Ambientalismo ecologista

Cuando se utiliza la palabra ecologismo, inmediatamente algunos se echan a temblar, ¿se entiende bien esta expresión? Nuestra compañera Cecilia ahonda en el tema.

Un artículo de Cecilia González: “Ambientalismo ecologista, la combinación para odiar al prójimo”

Recuerdo que durante el último semestre de mi carrera, la maestra Eugenia nos alentó a ser ecólogos no ecologistas, a ser mesurados en nuestra pasión por el cuidado de la naturaleza. Esta maestra nos vio desde el primer semestre hasta el último, ya que era la misma que nos daba las materias de química y esta de tratamiento de aguas.

Supongo, que en lapso de los 4 años y medio, habrá percibido, mediante nuestras conversaciones en los pasillos, y quizás algunas respuestas en el aula, que los futuros biotecnólogos ambientales, íbamos casi hermanados en una línea de pensamiento… sesgada hacia el odio por la humanidad.

No tengo muy claro si fue durante la clase de introducción a la ecología, o la de ecología de poblaciones, pero me acuerdo que hubo un día, en que al comentar con el maestro, como la contaminación ambiental iba cada vez reduciendo poblaciones de ciertas especies, empujando a que otras tengan que buscar nuevos hábitats, y un sin fin de cambios en los ecosistemas, llegamos todos los alumnos a la conclusión de que lo mejor era que nos aniquiláramos TODOS los humanos con unas bombas atómicas, y dejáramos a este planeta en paz. También, estábamos convencidos, luego de la clase de climatología y meteorología, de que íbamos rumbo a una mini era de glaciación (al menos eso se clamaba a finales de los 90), por lo que sería un espectáculo si alrededor del 2050, más del 60 % del planeta estuviera cubierto de hielo, y que bien merecido lo tendríamos. En ese entonces, apenas se iba formulando el cuento del calentamiento global, fruto de la actividad humana (eso llegó en la primera década del nuevo siglo).

También, en esas clases, repasamos la hipótesis malthusiana, y muy a pesar de que el maestro indicó que a poco del nuevo siglo, esa hipótesis no tenía mucho sustento, muchos de mis compañeros concluyeron que lo mejor era mejor ser precautorios y no tener más de 2 hijos, como mucho.

En conclusión, éramos la peor plaga que le pudo pasar a este planeta.

Pensamiento que he escuchado repetidas veces y con mayor frecuencia en los últimos meses. No recuerdo haber tratado explícitamente a la gente peor por ello, pero si tenía una cierta aversión a las obras de caridad para con el prójimo. Supongo, que en mi cabeza, el hamster indicaba, que era mejor dejarlos morir sin mover un dedo.

Esos eran los días, en que soñaba con trabajar en alguna ONG como WWF (la del panda), o alguna agencia del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA-ONU), estar involucrada en algún proyecto con gran impacto, salvar a los tigres del Ásia, o frenar el derretimiento de hielo en los cerros de la Cordillera Andina.

Pero el buen Padre Dios, tiene maneras para atraernos, que muchas veces no comprendemos cómo suceden en esos momentos.

Al retornar de mis estudios, me costó hallar un trabajo. Una vez ya con más estabilidad, recuerdo que me entró la fiebre de volver a ser creyente. Así que me mandé una tontería. Conseguí apoyo económico y me fui de voluntaria a la JMJ de Alemania. Allí, conocí gente que parecía más piadosa y que me hicieron unas sugerencias interesantes. Al volver, hice contacto con una chica, cuya hermana era una religiosa de las Misioneras de la Caridad (las de la Madre Teresa). ¡Que cosas! Yo a mis 19 tuve la primera tentación de irme a hacer un “Come and see” con ellas, pero mi padre me puso las cosas en otra perspectiva. Ya sabrá Dios, que al día de hoy no puedo dejar de agradecerle que no fuera así.

Sin embargo, esta chica, me hizo el gancho para que pudiera subir un domingo para ayudar en la cocina. De esta manera, podría conversar un poco con las religiosas y aprender sobre su vocación. Allí empezó una obra de Dios, que no era ni remotamente parecida a la que yo llevaba en la cabeza.

