Undécima y duodécima aparición en Lourdes

Las apariciones de Lourdes.

Undécima y duodécima aparición en Lourdes, un artículo de Rosa Jordana.

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Tiempo de lectura estimado: 6 minutos.

El día 28 de febrero era domingo. Aprovechando el descanso dominical, en Massabielle se había reunido mucha gente. Según el recuento policial, superaban las mil doscientas personas. Había que apresurarse antes de que se terminara la quincena prometida que se cumplía el próximo jueves.

El guardia Callet siguió a Bernadette des del mismo Cachot. La acompañaba su tía Lucile y Dominique Vignes, el joven con quien se casaba precisamente ese día. Llevaba el cirio bendecido y el Rosario, como siempre.

duodécima aparición en Lourdes-Marchando ReligiónEl Jefe del escuadrón de gendarmería, Renault, ubicado en Tarbes, estaba allí para estudiar, sobre el terreno, las medidas a tomar. Y es que las autoridades seguían dándole vueltas a la manera de acabar con aquello.

También vinieron ese día dos soldados que servían en Ossun en la doma de caballos jóvenes. Nadie les mandó ir. Era curiosidad, sencillamente, por lo que estaban allí. Por la reacción de la gente, conocieron a Bernadette y le abrieron paso haciendo recular sus caballos ante ella: “Dejen sitio a la Santa”. Supongo que debemos disculparles por su juventud… Pero ¡ay si les hubiera oído el Padre Peyramale! Por supuesto, Bernadette, ni les prestó atención ni entendió lo que decían.

Indiferente a la multitud, no existía nadie más que “la Dame” para Bernadette que se sentía completamente aislada en medio de canteros, de campesinos, de soldados, de señoras con sus hijos…

Amanecía en la Gruta.

Estaban allí Emmanuélite Estrade, Jaquette Pène y Antoniette Garros. Ellas fueron los testigos que, años después, escogieron los historiadores para narrar ese día. Ellas y los allí presentes vieron a la niña arrodillarse y entrar en un éxtasis que pasó por todas las fases del gozo y la tristeza. Esta Aparición se prolongó más de lo habitual en un ambiente de fervor por parte de la gente. Bernadette repitió los signos penitenciales de las tres últimas apariciones y, naturalmente, fue a beber y a lavarse en la fuente. Antoniette Garros diría años después: “Lo que más me impresionó fue ver a Bernadette desplazarse deslizándose como un tren, andando y “escalando” sobre sus rodillas”.

Supieron que la Señora ya no estaba porque Bernadette recuperó su color natural en el rostro. Y, como era habitual en ella, se marchó muy deprisa de allí. La gente la abrumaba y ya no había en Massabielle nada que la retuviera. Estaba rodeada por su tía Lucile y por Dominique. Precisamente de allí se fueron directamente al ayuntamiento para los trámites matrimoniales civiles.

Bernadette no había dado nunca ninguna indicación a nadie, pero a partir de ese día se inició espontáneamente el rito habitual en Lourdes: después de haber besado el suelo o las paredes rocosas de la Gruta, la gente iba a beber y a lavarse la cara en la fuente. Son actos de culto que se relacionan con el sacramento de la Penitencia y el del Bautismo y que surgieron por imitación a lo que veían hacer a la niña por indicación de la Santísima Virgen. Es lo mismo que se sigue haciendo en la actualidad, si bien ignoro el sentido que le dan muchos peregrinos.

A media mañana Bernadette acudió con otras niñas del Hospicio a la Misa mayor de la parroquia, acompañadas de la Superiora.

Al salir, el guardia Léon Latapie la esperaba con muy pocas ganas de hacer lo que tenía que hacer. Tenía órdenes del Juez Louis Clément Ribes de prenderla para interrogarla. La religiosa imploró en vano.

Bernadette fue interrogada de nuevo por el Juez, en presencia del Fiscal Dutour y del Comisario Jacomet. El nuevo interrogatorio discurrió en términos parecidos a los anteriores. Y, a pesar de la intensidad mayor de las amenazas de cárcel, la niña se mantuvo firme en ir a la Gruta. Fuera, la esperaba la religiosa a la que al final dejaron entrar. Intercedió por la pequeña, pero no fueron sus palabras las que hicieron que quedara libre sino la imposibilidad de acusarla de ningún delito. En pocos meses, las autoridades encontrarían la manera de prohibir el acceso a la Gruta -si bien con poco éxito- pero nunca pudieron impedir que Bernadette fuera a Massabielle.

Mientras Bernadette volvía al Cachot acompañada por la Superiora del Hospicio, dijo: “Yo quiero ir a la Gruta. El jueves es el último día”. Nadie le pudo torcer esta firme decisión. Fue recibida en su casa con grandes muestras de agradecimiento hacia la religiosa por parte de sus padres.

