15ª Aparición en Lourdes

Como todos los sábados, vamos al Santuario Mariano de Lourdes, hoy para presenciar la 15ª aparición de la Señora.

15ª Aparición en Lourdes, un artículo de Rosa Jordana.

15ª aparición en Lourdes-Marchanado ReligiónEse jueves, 4 de marzo, era el gran día. Era día de mercado en Lourdes, también. Se cumplían las quince apariciones y todos en Lourdes creían que se produciría algún milagro. La Dame le había dicho a Bernadette en la tercera aparición –la del 18 de febrero-: “¿Quiere tener la cortesía de venir aquí durante quinces días?”. Así que todos pensaban que ese día sería el último en que habría una aparición.

Las autoridades habían dispuesto un plan de vigilancia. Ni el alcalde de Lourdes, ni la gendarmería querían que la situación se les escapara de las manos. La guarnición militar ubicada en el castillo de Lourdes (Château Fort) recibió refuerzos de las brigadas que había en Saint-Pé -a siete km.- y las de Argèles -a quince km.-.

Hemos visto que la noche anterior el Prefecto ordenó un registro de la Gruta. El asunto de esta niña estaba llegando demasiado lejos y no querían ser acusados por sus superiores imperiales de no saber mantener el orden.

Desde la noche anterior venían confluyendo en Lourdes miles de personas. Los accesos a la Gruta estaban bloqueados y ya nadie se podía acercar a Massabielle. Tenían que acceder a la vista de ésta desde la otra orilla del río. Al alba había unas quince mil personas entre una ribera y otra del Gave, frente a la Gruta.

Al final de la Misa funeral por su tía Jeanne, hermana de su padre, Bernadette salió bruscamente de la iglesia.

La siguieron su madre y su prima. Se dirigieron al Cachot. Pronto llegó el resto de la familia y de allí salió la niña con sus padres y su prima en dirección a Massabielle. Bernadette temía llegar tarde y ese temor se incrementó cuando comprobó que era muy difícil avanzar entre tanta gente, a pesar de que Monsieur Cazenave estaba allí. De todas formas y paradójicamente, la mayor ayuda la obtuvo de los gendarmes a caballo que estaban situados en puntos del recorrido puesto que, sables en mano, lograban apartar a la gente a su paso.

A las siete y diez llegó Bernadette a la Gruta. Llevaba un pañuelo usado en la cabeza y otro muy descolorido sobre los hombros, a modo de toquilla. Era la viva imagen de la pobreza. Sorprendía a los que la veían por primera vez.

El lugar donde ella se situaba se lo habían reservado. En algún momento de este tramo final se separó de su prima Jeanne Védère, pero cuando Bernadette estuvo en su sitio la reclamó. Corrió la voz y la chica pudo llegar a su lado. También estaba allí, a medio metro, el Comisario Jacomet. Venía dispuesto a elaborar un informe exhaustivo y ¡definitivo! Gran parte de lo que se sabe de esa aparición se lo debemos a lo que dejó escrito.

Bernadette encendió su cirio y se santiguó con una lenta y amplia Señal de la Cruz. Empezó a rezar el Rosario, con sencillez, sin un ápice de afectación. Se hizo el silencio en torno a la silueta de la niña y al hueco de la roca hacia donde apuntaban todas las miradas. François lloraba al ver el respeto que suscitaba su hija entre la gente. La emoción era muy intensa esa mañana.

En el tercer Avemaría de la segunda decena la mano y la cara de Bernadette palidecieron y una sonrisa iluminó su rostro.

El mundo exterior no existía ya para ella. Los que tuvieron la suerte de verla bien quedaron impresionados por la evidencia de su dicha. Bernadette intercalaba el rezo del Rosario con sonrisas y saludos. En un momento dado, se llevó a la frente los tres dedos, entre los que sostenía la Cruz del Rosario, pero este movimiento duró poco. Era como si la mano sostuviera un gran peso y se caía. Lo intentó una segunda vez y de nuevo se vio interrumpido su movimiento. Al tercer intento consiguió, esta vez con suma facilidad, alcanzar la mitad de la frente.

