fueron educados en lo que los papis llaman “valores”, sí, sí, sí. Lo que sembrasteis, recogeréis.

Pienso que no hace falta decir más, es un tema educacional y lo repito, no de los niños, sino de los padres. Curiosamente, hoy en día, los que necesitan escolarizarse y formarse son los progenitores, cuando se preguntan en los colegios y en los catecismos qué es lo que falla la respuesta es muy simple, los padres, ellos son los que necesitan formación escolar y catequética, los niños, como bien dijo Jesús, “dejad que se acerquen a Mi”

Circulaba este mensaje por las redes sociales, muy a tono con el artículo, se lo dejo para su reflexión:

Hay mucha gente que se pregunta “¿Cómo hacían los papás de antes para mantener a tantos hijos?”.
Pues les digo, fuera de que la capacidad adquisitiva era igual o menor en esos tiempos. Los padres de antes tenían un secreto y se los voy a compartir.

El secreto de los papás de antes es:

¡NO GASTABAN EN TONTERÍAS !

A nosotros nunca nos faltó nada, porque se nos compraba lo necesario… teníamos la ropa necesaria, no la de moda.
Los juguetes eran esperados en Navidad y cumpleaños, no cuando los pidiéramos ni por portarnos bien, o pasar las materias de la escuela, esa era nuestra responsabilidad. Y era un “intercambio” justo. Ellos nos daban comida y sustento, y nosotros no éramos un dolor de cabeza y nos preparábamos para cuando ellos nos hicieran falta.
Al paso que van, los niños van a querer un sueldo por cumplir con sus labores.
Ahora a los niños se les da toda clase de premios y reconocimientos. ¿Medallas de participación? ¿? O sea premios por existir.
Por eso tú que eres padre de familia te vuelves casi esclavo de tus hijos, unos hijos que casi no ves por trabajar para ellos. Y en tu afán de darles todo, lo único que has conseguido es tener a un pequeño jefe bien vestido, mal educado, con mal carácter, que cree que merece todo, pero inseguro y con baja autoestima. Niños con el closet lleno, y el interior vacío.

Tú hijo no necesita todos los juguetes.
Tú hijo no necesita los tenis más caros ni ropa de marca.
Tú hijo te necesita a ti, dale tu tiempo.

La segunda pregunta del tema que más se hacen es “¿De dónde sacaban los papás de antes la paciencia para aguantar tanto ?”

Ah pues ¿Recuerdan que les dije que nosotros no éramos un dolor de cabeza ? Ok, aquí el segundo secreto.

Los papás de antes NO TENÍAN PACIENCIA.

No había tolerancia, nos portábamos bien sí o sí, había disciplina.
Por educación no te tiras al piso, por educación no gritas en el centro comercial, por educación no contestabas, por educación respetaba las cosas ajenas, y un interminable etcétera.

Entiendo que quieran ser amigos de sus hijos, pero primero sean sus padres, edúquenlos… Yo no sería amigo de alguien que llora por nada, no me respeta o me hace pasar un mal tiempo ¿Tú sí?

Y muchos dirán: “cuando tengas hijos entenderás”. No, yo ya entendí y estas dos razones me regirán…

Sonia Vázquez


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Sonia Vázquez

Sonia Vázquez

Soy Católica, agradezco a mis padres su empeño y dedicación en el cuidado de mi alma. Estudié la carrera superior de piano y a la par, la de Informática, en el área de programación. Profesionalmente estuve ligada durante años al sector de las Telecomunicaciones, que me siguen entusiasmando, pero mi pasión es la música a la que, a día de hoy, me dedico profesionalmente y al cien por cien. Trabajo como organista, dirijo varias corales y he impartido conferencias sobre la música Litúrgica. Me he formado en Teología, Música Litúrgica y órgano. Mi meta es Dios, la salvación de mi alma y la de aquellos a los que amo. Estoy felizmente casada, somos una familia en Cristo, en la foto me podéis ver con uno de los miembros de nuestra familia, Pastor. Vivo en Galicia, miña terra nai