Los Soubirous eran solicitados en el Cachot por multitud de curiosos. A veces eran abordados en sus trabajos lo que les llegó a perjudicar en este ámbito. Eran cada vez más pobres.

También estaban cada vez más sorprendidos de la manera en que se hablaba de su hija.

Por eso, el lunes 1 de marzo fue el primer día que François Soubirous decidió acompañar a su hija a la Gruta. Fue también Louise. A las cinco y media de la madrugada el padre de Bernadette abrió la puerta del Cachot y se asombró al ver la cantidad de gente que esperaba a la niña. Entre la multitud de rostros, descubrió en la penumbra a Dominiquette Cazénave (la hermana del dueño de la compañía de transportes que le contrataba de vez en cuando) y mademoiselle Estrade (hermana del recaudador de contribuciones), las cuales cogieron por un brazo cada una a Bernadette.

Las seguían otras jóvenes de la alta sociedad lourdesa -cosa que desconcertó a François-. También estaba Jeanne-Marie Trézères y, de nuevo, Elfrida Lacampre. Y, por supuesto, había “amigos” de François, como Martin et Jean-Marie Tarbes que le hablaron de las maravillas que habían visto en Massabielle. Naturalmente, estaba tía Bernarde. Por el camino, Rue de Baous (hoy Rue de la Grotte) abajo, se les iba añadiendo más y más gente. Decididamente, a pesar de la angustia, ese día era un gran día, pensó François, sobre todo cuando llegaron a la Gruta y vieron la gran multitud reunida allí. Según el guardia Callet, ese día había 1.500 personas en Massabielle.

Hubo dificultades para que Bernadette llegara a su lugar habitual.

Afortunadamente, los que la conocían le iban abriendo paso. Fue así como llegó hasta la roca plana ante la hornacina y, con el cirio en una mano y el Rosario en la otra empezó a rezar. De pronto entró en éxtasis y empezó con sus actos penitenciales.

Dejemos hablar a Jean-Baptiste Estrade que estaba en un lugar privilegiado para observar lo que ocurría: “Bernadette, totalmente absorta, se comportaba en medio de la gente como si estuviera sola, como si ningún ruido o incidente le impidiera estar en comunicación con “la dame”. Deambulaba de rodillas, besaba el suelo y bebía del agua de la fuente, hasta que, mientras rezaba, levantó el Rosario. Este gesto intrigó a todos, aunque no todos lo percibieron bien. Algunos la imitaron pensando que convenía hacerlo, otros vieron en ello un gesto de ofrenda, otros lo hicieron porque lo vieron hacer a los que estaban más próximos”.

Lo que ocurría, según Bernadette contó más tarde es que ella levantó las manos, con el propósito que ella misma nos contará, dada la proximidad de “la Dame”.

De pronto se vio a Bernadette llevarse las manos a la cabeza en un gesto de terror. Alguien hizo mover el rosal sobre el que ella veía a “la Dame”: “¡No toquen el rosal!”. Tuvo miedo a que la hicieran caer. Pasado el susto, volvió a besar el suelo y siguió rezando. Volvió a la fuente, bebió directamente del agua, sin cogerla con las manos y luego se lavó la cara. Volvió a bajar besando el suelo y “la Dame” ya no estaba. Bernadette recuperó el color y dirigiéndose al guardia Callet le dijo: “¡Tiene que poner más atención al rosal! Nadie debe tocarlo”. Este quedó estupefacto. ¿Quién mandaba allí? Y Bernadette emprendió el camino a casa, rápidamente, acompañada de sus padres.

La verdad es que los gestos que la niña hacía durante las apariciones eran interpretados de diferentes formas. El gesto de levantar el Rosario que nos ha narrado Estrade fue percibido por muchos como la bendición de los rosarios y esa es la historia que corrió entre la gente. Tanto es así que esa tarde el abbé Pène, uno de los vicarios de la parroquia hizo llamar a Bernadette y, muy enojado, le preguntó: “¿Así que ahora bendices rosarios?”. La niña, absolutamente desconcertada, no supo a qué se refería y dijo, con aquella soltura que la caracterizaba “Yo no llevo estola”.

Luego le explicó el motivo por el que levantó el Rosario y que no era otro que el siguiente -contado por Bernadette-: “Pauline Sans me ha pedido que rezara con su rosario durante la Aparición. Lo he hecho, dejando el mío en el bolsillo. Entonces la Dame me ha preguntado dónde tenía mi rosario y se lo he mostrado acercándoselo un poco. Entonces la Dame me ha dicho “Sírvete del tuyo””.