Claro, yo iba para ayudar al necesitado. En ese hogar, que queda a un poco más de una hora de mi casa en transporte público, viven ancianos, enfermos mentales y gente con distintas discapacidades. Así que la excelsa biotecnóloga iba cada domingo, madrugando, a cumplir con su obra de caridad mientras ayudaba al necesitado.

Esto sucedió casi por un año, hasta que elevé anclas nuevamente y partí a hacer una especialidad en Alemania. Sin embargo, antes de que partiera, sucedió que un buen día me dí cuenta de algo que no me había percatado antes.

En realidad, yo no iba a ayudar al necesitado.

Lo cierto es que yo iba a que me ayuden, y quizás por eso también logré ser constante, porque sin estar totalmente consciente, era yo la necesitada. Sucede que mi existencia había llegado a un punto, donde creía tener problemas en la vida (de distinta índole). En ese hogar, además de conocer más a fondo a los internos, también conocí a las otras señoras y jóvenes que iban a trabajar. Como imaginarán, estas personas REALMENTE tenían problemas, por lo que mis problemas pasaron a ser enfocados como lo que eran: tonterías. Gracias a su ayuda, pude comprender que Dios es generoso en abundancia conmigo, muy a pesar de ser un gusano muy ingrato.

También pude aprender, que cuando uno es empático con los problemas de los otros, puede genuinamente, plantear soluciones que sean de beneficio tanto para el, como para generar menos basura, menos contaminación…etc. Y todo, sin caer en la obsesión animalista o exagerada del principio precautorio que enarbolan los ambientalistas.

En Alemania, país que muchos exaltan aún como potencia mundial, y eso antes de tener la invasión de los moros que hoy vemos, ya existía en aquellos años muchos problemas que aquejan a muchos de sus ciudadanos. Nadie me daba crédito, cuando les contaba, como fui a un hogar (también de las misioneras) a repartir alimentos en una cocina popular. Menos creían de los pobres que viven allá.

Si bien hoy me alejé para siempre de las misioneras de la caridad, doy gracias a Dios, que a través de esos hogares, logré descubrir que aquello que Dios hizo en esta tierra para que de en abundancia, para que no sólo unos cuantos vivan holgadamente, pero para que los 7 o 15 mil millones de habitantes que puedan exisitir, tengan lo suficiente. Sin embargo, si yo continuara con esa mentalidad que tenía hacia el final de mi carrera, poco o nada me fijaría qué le falta al otro, o qué me sobra para que lo distribuya.

Igual, muchos llegan a esta racionalidad sin tanta vuelta, pero para este gusano, era necesario pasar distintas etapas y quizás, perderle el miedo y repulsión al enfermo, al tullido, al que está en la miseria y no ser tan exagerada con la admiración por el resto de la Creación de Dios, para no caer en el naturalismo.

Hoy, sin embargo, veo como surge con más fuerza, grupos de adultos y jóvenes, obsesionados con el “cambio climático”, volviéndose veganos, porque así generan menos CO2 y además no se comen a los animalitos. Hace pocos días, los estudiantes en Bélgica, Inglaterra y no recuerdo donde más, salían a manifestar por su derecho a un mundo mejor y para frenar el cambio climático. ¡Ah claro! Como olvidar que estamos en la era de LOS DERECHOS HUMANOS.

A todos esos mocosos, les haría bien ir a atender enfermos, ancianos, alimentar a desnutridos, limpiar baños y lavar los platos en hogares, asilos, sanatorios… O incluso, deberían aspirar a estudiar, para que aprendan que Malthus se equivocó, que el “cambio climático” no es una novedad en el planeta, y que se pueden generar soluciones a través de la ciencia con ética, sin dañar el ambiente y sin relegar al ser humano que tiene menos.

Pero, por sobre todo, a estos desGraciados, les hace falta DIOS. Hoy, el naturalismo y humanismo, están condenando a centenas en cada rincón de este planeta. Y aún duele más, contemplar como ese veneno, se ha infiltrado incluso dentro de la Iglesia.

Que Dios se apiade de sus almas y corrija tantos corazones perdidos en ideologías banales.

“Viditque Deus cuncta quæ fecit et erant valde bona…” Gen. 1, 31.

Cecilia González

Para pensar en ello, el ambientalismo ecologista…Les invitamos a quedarse en nuestra página, pueden leer más artículos de nuestras firmas: Artículos de opinión


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Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.