El Bautismo en el Jordán

El Rev. D. Vicente Ramón Escandell inicia en nuestra sección de espiritualidad una serie de artículos titulados: “MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO“, en los cuales nos propone una meditación tras la lectura del texto del Evangelio. Hoy, iniciamos esta sección con “el Bautismo en el Jordán”

*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

EL BAUTISMO EN EL JORDAN

Relato evangélico (Lc 3, 15-16.21-22)

Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.” Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Comentario al Evangelio

El bautismo en el Jordán-Marchando ReligiónTú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco proclama Dios Padre en la ribera del Jordán. Ha llegado el momento tan esperado por Juan el Bautista, el encuentro con Aquel cuyos caminos ha preparado a lo largo de tantos años y con tanto celo. Como uno más de los penitentes que se acercan a recibir el agua purificadora del bautismo, Jesús se pone frente a frente con su heraldo, y le pide ser bautizado. Este, consciente de la santidad del que tiene enfrente, no se atreve a realizar el gesto purificador tantas veces realizado sobre los pecadores arrepentidos; pero Jesús, haciendo gala de una gran delicadeza y obediencia al plan divino, le insiste en que le bautice para cumplir así lo dispuesto por el Padre.

El gesto del Bautismo de Jesús es una unción, una proclamación publica del inicio de su ministerio y una prefiguración de su pasión y muerte, a la que Él mismo define como “bautismo”. Y todo ello ante la mirada atenta de Dios Padre y Dios Espíritu Santo, que en la orilla del Jordán manifiestan el misterio de la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo se revelan al mundo en los comienzos de la vida pública del Verbo encarnado.

Reflexión

El apostolado de los laicos es participación de la misma misión salvífica de la Iglesia, apostolado al que todos están destinados por el Señor en virtud del bautismo y de la confirmación afirma el Concilio Vaticano II. Por el Bautismo el cristiano renace a la vida, es, como diría san Pablo, “regenerado”, nace para las cosas eternas y muere a las temporales. Incorporado a la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, y adornado con la triple condición de Sacerdote, Profeta y Rey del mismo Jesucristo, está llamado a vivir esa realidad en su día a día.

El Sacramento del Bautismo no es, como por desgracia ocurre, un mero acontecimiento social sin ninguna trascendencia en la vida de quien lo recibe; es una participación plena en el misterio pascual de Cristo, que debe ir madurando a lo largo de la vida, con una participación cada vez más plena y consciente en la vida espiritual y temporal de la Iglesia.

El Bautismo cambia radicalmente la vida del hombre, en lo más profundo de su ser, porque adquiere la condición de hijo de Dios en Jesucristo, Hijo amado del Padre, cuya gracia se derrama en las aguas bautismales para la regeneración de nuestra naturaleza herida por el Pecado Original.

Regenerados por las aguas bautismales, los cristianos nos configuramos con Cristo y participamos de su misión salvífica, que supone anunciar, con las palabras y las obras, el misterio de nuestra salvación, llegando incluso al martirio si fuera necesario.

No podemos pues, quedarnos cruzados de brazos, mientras tantas almas anhelan conocer a Cristo, pero no tienen quien se lo anuncie; no podemos permanecer indiferentes ante la ignorancia religiosa y el desencanto de muchos hermanos nuestros que, bautizados, dudan de su fe o la han abandonado por falta de testigos veraces de la misma. Nosotros, vosotros y yo somos responsables de que ningún hombre quede al margen de la salvación traída por Nuestro Señor, porque nuestra condición de bautizados nos lo exige y Él nos pedirá cuentas por haberlo hecho u omitido, por pereza, comodidad o por respetos humanos.

Testimonio de los Santos Padres

San Gregorio Nacianceno (329-390)

Pero, además, Jesús sube del agua; lo cual nos recuerda que hizo subir al mundo con él hacia lo alto, porque en aquel momento ve también cómo el cielo se rasga y se abre, aquel cielo que Adán había cerrado para sí y para su posteridad, como había hecho que se le cerrase la entrada al paraíso con una espada de fuego.

Disertaciones 39, “En el las santas Luminarias”

Oración

Señor Jesús, que en tu Bautismo en el Jordán fuiste consagrado por el Espíritu Santo sacerdote, profeta y rey, y revelaste al mundo de que Tú eras el Mesías, el Hijo de Dios vivo; ayúdanos a vivir realmente nuestra condición de bautizados, para que, dando testimonio de tu salvación a los hombres, alcancemos el premio de la vida eterna. Tú que vives y reinas. Amén.

AMDG

D. Vicente Ramón Escandell, pbro.

Esperamos que hayan disfrutado con esta meditación: “el Bautismo en el Jordán”. Les invitamos a quedarse en nuestra página y a recorrer nuestras distintas secciones: Misa Tradicional, Arte, Historia de la Iglesia, Nuestras firmas…

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Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramon Escandell

Rev. D. Vicente Ramón Escandell Abad: Nacido en 1978 y ordenado sacerdote en el año 2014, es Licenciado y Doctor en Historia; Diplomado en Ciencias Religiosas y Bachiller en Teología. Especializado en Historia Moderna, es autor de una tesis doctoral sobre la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús en la Edad Moderna