Una buena ocasión para confesarse

Siempre es un buen momento para confesarse y el Adviento puede ser una gran ocasión, no la desaprovechemos.

Una buena ocasión para confesarse, un artículo de Inmaculada García-Fuentes de la Fuente.

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Estamos en tiempo de Adviento y es una ocasión muy buena para acudir al Sacramento de la Penitencia. Por desgracia y salvo raras excepciones, que si las hay, pero hay que querer buscarlas, los confesionarios están muy visibles en Las Iglesias pero muy vacíos. Y ¿por qué? Pues no por qué el pecado haya desaparecido; por el simple hecho que la gran mayoría de los sacerdotes ya no predican sobre él. Sobre la ofensa a Dios y sobre la ofensa al prójimo. Prefieren hablar sobre la maldad de no acoger a todos los migrantes musulmanes o no musulmanes que llegan a nuestros países o de lo mal repartido que está la riqueza en el mundo, y por qué no también decirlo, porque es ¡¡muuuucho!! más cómodo estar paseando por la calle que estar sentado en un confesionario durante horas, con incomodidades y con frio.

Confesarse-Marchando ReligiónQue pena, todo muy mundano.

El domingo pasado asistí a la Santa Misa y al terminar el sacerdote, en plan moderno, informó que el martes habría la celebración comunitaria de la penitencia y dijo, palabras textuales:“Como todos tenemos los mismos pecados pues la absolución será comunitaria, salvo alguien que quiera confesarse que se pondrá un sacerdote a confesar” ¡¡MENUDA ABERRACIÓN!!. Se me parece esto a lo que hacen los protestantes, que se confiesan directamente con Dios.

Para confesarnos bien, es necesario hacer examen de conciencia y para ello es muy conveniente que todos los días hagamos un repaso breve de tres o cuatro minutos sobre las cosas en las que hayamos podido ofender a Dios y al prójimo y anotarlo, así el día de la confesión nos resultará más fácil recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha.

Hay muchos exámenes de conciencia colgados en internet: Modo práctico de confesarse-Adelante la Fe

En el momento de la confesión. Saludamos con las palabras. “Ave María Purísima”. El sacerdote nos contesta, “Sin pecado concebida”, en algunas ocasiones se dice. “Señor tú lo sabes todo tu sabes que te amo.”

Acto seguido, nos acusamos, de todos los pecados que hayamos cometido desde la última confesión bien hecha. En este punto hay que aclarar que nos confesamos de nuestros pecados, no de los pecados del vecino, ni del marido o la mujer, ni del cuñado o la suegra. No valen las justificaciones, Dios nos conoce y sabe perfectamente en que hemos fallado.

El sacerdote es el mismo Cristo. ipse Christus.

En algunos casos se dice “Jesús Hijo de Dios apiádate de mí que soy un pecador/a”, el sacerdote, en ese momento nos dará la absolución en nombre de Cristo, es Dios mismo quien nos perdona, es una deferencia de Dios hacía nosotros. Algunos sacerdotes además aprovechan para darnos Dirección Espiritual.

No dejemos de confesarnos al menos una vez al mes, mejor cada quince días o cada semana. Y aprovechemos las Gracias del Sacramento.

Inmaculada García-Fuentes de la Fuente

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Marchando Religion. Redacción