¿Para que ver a los arboles? El vacío interior

El vacío interior se posa en nosotros cuando nos negamos a renunciar al yo. 

¿Para qué ver a los árboles? Sobre el vacío interior, un artículo de Gilmar Siqueira.

*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

Tiempo de lectura estimado: 3 minutos.

El loco, según decía Chesterton, es el hombre que ha perdido todo menos la razón; es el hombre que, de tanto malgastar la razón que le quedó, decidió reducir la realidad a la medida de sus pensamientos; y así todo lo (poco) que viene desde fuera necesita pasar y ser modificado, disminuido, por su “reductor mental” para que con sus ideas pueda juzgar y opinar sobre todo lo que hay y simplemente negar lo que está fuera de su turbia visión o no encaja en el “reductor mental”.

Tan grande puede llegar a ser esta locura que el hombre que de ella padece generalmente siente los más grandes deseos de cambiar el mundo – rehacerlo – a imagen y semejanza de sus esquemas mentales.

El vacío interior-Marchando ReligiónUn hombre así niega rotundamente la necesidad de la contemplación; incluso puede burlarse de ella llamándola locura.

Y esto porque el que está siempre lleno, saturado de sí mismo, es incapaz de encontrar algún espacio para lo que no es “yo”: de manera que la familia, los amigos o la novia no son más que extensiones del “yo”, anejos que están para servir a los deseos siempre insatisfechos.

Un hombre así no descansa nunca: mismo que este físicamente parado sus ideas siguen trabajando porque, aunque ni siquiera él se de cuenta de esto, si se interrumpen sus pensamientos acabará por encontrarse en un insoportable vacío. En este vacío, para colmo de su tortura y paradoja de su vivencia, encontrará muchísimas cosas – toda la realidad que existe independiente de él – en su entorno, cosas con las cuales no tendrá nada que ver, de las cuales se sentirá irremediablemente apartado como si estuviera en una horrible pesadilla.

Y este hombre que no puede descansar vivirá en un frenesí constante: como es capaz de intuir – y muchas veces de experimentar – el vacío que se oculta bajo lo que él falsamente cree que es la realidad, se apavora de tal manera que empieza a luchar como loco para no sufrir.

Sin embargo, siempre está sufriendo.

Su sufrimiento, aunque subjetivo, existe precisamente por su alejamiento completo de la realidad, por su desarraigo, por sus errores y por la falsedad de todas las teorías que se inventa: en el fondo, él no quiere un remedio para los sufrimientos del mundo, lo que quiere es un canal por donde poder vaciar su encono y entonces, por primera vez, poder sentirse bien.

Lo que quiere es descansar, descansar de sí mismo.

Claro que una persona que alimenta estas alimañas en su interior puede llegar a hacer cosas terribles, pero aquí no trataremos de esto. El punto que me interesa en este momento es el de su sufrimiento: porque, si él se da cuenta de que sufre, de que a pesar lo que haga seguirá siempre mal y como apartado del mundo, ahí está una encrucijada importante. Llegará la ocasión en que verá como vano e inútil todo lo que hizo, porque su magullada conciencia permanecerá acusándole.

Entonces aquél vacío que tanto temía caerá sobre él completamente, porque una vez que ha visto que fueron vanos todos sus intentos anteriores, aquella falsa esperanza desaparecerá. No podrá agarrarse a ella otra vez.

En su terrible pena creerá que no le queda otro remedio que la muerte; y, sin embargo, aún se resistirá a ella porque no es Kirilov, porque habrá algo en él – algo que en un principio puede llamar instinto – que le impedirá dar el último paso. Sin poder valerse ya de sus antiguas convicciones, desenmascarado, llorará de rabia, cansancio e impotencia. Entonces, por alguna razón, se acordará del cariño de la madre que le hacía reír cuando era chico, de los amigos preocupados porque él estaba siempre nervioso o de la novia que lo soportaba en los peores momentos.

Sus lágrimas serán ya de ternura: “Et cette tendresse qui me tourmente et que vous voyez bien (…)”, como en los versos de Marie Noël.

Se creerá culpable por desperdiciar su vida (esto pasará no importando la edad que tenga) y por hacer sufrir a los que le querían.

Y esto es bueno. Sí, lector, es muy bueno.

Fíjese bien: sin darse cuenta empezará a pensar en los otros, se sentirá culpable por el mal que hizo y por el bien que pudo hacer pero se abstuvo. ¿Lo ha notado? Dejará de pensar en sí mismo.

El dolor entonces, aunque suene a paradoja, le servirá de descanso en algunos momentos. Claro que la culpa le perseguirá como una nueva alimaña en su alma y habrá que convertirla en arrepentimiento; pero será una culpa por los otros, es decir, por fin este hombre ha podido descansar de sí mismo.

Esta dolorida revelación le permitirá ver lo que hay fuera de él.

Y, como desde siempre había Alguien que le miraba y esperaba por este momento, también en su corazón empezarán a brotar algunas dudas: “¿y si esto no es el fin de todo? ¿Y si puedo reparar algo del mal que hice? Al cabo de todo, todas las personas que me han querido (que quizás todavía me quieran) siguen vivas… ¿y si me perdonan?”.

Este hombre se creerá vivo, y con dos piernas como el Innocent Smith de Chesterton; pero realmente vivo: percibirá que la vida que tiene, aunque parezca completamente suya, ha venido de fuera; que hay muchas otras cosas, igualmente afuera, que pueden ser vistas y gustadas aunque no se las toque; experimentará el gusto de reírse por casi nada, simplemente por reírse.

Desde luego que no exagerará porque es un convaleciente, porque sabe que dentro de sí todavía hay una cadena que le puede atar si se rehúsa a vivir.

Y, sin embargo, intentará con todas sus fuerzas no rehusarse más a vivir una vez que haya sentido el sabor de la vida.

Mientras tanto, habrá Alguien que también celebrará por aquel que “estaba muerto y ha vuelto a la vida”. Es este hombre, lector, el que puede encontrar una razón para ver a los árboles.

Gilmar Siqueira

Esperamos que hayan disfrutado con este artículo en el que Gilmar Siqueira profundiza en el vacío interior, les invitamos a quedarse en nuestra página y a recorrer nuestras distintas secciones: Misa Tradicional, Arte, Historia de la Iglesia, Nuestras firmas…

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Gilmar Siqueira

Gilmar Siqueira

Feo, católico y sentimental