El Sacerdote: Padre y amigo

En su primer artículo para Marchando Religión, Félix, nos llevaba a la escuela de acólitos que forjó su niñez y su vida y hoy, nos habla de aquel Sacerdote que como buen Padre le enseñó a amar la Liturgia y en él tuvo y tiene a un amigo. 

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El Sacerdote: Padre y amigo

Seguramente muchos de vosotros tenéis o tuvisteis a ese sacerdote “amigo” el cual os ayudó o quizás os sigue ayudando en alguna circunstancia de la vida, bien con sus consejos o de alguna manera especial.

Me gustaría recalcar lo de “amigo“, porque en el caso de los Sacerdotes, se refiere a una relación de gran respeto y admiración.

Quiero compartir con vosotros el recuerdo que yo tengo de ese “amigo” y que por una circunstancia especial, durante estos días, he vuelto a pensar en él con intensidad, aunque nunca lo había olvidado ya que  D. José marcó mi vida espiritual.

Cierro los ojos y vuelvo a la escuela de acólitos a la que pertenecí durante tantos años, allí  nos formaba D. José. Como un padre educa a un hijo, él nos inculcaba las enseñanzas en el catecismo de la iglesia y todo lo relacionado a la labor de acolitar en el  Altar .

Nos recordaba que no debíamos acudir de playeros (zapato deportivo) para nuestra misión, ya que se nos verían por debajo del alba y era más respetuoso ir con zapatos. De igual manera, nos indicaba que nos lavásemos las manos antes de salir al altar y nos instruía en como teníamos que colocar las manos en cada momento.

Nos hacía adquirir compromisos serios y si nos comprometíamos a ir a una determinada Misa, no podíamos fallar, para eso nos apuntábamos en una hoja y así cada uno de nosotros sabíamos que día y a qué hora teníamos que acudir.

Su saber hacer desbordaba todo, nos enseñaba pequeños detalles que poco a poco nos irían formando para poder dar mayor culto y respeto al Señor.

De manera especial nos preparaba cuando llegaba la Semana Santa, primero nos explicaba qué se celebraba cada día y después nos indicaba nuestras funciones para acolitar , para que todo saliese a la perfección .

Por lo que os estoy contando ya podéis imaginaros que influyó muy positivamente en mi formación católica y seguramente el cariño que hoy siento por todo lo relacionado con la Liturgia venga en gran medida relacionado con lo que él me inculcó.

Todos los niños, por aquel entonces, ya sabíamos antes de entrar en la iglesia, que D. José había llegado, pues tenía su coche blanco aparcado en la puerta y ya entrábamos sabiendo que lo encontraríamos en el confesionario o bien haciendo sus rezos delante del sagrario, o en la sacristía .

Cuando me casé le pedí a mi esposa que fuese en mi parroquia y con D. José donde celebrásemos nuestro matrimonio, a lo que ella accedió con amor, sabiendo lo que para mi significaba. Cuando ella conoció a este Sacerdote entendió todo lo que yo le había comentado de él. La santidad de este hombre era y es patente.

Mi “amigo” compartió grandes momentos de mi vida, entre otros, las bodas de plata de mis amados padres. A mi padre y a él les unía una sincera y profunda amistad de muchas horas de conversación, durante su enfermedad lo visitó en innumerables ocasiones para traerle la Santa Comunión y confesarlo, así como el Sacramento de la Unción.

Este sacerdote del que os estoy hablando lleva varios años enfermo y está retirado de sus funciones.

El Sacerdote: Padre y amigo-Marchando ReligiónEn la Navidad, mi mujer y un gran amigo mío fueron a un rastrillo benéfico y desde allí me enviaron un mensaje: “te hemos comprado algo que te va a causar una gran ilusión, prepárate”. Desde que recibí el mensaje me tardaba en llegar el momento para saber lo que era, pensé en algún objeto litúrgico pero mi sorpresa fue total y absoluta cuando llegan con mi regalo: eran los libros de oraciones de D. José.

Completamente asombrado abrí la primera página y vi su firma, allí estaban sus estampas marcando aquellas páginas en las que se había quedado, sus anotaciones en papel de alguna de sus homilías.

Cuando somos hombres y adultos parece que nos está vetado el llorar, pero créanme que mis ojos se llenaron de lágrimas, tenía en mis manos un gran tesoro, en un momento pude regresar a mi infancia, mi juventud, mi acolitado, mi padre, mi madre, mi esposa, todo estaba ahí contenido, nuestra vida en Cristo guiada por un santo Sacerdote. Hoy he querido llevaros a vosotros también al recuerdo de ese sacerdote que seguramente marcó vuestra vida para que nunca lo olvidéis y recéis siempre por él.

Esto también nos debe llevar a una profunda reflexión, D. José aún no ha fallecido y su familia ya se ha deshecho de sus pertenencias. Está claro, amigos: guardar las obras para el Cielo ya que aquí, así que nos vayamos, los que quedan no dejarán piedra sobre piedra  

Félix J. Méndez, 31 de Enero, Festividad de Don Bosco (Padre y amigo)

Esperamos que hayan disfrutado con este artículo de Félix Méndez hablándonos de ese Sacerdote que marcó nuestra infancia, nuestra vida. Les invitamos a quedarse en nuestra página y a recorrer nuestras distintas secciones: Misa Tradicional, Arte, Historia de la Iglesia, Nuestras firmas…

 

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Félix J. Méndez

Félix J. Méndez

Félix J. Méndez, Católico, casado, un amante de la Liturgia. Me inicié en la escuela de acólitos y continué mi formación con estudios de teología. He colaborado como catequista e impartí formación catequética para adultos. Intento caminar por la línea que lleva al cielo, destino al que deseo llegar con mi querida familia.