Con la mirada vuelta hacia la hornacina Bernadette iniciaba una de aquellas extraordinarias –extraordinarias por su amplitud, suavidad y sencillez- señales de la Cruz que habían maravillado a los asistentes a anteriores apariciones.

A su alrededor la gente repitió su gesto.

Hacía casi media hora que había empezado la aparición. Bernadette se levantó, con el cirio en la mano, pasó, sin verla, por encima de una gran piedra y entró en la Gruta, tenía el rostro iluminado de alegría. Saludó. Tenía la vista alzada, pero de frente, como si hablara al mismo nivel con otra persona. Movía los labios, pero ningún sonido se filtró al exterior. Durante dos minutos, permaneció en esta posición, con expresión feliz. Luego su expresión alternó seriedad y tristeza antes de iluminarse de nuevo. Saludó dos o tres veces y volvió a ocupar el puesto del principio donde, de rodillas, continuó el rezo del Rosario, siempre intercalado de saludos y sonrisas, durante un cuarto de hora.

Volvió entonces a subir hasta debajo de la bóveda, pero esta vez para encontrarse con una decepción. Se mantuvo en actitud de espera durante dos minutos, luego pareció contrariada, bajó una vez más, miró en dirección a la hornacina, se persignó, quedó un momento ensimismada y volvió a levantarse. La Dame se había ido al terminar el Rosario.

La niña apagó el cirio y, sin decir nada, emprendió su regreso a Lourdes.

Una institutriz de Gavarnie, Jeanne-Marie Adrian, escribiría: “A penas había empezado a rezar, sus manos devinieron del color de la cera, igual que su rostro. Fue cuando la visión apareció. La saludó tres veces con una sonrisa que encantó a todos los que la veíamos. Dos veces fue a hablar con la visión en el interior de la Gruta”.

Ya sabemos que el comisario Jacomet había estado ese día en la Gruta. Quería elaborar un informe de los hechos para elevarlos a sus superiores. Gran parte del relato de esta Aparición está extraído de ese informe. Llegó a hacer dos columnas en su cuaderno una para “saludos” y otra para “sonrisas” y marcaba con un palote cada uno de esos hechos. Al acabar, había anotado treinta y cuatro sonrisas y veinticuatro saludos. Naturalmente su informe era aséptico y su pretensión era que se valorara su celo policial.

Su prima Jeanne Védère, a quien Bernadette había tenido a su lado durante la aparición, le preguntó, ya en casa:

  • ¿Por qué has empezado tres veces esa Señal de la Cruz tan bonita?

  • La Dame no la había hecho aún. Yo no conseguía que mi mano llegara hasta la frente.

  • ¿Por qué unas veces te pones contenta y otras, triste?

  • Me pongo contenta cuando ella sonríe y me pongo triste cuando ella está triste.

  • ¿Y por qué has ido a mirar al interior de la Gruta?

  • Ella había bajado allí. Sólo con que hubiera alargado un poco la mano, hubiese podido tocarla.

  • ¿Y por qué hablabas tan bajo que yo no te he oído nada?

  • Pero si nosotras hablábamos como lo estamos haciendo ahora…

  • ¿Nos veía a nosotros?

  • ¡Oh, sí! Sonríe al mirar a la gente.

Aunque con quien, realmente Berndette tenía una conversación pendiente era con el señor cura. Durante la mañana no había cesado de atender a la gente que se acercaba al “Cachot” para tocarla y verla –cosa que Bernadette aguantaba con paciencia pero con cierto enojo puesto que no entendía qué buscaba la gente en ella-. Después de comer se dirigió a toda prisa a ver al padre Peyramale.

El padre Peyramale la esperaba.

  • ¿Qué te ha dicho la Señora?

  • Le he preguntado su nombre… Ha sonreído. Le he pedido que hiciese florecer el rosal y ha vuelto a sonreír. Pero sigue pidiendo la capilla.

  • ¿Tienes tú dinero para construir esa capilla?

