En el jardín del Rosario, hermanos

Hoy, Cecilia, nos habla de esos encuentros inesperados que pueden cambiar nuestra vida y que por gracia nos llevan a conocer un desconocido jardín…

En la vida normal extraños. En el jardín del Rosario, hermanos, un artículo de Cecilia González

“vos autem Dominus multiplicet et abundare faciat caritatem in invicem et in omnes quemadmodum et nos in vobis” 1 Tesalonicenses 3, 12.

Hace un par de años, luego de mi tiempo de “rebelde”, empecé a experimentar encuentros muy interesantes con gente que no esperaba y en lugares aún más inverosímiles.

Una de esas personas es Sophia, una coreana muy simpática y amable, que luego de conversar brevemente sobre su país en una conferencia mundial, se fijó en mi crucifijo y me indicó que ella se había convertido hace poco y que dejó su nombre coreano para tomar el de Sophia en su bautismo. Inexplicable es la emoción que sentí, y terminé dándole un abrazo sin pedir si quiera permiso. Hay que recordar que los coreanos, no tienen la costumbre de ser muy afectuosos físicamente, menos con semi-extraños. Meses más tarde, me llegó una hermosa sorpresa desde Corea. Un sobre con un velo (allá las mujeres católicas lo usan en general), y unos rosarios, con 7 grupos de 7 cuentas, para meditar y rezar los 7 dolores de la Virgen. Sophia, en su corto tiempo de ser bautizada, cobró mucho amor por la Santa Madre y gracias a su regalo, descubrí esa hermosa devoción.

A la fecha, nos saludamos de vez en cuando, pero siempre nuestro punto central de charla es Dios, Su Infinito Amor y lo agradecidas que estamos de haber sido conectadas por Él. La verdad no sé mucho de su vida, pero esas pequeñas charlas son motivo de mucho gozo.

El año pasado, me sucedió otra conexión extraordinaria. Tuve la dicha de ir a Santa Misa en mi propio país, gracias a que un padre de la FSSPX viene a visitar a su familia. Conocí a su hermana y una amiga de infancia, con las que quedamos de iniciar el rezo del Santo Rosario a la misma hora los domingos. Así, sorteando la distancia física, nos unimos para consagrar el domingo.

A los pocos días que tuve la dicha de poder asistir a Misa, me contactó Matteo. Conversamos menos de 1 hora por el mensajero digital. Me preguntaba principalmente cómo había logrado ir a Misa y si podía ponerlo a él en contacto, pues hace varios años no se confesaba y menos había podido estar en Misa.

Lo puse en contacto con la hermana del padre de la fraternidad que aún se quedó una semana más y había oportunidad para que Matteo fuera y pudiera recibir los Sacramentos.

Conversé con Matteo un par de veces más, nada complejo. Se unió al pequeño grupo junto con las otras dos mujeres y así armamos una pequeña “comunidad”. Si bien no somos de andar conversando de todo y nada, el grupo era el espacio para compartir las lecturas del día, las homilias y alguna otra devoción.

Había percibido que Matteo tenía algunos problemas con la salud, pero nunca imaginé, que luego de estar internado y haber sido dado de alta, sería lo último que quedaría en su camino en esta vida.

Podrían pensar que al no haberlo conocido en persona, su partida fue algo distante e irrelevante. Pero no fue así. Además de ser inesperada la noticia, me apenó mucho el no haber tenido la oportunidad de acompañarlo si quiera unos minutos en sus últimos momentos. Ofrecí oraciones a la Santa Madre, para que su alma sea acogida en el Reino de su amado Hijo, y allí me di cuenta de que este hijo de Dios, en el jardín del Rosario, me era muy cercano bajo el manto de la Reina Celestial.

La oración, y sobre todo aquella donde nos dejamos tomar como pequeños niños por la Reina del Cielo, nos conduce a una comunidad, que sobre pasa las barreras físicas, como la vez que varios estuvimos en oración por un niño que amamos, como si fuera nuestro sobrino, hijo, hermano y todo por que este niño forma parte de una familia muy entregada a Dios, donde desde el papá y mamá, que son hermoso ejemplo de unión, forman a sus pequeños en la piedad y amor a Dios. A ellos, tampoco los conozco en persona, pero que cercanos me parecen.

Muchos en este mundo buscan experimentar todo a través de los 5 sentidos que gozamos. Pero no todos hallan en ese frenesí paz y gozo. Y si lo hallan, es pasajero. Yo misma, me cuestionaba hace años, cómo le haría, si no tuviera otro cristiano con el quién orar. Hasta que dejé la pereza y hallé el gusto de orar el Rosario. Como dijo Dorothy Day, “muchos Católicos de nacimiento, atraviesan o necesitan una segunda conversión, que los enlaza a un amor más maduro y obediencia a la Iglesia”. ¡Sí!  Yo era una “Católica” que no rezaba el Rosario y tampoco me había comprometido seriamente.

Por gracia de Dios, hallé ese hermoso jardín de María Santísima, y aunque me tomó tiempo, hoy tengo mucho gusto de irme a ese jardín llamado Rosario y contemplar bajo su manto, la vida de Nuestro Señor, reflexionando sobre mis pequeñeces y pecados, como enmendar, como vaciarme más y al mismo tiempo, contemplando junto a otros hijitos suyos, como este Dios maravilloso nos une poco a poco en ese amor que no conoce límites de tiempo ni espacio. Bendito sea Dios, que no nos deja solos, a pesar de ser tan miserables.

Dios les pague por las oraciones que puedan ofrecer por el eterno descanso del querido hijito de Nuestra Señora, Matteo Camacho.

“Rezar mi Rosario es mi más dulce ocupación y una verdadera alegría, porque sé que mientras lo rezo estoy hablando con la más amable y generosa de las madres.” – San Francisco de Sales

El Rosario-Marchando Religión

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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.