Pero cosas así ocurrían continuamente.

No todos estaban lo suficientemente cerca para interpretar correctamente lo que la niña hacía, ni todos lo entendían. Eso si… ¡todos opinaban!

Las demandas de explicaciones aún no habían terminado ese día para Bernadette. En el Cachot se recibió la visita de l’abbé Aravant, curé de Lescurry, un pequeño pueblo entre Tarbes y Rabastens. La niña le conocía bien pues era el hermano de su nodriza de Bartrès. Muchas veces él se había puesto de su parte cuando Marie la reñía por no aprender el catecismo. Al parecer de l’abbè, su querida hermana carecía de paciencia y se lo hacía notar. La pequeña le estaba agradecida por eso y, a pesar de que estaba fatigada de explicar una y otra vez lo mismo, se lo contó con gusto.

Fue así como l’abbè Aravant recogió en el dialecto bigourdan el primer relato completo de las apariciones siguiendo el dictado de Bernadette.

Esa no fue la única visita que se recibía en el Cachot esos días. A decir verdad, el paso de gente que llamaba a la puerta no cesaba. En su mayoría eran gentes que deseaban ver a la niña y oírla contar lo que veía y, a pesar de que ella intentaba atender cortésmente a las preguntas con un tacto desconcertante para su edad y sin apartarse de su noble discreción, todo aquello era un gran suplicio para ella porque le causaba una enorme fatiga. Y es que ni en el colegio la dejaban libre de esto, puesto que muchos extraños iban allí a visitarla.

En otras ocasiones el motivo de las visitas era obsequiar con algo a la niña y su familia, dada la extrema pobreza en que, lourdeses y forasteros, sabían que vivía. Y aunque la miseria seguía, incluso, aumentando, ella protestaba indignada cada vez que alguien le ofrecía unas monedas o la menor donación: frutas, dulces, ropa… Sus padres actuaban de igual manera y jamás fueron sorprendidos en la más mínima falta a pesar de las numerosas trampas que, en este sentido, les tendieron.

Y es que el Comisario Jacomet no cesaba de buscar el mínimo desliz que permitiera encausar a Bernadette.

Aceptar ayuda no hubiera sido deshonesto por su parte sobre todo de aquellos que se la ofrecían de todo corazón, pero Bernadette se opuso a ello con todas sus fuerzas y hasta de mayor, cuando ya había profesado como religiosa y estaba en Nevers, no cesaba de recordar a su familia que no debían enriquecerse por causa de lo que ella había vivido. A Nervers llegaban también las noticias de los cambios que se estaban produciendo en Lourdes por la llegada de multitudes que peregrinaban a la Gruta y al incipiente Santuario. Los Soubirous no se aprovecharon de eso y Bernadette velaba expresamente para que esto fuera así.

No obstante… no corramos tanto en el tiempo. Ese lunes 1 de marzo pasaría a la historia de Lourdes como el día del primer milagro obrado por el agua de la Gruta. Y le seguiría otro, casi simultáneamente. Lo conoceremos enseguida.

Rosa Jordana

Hoy, les invitamos a conocer la Hospitalidad de Lourdes en Albacete, pueden recorrer su página web en el siguiente enlace: Hospitalidad de Lourdes-Albacete

No se pierda ninguno de los artículos de Rosa, aquí tienen el índice para que puedan leer la historia de Lourdes desde el principio

  1. ¿Por qué Lourdes? 
  2. El siglo de María
  3. Bernadette Soubirous, ¿quién es? 
  4. ¿Cómo era Bernadette?
  5. Primera aparición de Nuestra Señora de Lourdes
  6. Segunda aparición de Nuestra Señora de Lourdes 
  7. Tercera aparición: La Virgen habla por primera vez 
  8. Cuarta y quinta aparición en Lourdes 
  9. Sexta aparición en Lourdes
  10. Primer interrogatorio a Bernadette 
  11. Séptima aparición en Lourdes
  12. Penitencia, penitencia 
  13. 9ª aparición: La fuente 
  14. 10ª aparición en Lourdes 

Si les ha gustado este artículo de Rosa Jordana sobre la duodécima aparición en Lourdes, les invitamos a quedarse en nuestra página y a recorrer nuestras distintas secciones: Misa Tradicional, Arte, Historia de la Iglesia, Nuestras firmas…

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Rosa Jordana

Rosa Jordana

Rosa Jordana: Licenciada en Ciencias de la Educación. He trabajado con niños y para niños. Mi pasión es Lourdes, donde peregriné por primera vez con diez años y no he dejado de hacerlo. Mi ilusión es que peregrinemos allí, Vds. y yo juntos cuando nos encontremos en estas líneas. Nos espera la Santísima Virgen