Contemplando a Dios a través de un colibrí

Contemplación: Dios en la naturaleza.

Se une a nuestra equipo de firmas colaboradoras Cecilia González, biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada vez que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país.

Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.   

¡Bienvenida Cecilia a Marchando Religión!

Contemplando a Dios a través de un colibrí, un artículo de Cecilia González

Hace un par de años, los colibrís eligieron el jardín de la casa como sitio para poder anidar de vez en cuando. Me ha tocado ver 5 veces ya este proceso, desde el armado del nidito, el empollamiento y hasta que el joven colibrí levanta vuelo. Aunque este proceso no siempre ha concluido con el último paso.

Contemplación: Dios en la naturalezaA finales de noviembre, luego de casi un año sin saber nada de los colibrís, tuvimos un nuevo nidito, que como siempre albergó dos huevos. Si bien mi formación profesional es dentro de las ciencias naturales, no soy ornitóloga ni muy apegada a la zoología. Sin embargo, estas pequeñas aves, al formar sus casitas tan cerca de nosotros, despertaron la total curiosidad en mi y por lo tanto me dediqué a seguirles y contemplar sus distintas fases.

Nunca había considerado que el tamaño de los huevos que ponen es tan pequeñito, el tamaño de mi uña del pulgar (casi 1.5 cm), ni que es como normal poner un par.

En dos ocasiones, uno de los huevos no ha eclosionado, pero la madre no lo retira del nido.

Luego de que los huevos están en el nido, la madre casi no se mueve, excepto un par de veces en el día a buscar su alimento. Al cabo de unas dos semanas, los pollitos salen del cascarón y la madre deja el nido más a menudo para alimentarse. Los pollitos son “muy feitos” (como diría mi madre). Los ojos bien cerrados, en una cabecita que parece más ojo que nada, con un pequeño pico. Tienen el cuerpo negro con unos cuantos pelos duros que marcan donde irán creciendo las alas y unos en lo que luego será la cola.

Durante otras 2 semanas, lo único que hacen es dormir y ocasionalmente abren el pico para que la madre los alimente. En nuestro caso en particular, la madre se la pasa peleando con un tipo de tordo que tenemos de pico anaranjado, que es conocido por destruir nidos con polluelos de aves más pequeñas. Hasta antes de que esos nidos quedaran en la bouganvilla que está a la entrada de la casa, nunca me había percatado del sonido que hacen los colibrís. Los que nos visitan, tienen 2 en particular. Uno que repica como balas, es usado cuando la madre ataca y busca espantar a su enemigo. Esta defensa del nido, me ha tomado un par de mañanas, contemplando el celo de la madre por defender su nido.

Casi al completar el mes desde el inicio, los pollitos empiezan a mostrar su plumón, que es de tonos pardos a café.

Tomará un par de semanas más hasta que finalmente empiecen a aparecer los tonos verde tornasol. Como soy la intrusa que se asoma con la cámara para fotografiarlos, soy también la primera que comparte las novedades con mis padres. Ninguno deja de asombrarse cuando llegan a esta etapa, porque simplemente es increible ver esos colores en los pollitos, que ahora sí pasan más tiempo despiertos. Mi madre, tampoco puede evitar lanzar alabanzas a Dios.

Y es que es simplemente maravilloso, como sucede todo este proceso para que los pequeños colibrís sean la delicia en los jardines con sus colores, su batir de alas tan acelerado y su trino. Realmente, muchas veces contemplar todo esta parte de su ciclo, me lleva a pensar en lo maravilloso que es Dios con cada ser de su creación, la infinidad de detalles y la hermosura de todo.

Imposible no exclamar el versículo del Salmo 104: “”¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas!”.

Alguna vez, me dijeron que también existe otro tipo de oración y es la de contemplación. Pues estos pequeños colibrís, me han brindado muchas veces, largos momentos para contemplar la maravilla de Dios.

El último nidito del año pasado, no tuvo un final feliz. Días después de la Noche Buena, el pollito (pues sólo eclosionó un huevo), ya presentaba casi todas sus plumas. Yo calculaba que en unos 5 a 7 días más, estaría en su primer vuelo. Sin embargo, tuvimos un par de días con mucha lluvia y al quinto día de Navidad, luego de más de 10 horas de lluvia, mientras realizaba mi oración el domingo, escuchaba a la madre con el trino de combate.

Tenía ganas de parar un momento y salir a ver si el tordo la andaba molestando o acercándose al nido, pero tuve que disciplinarme y terminar primero mi oración. Luego me distraje con otro tema. Antes de medio día, me estaba alistando para ir a saludar al pollito. Cuando salí, mi padre me dijo con mucha pena en la voz: “No sé que pasó, pero ha muerto”, mientras me señalaba el cuerpito del pollito bastante lejos del nido y con muy mala traza.

Tengo un par de hipótesis de lo que pudo suceder, pero ya no viene ni al caso.

Lo enterramos en el jardín y le pedí a Dios por la mamá del pollito. ¡! Parece locura, pero sólo se me cruzó por la cabeza el afán que tendría la mamá al buscar al pollito en el nido y no hallarlo.

A la madrugada siguiente, sucedió algo que aún me causa entre ternura y pena. Escuché el trino de combate de la madre, pero en un tono y ritmo distinto. Como estaba iniciando la oración de la mañana, no puse mucha atención a la primera vez, pero a la tercera y cuarta puse un poco de atención. Parecía un tono de duelo. Se repitió un par de veces y luego cesó.

Luego, el resto de trinos de los otros pajaritos no dejó rastros de este en particular.

Al terminar mi oración, me quedé pensando en ese último trino de la madre. Efectivamente, estaba de duelo y con dolor por perder a su pollito. Como tengo algunas oraciones marianas en la mañana, pensaba también en el dolor de la Santa Madre de Dios. El dolor que experimentó al ver a su Santo Hijo recién bajado de la Cruz, el dolor de no verlo mientras estuvo en la sepultura. El dolor que también debe sentir, cada vez que muere un bautizado, pero alejado de la fe. El dolor de los que apostatan, de los que corren detrás de un falso pastor y abandonan el camino al Sagrado Corazón de su Hijo. Si bien la Madre Santísima no tiene un gemido de dolor que me sea audible, este trino luctuoso, me hizo pensar en como ella sobre lleva este dolor en silencio.

Es realmente digna de admiración y respeto Nuestra Bendita Madre.

El pollito no logró echar vuelo, pero en casa en poco más de un mes, nos provocó pensar mucho en Dios. Pasé de la contemplación de sorpresa y admiración por las bellezas de Dios, a reflexionar en el dolor de la Santa Madre María, y todo gracias al colibrí, que nos regaló una vez más el privilegio de tenerlos cerca.

¿Cuántas oportunidades más nos regalará Dios este año para contemplarlo en su magnífica creación? ¿Estaremos atentos a ellas?

En casa, esteremos atentos a que más colibrís vengan a anidar.

Benedictus Deus

Cecilia González

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Si quiere saber más sobre los colibrís: el ciclo de vida del colibrí

Cecilia Gonzalez

Cecilia Gonzalez

Cecilia González Paredes. Biotecnóloga ambiental, boliviana que viaja cada que pueda a donde haya Santa Misa, ya que no cuenta con ella en su país. Madrina de 7 niños y jóvenes, viviendo felizmente en castidad y celibato. Trabaja en divulgación de la ciencia, capacitación a productores y combatiendo mitos y mentiras que la gente sin educación científica divulga.