  • No, señor cura.

  • Ni yo tampoco… Dile a la Señora que te lo dé ella. ¿No te ha pedido que vuelvas?

  • No, señor cura.

  • ¿No te ha dicho si iba a volver ella?

  • No me lo ha dicho.

El sacerdote le dio la espalda, decepcionado. Bernadette se sentía descorazonada por no haber obtenido el último día la respuesta… pero había cumplido su encargo.

A partir de ese día, aparecieron muchísimos presuntos videntes en Lourdes y se contabilizaron gran número de –también- presuntos milagros.

La rumorología popular estaba en plena efervescencia.

Bernadette era constantemente requerida por gente que quería comprarle su rosario o cambiárselo por otro de más valioso; por otros que sólo querían que les tocara; por los que le pedían oraciones… Pero ella no aceptó otro rosario, ni pensó nunca que tuviera ningún poder y así lo hacía saber, amablemente, a todo el que la requería para alguna de estas cuestiones. Tampoco aceptó, ni ella ni su familia, ningún regalo, ni dinero, ni limosna alguna que aliviara su miseria. Si alguien quería darles algo era, inmediatamente, enviado a la iglesia parroquial para que hiciera el donativo que quisiera, si así lo deseaba. Un día una señora le quiso regalar una cesta de naranjas –una fruta que nunca había probado la niña- y se tuvo que volver a su casa con ellas. No fueron aceptadas.

Respecto a las Apariciones, Bernadette siempre dijo una cosa que sorprendente. Se la dijo a Jeanne Védère ese día y también a todo aquel que le pedía que le explicase su experiencia: “Me mira como una persona mira a otra persona”. ¡Impresionante! Da una idea de cómo era mirada la niña en Lourdes.

Bernadette no lo sabía entonces, pero la Virgen la visitaría quince veces a partir de la Aparición del 18 de febrero, en la que le pidió que tuviera la bondad de ir allí quince veces. Faltaban, pues, tres importantes apariciones.

De todas formas, ese día empezó una pausa que se vivió en la villa de muy diversas maneras. Aprovecharemos este paréntesis para conocer a otra hospitalaria de Lourdes.

Rosa Jordana

Se abre el calendario de peregrinaciones: 1ª peregrinación, Santander, del 22 al 26 de Abril

No se pierda ninguno de los artículos de Rosa, aquí tienen el índice para que puedan leer la historia de Lourdes desde el principio

  1. ¿Por qué Lourdes? 
  2. El siglo de María
  3. Bernadette Soubirous, ¿quién es? 
  4. ¿Cómo era Bernadette?
  5. Primera aparición de Nuestra Señora de Lourdes
  6. Segunda aparición de Nuestra Señora de Lourdes 
  7. Tercera aparición: La Virgen habla por primera vez 
  8. Cuarta y quinta aparición en Lourdes 
  9. Sexta aparición en Lourdes
  10. Primer interrogatorio a Bernadette 
  11. Séptima aparición en Lourdes
  12. Penitencia, penitencia 
  13. 9ª aparición: La fuente 
  14. 10ª aparición en Lourdes 
  15. Undécima y duodécima aparición en Lourdes 
  16. Primeros milagros en Lourdes 
  17. Los hospitalarios de Lourdes: entrevista 
  18. Masabielle: 13 Aparición en Lourdes
  19. 14ª Aparición en Lourdes

Si les ha gustado este artículo de Rosa Jordana en el que nos sitúa en la 15ª aparición en Lourdes, les invitamos a quedarse en nuestra página y a recorrer nuestras distintas secciones: Misa Tradicional, Arte, Historia de la Iglesia, Nuestras firmas…

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Rosa Jordana

Rosa Jordana

Rosa Jordana: Licenciada en Ciencias de la Educación. He trabajado con niños y para niños. Mi pasión es Lourdes, donde peregriné por primera vez con diez años y no he dejado de hacerlo. Mi ilusión es que peregrinemos allí, Vds. y yo juntos cuando nos encontremos en estas líneas. Nos espera la Santísima Virgen